Esta revolución se encuentra en el momento del consenso o del dominio

Con más asambleas de calle, más ideologías, más revoluciones para más socialismo, la única garantía de libertad es el crecimiento de la consciencia para analizar de mejor manera la situación en la que se encuentra la revolución.

Con ideas más claras que persigan propósitos nítidos, surgidos de debates profundos para romper el orden establecido reemplazándolo por uno nuevo, mejor y más libre que altere los moldes y dignifique a los ciudadanos y ciudadanas cuando cambien las aguas. En una revolución, no debe haber calma porque una revolución nace del deseo colectivo por superarse y la superación social necesita renovación.

Si no apostamos por este camino, seguiremos canjeando la libertad creadora por rutinas y lineamientos que son puro protocolos para salvar responsabilidades de gestión, carente de consciencia para buscar el socialismo.

Hace rato que el concepto de revolución dejo de pertenecer a la intelectualidad, pertenece a las sacudidas que producen los pueblos como en Brasil, para escribir nuevas leyes en la historia, pero, estas sacudidas están en la autonomía de cada revolución para un cambio brusco y definitivo en la dirección de la temática pública.

Los procesos revolucionarios maduran para exigir la transformación que hace que los pueblos sigan adelante; esa la fuerza colectiva del renacimiento por mejorar los logros sociales obtenidos. Una renovación revolucionaria debe venir del consenso.

El consenso proviene de la comunidad, y el dominio del estado en el que se encuentren los cambios sociales y políticos aun cuando no hay una lógica revolucionaria que conjuga la emancipación que surge desde las bases que luego es traducida en una institucionalidad por la gestión del gobierno.

Un proceso difícil y muy complejo es una revolución cuando se vuelve gobierno, cuando empieza a desfigurar la ideología de los impulsos iniciales, es entonces cuando decimos que una revolución se estanca, se frena y la oposición y los problemas empiezan a comérsela desde el interior.

Cuando la revolución se vuelve gobierno se producen situaciones muy contradictorias como en Rusia, China, Cuba, por la mezcla de socialismo con capitalismo que se traduce en capitalismo salvaje o en una desenfrenada carrera armamentista o por la necesidad de privatizar ciertas áreas de la economía para sostener un socialismo. En Venezuela no se ha vivido nada de esto todavía porque a Hugo Chávez, el pueblo lo respaldo a pesar de estar distanciado con los diferentes gobiernos locales, el comandante sabia de esa situación, por eso sus incansables viajes levantando el brazo a gobernadores y alcaldes para profundizar la revolución.

Sabemos que estas revoluciones electorales no son de aquellas que intentan derribar el sistema porque no hay como derribar una globalización económica o el neoliberalismo cultural así por así, hay que ajustar por aquí y por allá, se trata, lamentable por cierto, de restaurar el sistema mediante el dominio del poder del gobierno.

Clamamos por soberanía, libertad, en el sistema capitalista que es una cultura económica que no controlamos por la circulación del dólar estadounidense y por el precio del petróleo, que siempre, para que nos vaya bien, debe ir para arriba y poder sostener la inversión pública que hace la diferencia en la lucha contra la desigualdad y permite el desarrollo de los pueblos, la dignidad de la masa y el honor ancestral de nuestros héroes.

Una revolución construye una mejor democracia eso es innegable por los hechos sociales y por la participación de la sociedad, sin embargo, la historia está llena de invenciones revolucionarias no democráticas. En construir una verdadera democracia hemos fallado inmisericordemente, porque, lo que hacemos es restaurar el sistema, ni siquiera son reformas, aquellas inauguradas por Lenin, que tanto dan que decir sobre los socialismos.

Las falsas revoluciones son peligrosas en sus proyecciones y consecuencias, traen falsos socialismos y falsas izquierdas que marcaron y marcan la política contemporánea de las revoluciones. Las falsas revoluciones son palabras a medio camino de la convicción y del sentimiento del pueblo con el sectarismo del partido, Buro y gobierno, telón oscuro que influyen en las masas para su confusión.

Las protestas contra la concentración de la corrupción, la mediocridad de la gestión pública, la burocratización de la vida, la influencia política por interés personal, el rápido enriquecimiento, la demagógica propaganda que oculta la verdad y distancia a la masa con el funcionario público, se transforma en una pérdida de ideales frente a la dictadura del pueblo.

A estas situaciones el presidente Evo Morales las llama falsas izquierdas “las incongruencias y las tentaciones afectan a los sectores de izquierda que se dicen ser socialistas sin serlo”.

En el XIX Foro de fuerzas políticas de América Latina y el Caribe en Sao Paulo, Evo manifestó “la política para nosotros no puede ser ni negocio ni lucro debe ser servicio”. Para terminar agrego “en Bolivia, la lucha no solo es para liberarnos de la derecha sino también del sectarismo de algunos partidos de izquierda”.

Estamos en un momento de consenso que obliga a un dominio de la revolución para ir a la transición al socialismo. El pueblo decide la legitimidad del sistema democrático desde el próximo diciembre para recuperar la alcaldía mayor. Todos con Villegas.


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Raul Crespo


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