Colombia

Reelección, resistencia y voto en blanco

La larga y ansiosa espera del gesto de la Corte Constitucional era parte de la campaña para reelegir a Uribe Vélez en la Presidencia de la Republica. Pocos se percataron de eso y la nación y el pueblo fueron sobresaturados en su cultura política con un “no hay alternativa” a la continuidad del caudillo paramilitar. Prueba adicional del grado de brutalidad de la campaña continuista en curso, que incluye entre sus activos el pronunciamiento político del órgano de control constitucional, fetichizado con tecnicismos jurídicos y grandilocuencia académica.

Más que un fallo jurídico lo que ha ocurrido es otro acto politiquero en favor del desesperado Golpe de Estado gestado por los clanes que conforman la oligarquía dominante colombiana: multinacionales, narcoparamilitares, generales, Embajada Usa, hacendados, tecnócratas, banqueros, empresarios y los políticos que gestionan el aparato burocrático.

Con pocas excepciones, los magistrados del Tribunal se sumaron al coro de la continuidad derechista. Como en el fraudulento trámite legislativo, las presiones, dádivas, sobornos, la compra de conciencias, las amenazas e intrigas dieron su fruto.

Las falsas expectativas con el hipotético hundimiento de las Ley de Garantías es otra escena más de distracción para impedir el oportuno y necesario despliegue de la resistencia popular y democrática.

La reelección de Alvaro Uribe no es más que la carta desesperada de las castas dominantes para garantizar la supervivencia de un podrido régimen económico, social y político, marcado por la exclusión, la arbitrariedad y el atropello de las grandes mayorías nacionales, hundidas en la pobreza, la miseria y el desespero que propicia el hambre, el desempleo, las enfermedades, la ignorancia y la violencia cotidiana.

La reelección implica la más audaz reorganización del régimen político oligárquico, frente a los desafíos planteados por la creciente resistencia armada campesina y popular. Es el reconocimiento explícito del fracaso de la reforma constitucional de 1991, como fuente de legitimación política.

Ni la Constitución del 91, ni el Plan Colombia, ni la Seguridad Democrática, ni el Plan Patriota, han logrado resolver la prolongada crisis política colombiana derivada de la acción guerrillera de los grupos populares y campesinos. En los tres años y medio transcurridos de gestión oficial narcoparamilitar, la guerrilla no fue derrotada ni mucho menos vencida por quien de manera arrogante anunció con bombos y platillos el triunfo militar sobre el adversario. El conflicto armado colombiano sigue vigente con múltiples manifestaciones, así se quiera desconocer con absurdas teorías y el silencio de los medios de comunicación, para imitar el avestruz.

La historia de Colombia esta llena de numerosos episodios de resistencia contra el despotismo oligárquico como el que encarna la reelección del fascista Uribe Vélez. Se dio en la Guerra de los mil días contra la Regeneración de Núñez; ocurrió contra la prolongada dictadura conservadora a inicios del siglo XX, mediante las grandes movilizaciones de la década de los años 20 y la trágica masacre de las bananeras; la recordamos en las manifestaciones contra la dictadura de Rojas Pinilla; la tenemos presente en las múltiples movilizaciones contra la dictadura del Frente Nacional (reelección prolongada por más de 16 años entre 4 oligarcas del bipartidismo); y la hemos vivido con la acción guerrillera del último medio siglo contra un Estado y un sistema político autoritario y antidemocrático.

La reelección del señor Uribe Vélez será impuesta con sangre, fuego y mentiras en los próximos meses. Hace parte de la consolidación política y la reorganización militar para la nueva etapa. Todo el peso del Estado, en alianza con el narcotráfico y los paramilitares, será puesto al servicio de este objetivo. Hablar de garantías e igualdad política es un chiste cruel y amargo. Plantear estrategias electorales para vencer al Mesías del régimen es una descomunal ingenuidad. Con toda la parafernalia que se ha montado para imponer al caudillo paramilitar, las elecciones, el aparato electoral y los discursitos grandilocuentes sobran. Es desgaste innecesario de energia y recursos.


Lo que constituye una prioridad es perfilar una estrategia política de más envergadura para encontrar una alternativa consistente al derrumbe del viejo régimen feudal oligárquico. El VOTO EN BLANCO es un recurso de enorme importancia, tal como se ha sugerido desde tiempo atrás.

horacioduque54@hotmail.com


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Horacio Duque

Politólogo e historiador.

 horacioduquegiraldo@gmail.com      @horacio_DG

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