¿Y la Vinotinto qué…?

Tiene el balón el señor Rafael Esquivel y éste se lo pasa de
inmediato, sin pestañar ni sonreír al director técnico César Farías,
quien con muchos contratiempos lo deja correr, para después
atraparlo con suma habilidad extra sensorial, nada patriarcal que
enmudece a la fanaticada que espera el gol de la victoria y, mire
usted que no, se plantó, ¿pero por qué? Porque es mejor dejarlo para
otra ocasión y, es más productivo quedarse en casa con los recuerdos
imperecederos que inflan el poder adquisitivo de una fama bien ganada
entre pobres y ricos que no hacen oposición crítica y aceptan las
reglas del juego como debe ser, no importa que, la fama adquirida que
los ha cubierto al descubierto no tenga raíces profundas de sostén y,
que el poco fogaje que no ha dejado demostrar de lo que son capaces
–el conjunto en sí- que será que no están bien coordinados en que el
tiempo se dilata en nada en la cancha de los encuentros que los
recuerdos encierran de ese deporte y, el marcador se disloca sin ánimo
preciso y se afloja en negativo por la presión del contrario que
también anda tras o suyo, pero, lo cierto es que, tal vez, pensándolo
bien mejor es quedarnos tranquilos en el invernadero de la paz en
espera que, ir a dar la cómica en la batalla futbolística de la copa
mundial a Brasil 2014 que si no vamos a ser campeones a qué vamos.
Entonces, señores, la Vinotinto de fútbol se queda que a lo mejor el
futuro nos pertenece y el tiempo nos cubrirá de gloria, mientras a
especular seguimos que las intenciones son las últimas que se pierden.

Que la Vinotinto es una muestra bien ensalmada de heroísmo venezolano
que nació para cubrirnos de emociones parturientas y bien recreativas
en que jugador y balón no se envidian y se dan por entero soltando las
fogatas relucientes que hacen sudar a corazones intrincados que sin
querer, generalmente, caen vencidos y el cansancio atropella en falso
y, siempre salimos y seguimos adelante pensando en positivo que, si no
es hoy, será mañana, aunque pese y fanáticos es lo que sobra que haga
posible aguantar sin desvelos en el desnivel que sea lo que algún día
ha de llegar, ¿cuándo? A lo mejor dentro de 500 años en que felizmente
nos independicemos del fútbol o del fútbol que por ahora nos agobia.

Pero, eso sí, no hay que descuidar el camino y de una vez arriar las
banderas del viento que si ha de venir del norte que como alisios
deben traernos pasiones de tormentas que arropen a nuestros jugadores
que rumbo a lo inmediato va a ser difícil, por no decir casi
imposible, armar una equitativa selección que destroce arcos en que
balones enfurecidos potencialmente descasen de una buena pata o de un
buen cabezazo que haga brotar de las masas presentes que como hinchas
enfurecidas partan el aire en estruendo jolgorio de aventura gloriosa
que infle y sujete en tiempo cónsono estridente con: goooooooool. Y,
nunca más seremos aguantadores expectantes de otros y como trinos de
aves exorbitante bailaremos la samba llanera con arpa, cuatro y maraca
sin bandola

Y nunca, jamás, imposible, ni peregrinamente, dejaremos pasar entre
las piernas de la alegría el descalabro de ser segundones de nadie en
particular y nuestra divisa patria ha de plusvalerse del ritmo
armonioso que da la paz de ser invencible y, podamos decir como tirios
y troyanos de la vanguardia actual venezolana, esa es Venezuela, un
buen campo que sirve de ejemplo al mundo plural, de donde los goles de
la amistad salen a diario a luchar por un mundo mejor, más equitativo,
más cooperativo que no abusa ni se deja abusar de imperios
corrompidos, ni por improperios de otros, menos de una oposición lacra
y corrompida por bandidos corruptos, como parte de aquélla que
deforman democracias y envilecen y entristecen individuos que se
pliegan a ellos a compartir sus atrocidades que abultan diferencias
existenciales de muchos pueblos y naciones y creman con sus armas
destructivas: el porvenir del ser humano y, en su afán de poder
interfieren, persiguen y vigilan a personalidades y, países y, tratan
de minan voluntades presidenciales que le son adversas y que no se
prestan en el campo político a cumplir sus deseos en que el día a día
lo cansan embruteciendo y comprando conciencias.

Sólo nos queda, para seguir tras la espera rutinaria, de estar en un
copa mundial de fútbol, preguntar: y la Vinotinto qué…


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Esteban Rojas


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