El barrio: una mirada desde la comuna

La organización, administración y el crecimiento de las ciudades que conocemos hasta hoy, se vienen dando dentro de un modelo agotado e inaceptable, el cual ha dado como resultado una creciente fragmentación territorial de la ciudad que refleja y refuerza la creciente segmentación e incluso segregación social.
Ese patrón de crecimiento estimula y genera gravísimos desequilibrios sociales, económicos, que entran en contradicción con la política de inclusión social que se viene pregonando desde la esfera del gobierno Bolivariano y que no tienen ninguna consideración ética para que sigan existiendo.
Esa desmembración urbana que en muchos casos obedece al mercantilismo urbano en que han convertido a las ciudades los intereses privados especulativos que gobiernan a la ciudad, en ejes de muy baja o nula cohesión interna y en un nivel de integración insuficiente creando las odiosas barreras sociales y simbólicas, que implantan dificultades para la comunicación, ciudades hijas del urbanismo arrollador y catastrófico, donde las familias “viven” encerradas para evitar el contacto humano, donde no importa construir hábitat para todos ya que no es rentable, al contrario levantan y fundan sociedades elitistas, ciudades segregadas y parceladas; carencias estas que se refleja en la calidad de vida en pleno desarrollo del siglo XXI; dan pie para seguir insistiendo en la imperiosa necesidad que tiene las comunidades para buscar alternativas que hagan posible una forma de vivir, como lo es la comuna.
En tal sentido, La comuna como organización de la comunidad plantea en gran medida revertir el des-orden de la cosas dando prioridad a los intereses y colectivos sociales y sus aspiraciones naturales los que tomen la decisión de gobernar su ciudad donde se haga realidad el derecho pleno a los ciudadanos en todas sus vertientes y dimensiones, derecho este ejercido por toda la comunidad que permitan con acciones claras y concretas la superación de la actual administración de la ciudad, la cual hasta ahoraobedece a criterios y políticas caducas que la hacen deliberadamente poco operativas tanto para la intervención como para una efectiva participación pues su propia estructura la limita con medidas arbitrarias y el burocratismo paralizante negador del protagonismo de los ciudadanos, fomentando la exclusión de participación y protagonismo de los ciudadanos.
En consecuencia y tomando los referentes dentro de esa administración tradicional, se observa como la expansión urbana fue creciendo sin forma alguna de planificación pero en el entendido de la lógica capitalista de organización y distribución territorial, el barrio se diseño con un claro objetivo de quedar separado de la ciudad y sin identificación con esta, siendo el aluvión de personas venidas de diferentes pueblos,” produciendo una exclusión y una identidad diferente al resto de la ciudad, es decir territorios extrarradios, marginales y periféricos, convirtiendo a las ciudades del presente en la que llaman un problema socialmente producido” ( Lacarrieu,M).
Es evidente, que la existencia territorial del barrio y según los estudiosos de los ambitos urbanos, “suele afirmarse que los barrios son la célula básica del territorio urbano y de la vida de las ciudades”, constituyen desde el punto de vista antropológico las unidades con mayor arraigo social, que ha diferencia de las llamadas urbanizaciones o zonas residenciales constituyen zonas en franco declive, desvertebradas socialmente por mantener una fuerte despersonalización con bajo nivel de consolidación en cuanto a las relaciones de sus habitantes, son de gran relevancia dentro de la comuna con la experiencia organizativa y perseverante de su habitantes.
De modo que es el barrio, según el determinismo cultural, ese lugar de la “cultura pequeña”, comunidades caracterizadas por relaciones sociales homogéneas y estables, y a decir de De La Pradelle, son espacios de interconocimiento y comunicación autentica, y donde el “urbanismo afinitario” (Donzelot citado por Mónica Lacarrieu,) basado en la solidaridad comunitaria y en la construcción de una identidad de “nosotros” se anulan las diferencias, pudiéndose afirmar el “yo soy porque nosotros somos”, aplicación a escala pequeña del referente de la cultura Xhosa del Ubuntu.
Estos factores pueden explicar, como el barrio es portador orgulloso y pregonero de su propia historia que reafirma la identidad colectiva a través de sus rituales festivos, ceremonias religiosas, las caimaneras de fin de semana, los juegos tradicionales, eventos deportivos, verbenas y veladas, diversas manifestaciones culturales, que con sus personajes autóctonos que desde la expresión folklórica y el reencuentro vecinal avivan y profundizan las raíces para la convivencia y el entendimiento comunal, creando la conciencia y la pertenencia común.
No obstante siendo el barrio una experiencia practica de vida y organización, se deben generar políticas que tengan la visión y misión de superar el aislamiento y retraimiento de cada barrio, que de continuar incrementaría en mayor grado sus problemas y dificultades dentro de la megalópis que engulle problemas y no resuelve, siendo imprescindible la organización de los barrios populares en la comuna, lo cual potenciaría el protagonismo colectivo, así como la articulación endógena y externa del espacio geográfico del barrio, señalando las necesidades, demandas mas sentidas, aporte a las soluciones y recursos que perciben los colectivos, donde hasta el epónimo del barrio es una vasta herencia cultural que encierra un cumulo de tradiciones que perfilan y le dan sentido de vivencia, que guardando sus especifidades, son un espacio territorio para la nueva estructura organizativa de la ciudad.
Desde esa óptica, el barrio constituye un espacio donde la unidad, la homogeneidad y la funcionalidad son de raigambre y dan consistencia estelar aun dentro de la diversidad de sus componentes, pues con sus acciones simbólicas en diferentes formas, funciones y significados y los referentes simbólicos que constituyen contextos socioculturales referentes de identificación que pueden maximizar altos niveles de organicidad para dejar de ser solo visibles en épocas electorales y promover la participación efectiva en las decisiones de carácter vinculante sobre la ciudad en su conjunto y en ámbitos tan específicos de residencia, trabajo y convivencia, abarcando desde la comuna organizada que va mucho mas allá de la “vida política local” llegando a las dimensiones de la vida individual y colectiva.
Después de todo, es imperativo reconocer que es el barrio como unidad espacial territorial y su gran potencial organizativo como célula básica de la vida social con una amplia densidad de su tejido social, haciendo de los mismos espacios territoriales cargados de alta significación de organización social y simbólica que constituyan el núcleo básico de convivencia e integración social mas funcional y humana, haciendo posible que “sobre las realidades presentes de la ciudad con la pretensión de proyectar un futuro mas humano, igualitario y democrático para toda la ciudadanía” y que a través de la comuna será el primer poder de la revolución Bolivariana.

Referencias:
La Pradelle, Michele. La ciudad de los antropólogos, en www.cultura-urbana, abril 2007.
Lacarrieu, Mónica. Una antropología de las ciudades. UBA. Argentina.
Bourdieu, Pierre y Loic Wacquant. Respuestas para una antropología reflexiva, México, Grijalbo.


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Heriberto Rivera


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