Mentira, política y socialismo

Decir que la mentira, en política, es propia del capitalismo pareciera la afirmación de algún fanático o la expresión del dogmatismo más exacerbado. La historia misma nos contradeciría. Sin embargo, a riesgo de equivocarnos, creemos que, si no es de su exclusividad, la mentira es esencia del capitalismo.

¿Por qué? Porque sólo es posible justificar un sistema basado en las desigualdades sociales, o en la explotación del hombre por el hombre, por vía de la mentira. De allí la espectacular maquinaria ideológica capitalista, capaz de convertir, con gran destreza, cualquier especulación en certeza. Es ejemplo de ello, su capacidad de desinformar, descontextualizar, manipular, tergiversar, sesgar y demás artificios de la mentira que los medios de comunicación han convertido en técnica de difusión informativa. También las continuas agresiones de los grandes países industrializados, validadas por esos mismos medios, contra los demás países del mundo. Desde la bomba que cae en una escuela cuya tragedia es minimizada bajo el eufemismo de “daños colaterales” hasta las agresiones contra Irak, con la excusa de prevenir ataques con “bombas de destrucción masiva” o las amenazas contra Siria, por supuestos “usos de armas químicas”. La mentira transfigurada también en hipocresía y soberbia…

El socialismo debe desvincularse totalmente, y diferenciarse, del capitalismo, en cuanto al uso de la mentira. Se puede mentir, por razones de orden estratégico, contra las agresiones del enemigo ideológico, pero no debe ser práctica común de su acción política. Bien le oponía Marx, a la “falsa conciencia” capitalista, el concepto ético de “conciencia de clase”.

A veces tenemos la impresión, quizás más por torpeza política que por mera intencionalidad, que nuestra dirigencia revolucionaria se expresa con una ligereza que raya en la mentira. Se dice que la escogencia de nuestros candidatos al 8D, se hizo por vía de una “amplia consulta a las bases” y de la aplicación de un “baremo”, y todos sabemos que eso es falso. También cuando se dan, por ejemplo, algunas cifras de producción agrícola. Y nos preocupa, e incluso fastidia, cuando se hace tanto énfasis en los intentos de “magnicidio”. Aunque esto pudiese ser cierto, no debe hablarse tanto de ello. Cuestión de pudor político…


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Reinaldo Quijada


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