No show

Extraño: en el país del show (mostrar, exhibir, espectáculo) la norma es el no show (no aparecer).

Me explico. Habrá usted podido notar, amigo lector, que hoy tenemos un “corralito” turístico que se traduce en la ausencia casi absoluta, a no ser a precios de Zurich o Tokio, de pasajes a cualquier destino medianamente cercano en América Latina. Ya se sabe que la razón es la raspadera de los cupos Cadivi para las tarjetas de crédito, en este país en donde el dólar afecta hasta los precios de los guarapos callejeros, según argumentan con seriedad lacónica los propios vendedores de guarapo .

Así, vuelos absolutamente vendidos, que deberían salir “full”, parten con una ocupación de apenas 30 por ciento. Allí en las pantallas de las sufridas aerolíneas aparece entonces el gringazo término de “no show”. El que debió volar, no apareció. No canceló, no postergó, sencillamente brilló por su ausencia.

Es entonces, Venezuela, el país del no show. Cuando Chávez se acercaba a su primera presidencia, los partidos moribundos AD y Copei les dijeron a sus candidatos Alfaro Ucero e Irene Sáez “please, don’t show” y se arrimaron a la figura aún más decadente de Frijolito Salas Romer. Luego hicieron acto de presencia en la Asamblea Constituyente, después de denigrar de la misma y decir que era ilegal. Allí montaron su show.

El 10 de diciembre de 2001, en el ensayo de paro general que se hizo en el Zulia, los empresarios hicieron no show en sus tiendas y negocios, para luego repetirlo a nivel nacional en abril 2002. Desde las tarimas, los “líderes” de la oposición como Carmona y Ortega desviaron la marcha con gritos de “vamos a Miraflores”, y en el momento cumbre, no show en el palacio, porque los tiros venían de arriba y guerra avisada no mata conspirador.

Dieron el golpe, y los medios hicieron no show con las protestas: los únicos en aparecer fueron Tom y Jerry y Los Simpson. Cuando pueblo y fuerzas armadas retornaron a Chávez al poder, el no show de los opositores fue absoluto. Nadie dio la cara para asumir la responsabilidad ante el supuesto “vacío de poder”, es decir, el no show de autoridad alguna, según ellos. Los firmantes del decreto Carmona, luego dirían que ellos no estaban allí, es decir, “me no show, you copy”?

Lanzadas las misiones, en especial Barrio Adentro, ante el llamado a trabajar en los barrios, la gran mayoría de los médicos venezolanos hizo no show, dando paso a los solidarios galenos cubanos. En el golpe petrolero hicieron su show en las sedes de PDVSA, con coreografías al ritmo de fuera Chávez y ni un paso atrás; derrotado el paro por un pueblo que si hizo acto de presencia y conciencia, llamados a reincorporarse a la empresa por cadena y en avisos de prensa nacional, más de 18 mil opositores hicieron harakiri y no show, dejando la empresa en manos soberanas.

Llamados a trabajar en el Plan de la Nación 2001-2007, muchos empresarios hicieron no show, porque les importó más su rechazo a Chávez que el país de sus padres e hijos. Convocaron un revocatorio en 2004 con firmas no show, de personas que nunca estuvieron allí estampando su rúbrica. Luego, en el mayor no show de su historia, la oposición no asistió a las elecciones a la Asamblea Nacional en 2005, dándole mayoría absoluta al proceso. A cada nueva misión, los sectores involucrados en la necesidad de cambios profundos en educación, seguridad, vivienda, etc., no aparecieron nunca. Lo único que siempre ha estado presente es su odio contra un pueblo que decidió ser libre y contra el hombre que dio su vida para garantizarlo.

Hoy, a escasos 4 meses de gestión del presidente Maduro, arrecian su guerra para que el futuro del país haga no show. Traspolando su ausencia a los productos de primera necesidad, ocasionan desabastecimiento mediante acaparamiento, subproducción, subdistribución, contrabando de extracción y otras técnicas que en su momento hicieron chillar de dolor a la economía chilena de Allende. Llamados a asumir su responsabilidad, los líderes empresariales hacen no show, a menos que los cite el ministro Rodríguez Torres, mientras los medios hacen el show del no show en cuanta obra y acción positiva ejecute el gobierno nacional.

Los únicos aviones que no quedan vacíos son aquellos donde los líderes de la oposición viajan para pedir dinero, instrucciones o simplemente para quejarse de la tiranía que los agobia. Pobres, mientras sigan con el no show, no aparecerán nunca en las mentes y corazones de los ciudadanos de este país que hace quince años confirmaron su reservación permanente en el vuelo de no retorno al pasado, decididos a raspar a monigotes y fantasmas.

Hagan acto (real, no virtual) de presencia, y quizás les vaya mejor.

Rafael Boscán Arrieta
Periodista y docente universitario
boscan2007@gmail.com
@raboscandanga


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