Un dìa sin Chávez

Sin ideas propias, la oposición criolla le mete al plagio. Se copia para sus partidos el nombre de conjuntos musicales, el macabro juego de póker de los gringos en Irak y el color e identidad de la selección vinotinto para decálogos sin creyentes. En materia económica, lo más original lo asomó su candidato Julio Borges, al proponer repartir el petróleo a razón de dos millones de bolívares anuales para cada venezolano. Y estamos hablando, ojo, de lo que se considera lo más avanzado y culto de ese sector político.

La última genialidad escuálida, un calco de la campaña “Un día sin mi carro” que se llevó a cabo en nuestra bella Mérida, fue pasar 24 horas sin hablar, escribir ni opinar nada sobre Hugo Chávez. La genial idea la lanzaron en un hotel del Este caraqueño y todos la aceptaron con dilatada admiración. Allí mismo se escogió el Día “D” y los resultados de la experiencia fueron desoladores.

Por ser Chávez una obsesión, quien propuso la cosa no imaginó los efectos que tendría semejante locura. Al intentar cumplir esa “línea política”, a Alvarez Paz le sobrevino una alarmante hipertensión y tuvieron que internarlo en San Román. Ledezma cayó en un peligroso estado catatónico. Las columnas opositoras, cuyo único tema es el Presidente, no pudieron tratar algún otro aspecto de la vida nacional y salieron en blanco. Aun así, trajeron los sempiternos errores de sintaxis y ortografía.

Una medición encargada y pagada por Súmate (con los dólares de los contribuyentes bingos), reveló un dato curioso: Hugo Chávez bajó ese día cinco puntos en la aceptación popular. Al liderazgo escuálido la testa no le daba para entender este fenómeno. Trajeron al teórico del cisne negro desde EEUU y éste, llamándolos Watson, les dijo a sus elementales compañeros de causa perdida que la mayor publicidad a Chávez se la hace la misma oposición y sus medios de comunicación.

Esta revelación los emocionó como si terminaran de conocer el hielo. Habían encontrado, por fin, el método para derrotar a Chávez. Bastaba con dejar de nombrarlo y de verlo hasta en la sopa. Esta táctica del silencio y la indiferencia debía ser puesta en práctica no un día, sino en forma permanente hasta que el “dictador” se fuera. La orden se impartió y difundió por todo el país y se hizo llegar hasta el bastión de Miami.

Para una oposición monótona y monotemática el asunto no era fácil pero valía la pena intentarlo. Si la prueba piloto de un solo día causó estragos en sus militantes, lo que se proponían ahora exigía de todas sus energías, capacidad de aguante y autocontrol. El premio único merecía el esfuerzo y sacrificio: hacer realidad la tantas veces derrotada consigna de ¡vete ya!

Los opositores empezaron bien la cruzada a las seis de la mañana del día “D”, pero no aguantaron mucho. Los primeros en romper las filas del silencio antichavista fueron los conductores de programas matutinos. A las 6:30 ya habían nombrado al presidente Chávez 345 veces y media. A las 8:00 a.m ya los columnistas y articulistas estaban escribiendo contra el “autócrata”. A las 12 del día la batalla se había perdido definitivamente y Chávez andaba en boca de todos los escuálidos. A un cuarto para la una de la tarde, el presidente no sólo había recuperado los cincos puntos perdidos la víspera, sino que los multiplicó por tres. La oposición, sin embargo, estaba feliz y realizada. Podía hablar de Chávez, su tema favorito o su único tema, sin limitaciones de ningún tipo. Nada importaba si la obsesión se prolongaba hasta el 2030.


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Earle Herrera

Profesor de Comunicación Social en la UCV y diputado a la Asamblea Nacional por el PSUV. Destacado como cuentista y poeta. Galardonado en cuatro ocasiones con el Premio Nacional de Periodismo, así como el Premio Municipal de Literatura del Distrito Federal (mención Poesía) y el Premio Conac de Narrativa. Conductor del programa de TV "El Kisoco Veráz".

 earlejh@hotmail.com

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