¿Sabotaje, o mantequilla?

Cuando tuve que estudiar economía política en mi carrera de derecho, comenzando los años sesenta, lo hice con el libro de Paul Samuelson, un economista que trabajó como consejero del partido Demócrata, y así luego de Kennedy y de Johnson y laureado con el premio Nobel de economía, en 1970. Me acuerdo hoy, que al menos esa edición por la que estudié, comenzaba con esta pregunta básica: ¿Qué vamos a producir: tanques de guerra, o mantequilla? Pregunta que no dejó de lucirme estrambótica por lo nada antinómica que resultaba. Pero luego dime cuenta que sí, porque Estados Unidos ha parecido siempre, hacer su vida mantequilla, a punta de tanques de guerra… (Y habría que admitir, en este concepto, la guerra como un principio racional).

Pero es interesante revisar antes un poco el origen de la palabra boicot. El boicot se fundamenta en cerrarse a comprar, vender, o practicar alguna otra forma de relación comercial, o de otro tipo con un individuo o una empresa, considerados estos, por los copartícipes en el boicot, como responsables de algo decorosamente censurable. En castellano se ha utilizado internacionalmente el vocablo como embargo, que siempre ha estado entre nosotros, muy presente, por ese tan criminal que el imperio practica, desde hace tanto tiempo, contra nuestra Cuba. Y tiene su origen a manera de epónimo, y como anglicismo, cuando por allá, a mediados del siglo XIX en Irlanda, el administrador de las haciendas de un terrateniente que no residía en sus predios, de nombre Charles Cunningham Boycott, dentro del marco de un conflicto agrario cuyo móvil era alcanzar una redistribución de las tierras a la vez que mejorar las condiciones de los aparceros, la Liga Irlandesa de la Tierra le propuso a Boycott, en base a tales objetivos, que rebajara los arrendamientos, lo cual el administrador rechazó a rajatabla, expulsando al mismo tiempo a todos los miembros de la liga. El presidente de la liga propuso entonces una opción no violenta para obligar a Boycott a ceder, que consistió en suspender todo trato con él negándose a trabajar en su casa y a cosechar y los comercios a venderle comida y hasta el cartero local a entregarle sus cartas. Boycott, encorajinado decide entonces traerse cincuenta trabajadores de otra parte, pero además mil hombres (entre tombos y soldados porque era capitán), como espalderos, no obstante no correr peligro en su integridad física. Y cada vez más aislado, se daría cuenta a la larga de lo vano de su esfuerzo pues el costo de su cosecha le resultó muy por encima de su valor. E incluso ese mismo mes, El Times utilizó por primera vez para conceptualizar esa novedosa forma de acción, la palabra “Boycott”. Así vemos cómo el boicot tuvo su origen en una actividad meramente comercial. De allí que el DRAE defina boicotear como “excluir a una persona o a una entidad de alguna relación social o comercial para perjudicarla y obligarla a ceder en lo que de ella se exige o, como impedir o entorpecer la realización de un acto o de un proceso como medio de presión para conseguir algo”.

Pero es posible que alguien (yo mismo lo hacía) confunda boicot con sabotaje, aun cuando pudieran ambos conceptos participar de una sutil conexión, pero que parecieran no ser lo mismo. Veamos:

La palabra sabotaje, del francés sabotage (con g), significa “daño o deterioro que en las instalaciones, productos, etc., se hace como procedimiento de lucha contra los patronos, contra el Estado o contra las fuerzas de ocupación en conflictos sociales o políticos o, como “oposición u obstrucción disimulada contra proyectos, órdenes, decisiones, ideas, etc”. Es decir, se practica el sabotaje con ánimo deliberado de causar daño, incluidos los patronos privados y públicos. Y se supone que, deliberadamente se le causa daño, a un enemigo, dentro de una guerra… Y al mismo tiempo no hay que perder de vista que, la palabra sabotear viene también del francés, pero que en francés significa “trabajar chapuceramente” aunque en castellano signifique realizar actos de sabotaje. Lo que quiere decir, muy claramente, que un chavista que haga su trabajo, chapuceramente (tosca y groseramente, y de manera embustera), es un saboteador y debe asumir su responsabilidad por su actitud ante el pueblo. Un chavista íntegro lo que debe hacer es su trabajo de manera eficaz y honesta y llamar la atención de sus compañeros y compañeras escuálidos que chapuceen, porque eso pudiera constituir también, de parte de ellos, un sabotaje.

Ahora, pensar que lo que ocurre hoy en Venezuela, es sabotaje, resulta mantequilla. Porque, aun cuando se piense que para sabotear sea necesaria una parafernalia saboteadora, creo que no es así por la sencilla razón, que sabotear es muy fácil, cuando se tiene una razón en extremo vil para sabotear. Y creo, que para demostrar esto, vale este ejemplo: Sabemos que en los edificios bajo régimen de condominio, hay juntas administradoras. Esas juntas administradoras, como resulta lógicamente prospectivo, tienen como cometido esencial velar por el mantenimiento del edificio, que requiere embellecimiento de su ambiente y eficiencia en sus servicios, al menos básicos. Dentro de esos servicios está (y esto desde hace mucho tiempo) la seguridad. Las primeras herramientas que se aplicaban o se aplican, para tales fines, son los muros, las rejas mecánicas y eléctricas (sobre todo estas últimas) de acceso al edificio. Estas rejas necesitan hoy, para abrirlas con seguridad a la hora que sea, de unos pequeños accesorios electrónicos personalizados. Pero si alguien pierde uno por descuidado (lo que resulta probable, aunque no usual) entonces hay que reprogramarlos todos de forma que, el que se lo haya conseguido, y que sea extraño al condominio, no pueda entrar y salir a sus anchas. Para tales propósitos hay que recolectarlos a fin de que sean entonces reprogramados por un proveedor que muchas veces no resulta oportuno y puntual. Esto por supuesto, crea malestar. Pero si dentro de ese mismo condominio, hay pugnas para ponerle la mano a su administración, entonces pudiera apelarse al sabotaje interno del edificio para tratar de llevar al ánimo del resto de los copropietarios, que esa junta no sirve para nada, y que hay que removerla. La simple pérdida cotidiana (ya maliciosa) de algunos accesorios para abrir la puerta y reprogramarlos constantemente, crea inevitablemente una sensación de caos por los imprevistos proverbiales que además retrasarían mucho nuestro regreso a la certeza. Y si a eso, le agregamos que se le diga a los niños y niñas que saquen los perros a sus necesidades, y no las recojan, y que además, cuando vengan de regreso, destrocen las matas y arranquen las flores y cualquier otro daño deliberado que pudieran hacer, entonces muy rápidamente puede traerse al ánimo de los copropietarios que ese caos inducido obliga a pensar que la junta actuante realmente no sirve para nada. Y termina entonces sufriendo, el edificio que es una propiedad común, lo que obliga al subsiguiente incremento de los gastos y al castigo, por tanto, de nuestros propios bolsillos.

Bueno, asimismo sabotear servicios públicos, es muy fácil. Basta sólo una voluntad consciente o inconsciente de sabotear algo pequeño y vital dentro de un servicio y de manera masiva en el territorio nacional y ayudado además por los medios de comunicación, para difundirlo, para que se cree una sensación de caos que, antes se atribuía a Chávez, y ahora a Maduro; pero al final a la Revolución.

Así pues que el sabotaje se ha convertido en el único recurso “político” para que la derecha aspire llegar al poder. ¿Y se imaginan cómo sería aquí el merequetén ante un eventual ascenso a él, del ciudadano Capriles, si el chavismo se dedicara a sabotear su gestión, como él tiene que presentirlo? Es por eso que me inclino por pensar que la derecha, con su pedazo roto de tela que tiene como candidato, lo que quiere solamente es el poder aquí por un tiempo para apoderarse de los recursos petroleros (que es lo único que le interesa también a su grupillo) y llevárselos al exterior en su exclusivo beneficio. Pero creo que en ese supuesto no se pensaría en sabotaje, por parte del pueblo, sino en algo mucho más categórico. Y allí pudiera comenzar la verdadera y trágica desestabilización de Venezuela.

Por tanto, en Venezuela pudiera valer hoy, casi la misma pregunta: ¿Qué vamos a producir: sabotaje, o mantequilla? Porque hoy también pretendemos producir, mantequilla, dentro de un evidente sabotaje.


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Raúl Betancourt López


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