Una conducta diferenciadora

Toda acción revolucionaria implica una diferenciación con relación al ambiente político en el cual se desenvuelve una sociedad. Y, la decisión anunciada de transferir las reservas internacionales de Venezuela al ámbito europeo, es evidentemente una conducta diferenciadora en relación con el entorno donde se ha venido desenvolviendo el Estado. El salir del área del dólar en el campo monetario, para incorporarse al espacio del euro, es una acción que muestra la voluntad de sustraerse de un orden considerado restrictivo, a la vez de ser una manifestación de poder (soberanía). De hecho, la creación del Euro como moneda europea, con la correspondiente instauración de un sistema monetario independiente en el área, fue un elemento diferenciador que rompió el monopolio estadounidense en este ámbito funcional del sistema internacional. Es una decisión que implica una pérdida de poder para Washington, con una ganancia para la Unión Europea (UE), que no se traslada automáticamente a Venezuela. El logro de beneficios sólo es posible si esa decisión se traduce en un apoyo político que mejore las vulnerabilidades nacionales en materia de seguridad estratégica. Caso contrario, ella implica solamente un desafío más al Imperio, con un incremento de los riesgos. Un hecho que de sí no es irracional, cuando la ganancia futura, en términos de libertad de acción, y por lo tanto de oportunidades, es mayor que la posible dentro del orden actual. Pero así, sin una compensación de la UE por el beneficio que obtendría, haríamos el papel del cachicamo, “trabajando para lapa”. La celebración de maniobras combinadas entre fuerzas nacionales y unidades franco-alemanas, por ejemplo, serían indicadoras de un acercamiento estratégico y revelarían una comunidad de intereses políticos.

De todas formas, aun sin esa respuesta, la decisión ofrece oportunidades, siempre que se considere transitoria. Ella tendría un significado más persistente, sí de un cuadro de transición se pasa a un escenario dentro del cual actuar con mayor libertad, en el campo de las dos constelaciones internacionales en las cuales estamos inscritos: la Comunidad de Naciones Sudamericana, y/o la OPEP. Ambas relativamente vulnerables, pero cuyos miembros, desestabilizados, sólo pueden fortalecerse en la medida como se potencien las respectivas asociaciones. Y la creación de un sistema monetario propio, en cualquiera de ellas, cumpliría ese propósito. Por ello, esta decisión venezolana tiene que acompañarse de una intensa actividad diplomática que le proporcione una ganancia efectiva al Estado con su implantación. De hecho, ella significa, tal vez, la conducta más revolucionaria que ha asumido el gobierno desde que tomó el control del poder en el país. Es realmente un ejercicio de la soberanía nacional y un cambio en el ambiente político dentro del cual se ha movido el Estado durante los últimos 100 años.


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Alberto Müller Rojas


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