Base de operaciones

**** La descertificación de Venezuela en materia del “combate” al narcotráfico es una agresión más al país, dentro del gastado uso de esta coartada para sus políticas agresivas.

La descertificación de Venezuela en materia de narcotráfico, sin sanciones, por la Casa Blanca, es un acto de arrogancia del poder sin consecuencias. La intención de aislarla, o aumentar el riesgo-país para afectar su crédito internacional, es una baladronada, cuando ha perdido la aceptación de su liderazgo a nivel mundial. El uso de la mentira y la arbitrariedad de su conducta la han dejado al desnudo frente a la comunidad internacional. En particular, en esta materia, es muy baja la credibilidad de Washington. Es conocido el uso político que ha hecho de la comercialización de las drogas, incluso en su ámbito doméstico. Ha sido evidente la utilización de este expediente como coartada para justificar la injerencia y la intervención en la política interna de los estados del sistema internacional, a través del intento, inaceptado, de darle a su legislación extraterritorialidad. Más aun, ha sido palpable su uso, como pretexto para encubrir la represión de las minorías etnoculturales en ese país. Su desempeño para enfrentar esta pandemia es uno de los más bajos del mundo. Los asuntos fundamentales, que tienen que ver con el consumo y financiamiento no motivan la acción gubernamental, dirigida a la represión armada de los eslabones más débiles de la cadena de comercialización. Esto, teniendo en cuenta que su población es la más afectada por esta patología
En efecto, se estiman en 40 millones de personas los consumidores de drogas estadounidenses y en 10 millones el número de adictos. Y se sabe, por datos de la ONU que de cada dólar vendido, 60 centavos quedan en el sistema financiero por las operaciones de lavado. Pero en materia de prevención y tratamiento de la enfermedad, es poco lo que se hace. Eso queda a cargo de la “iniciativa privada”, a sabiendas que la población afectada, en su mayoría pertenece a los sectores más pobres, incapaces de pagar los costosos tratamientos. Se hace el ciego frente a los paraísos fiscales. El dinero que circula permite la reproducción del capital. Es importante el crecimiento continuo de la demanda, así sea de estos productos, para asegurar la expansión del dinero especulativo. Y el asunto es más relevante para ese fin, cuando la política represiva que adelanta incrementa el consumo de armas. Es conocido que la producción de bienes destructivos es el mecanismo por excelencia para contrarrestar las fluctuaciones de la demanda de bienes de uso en ese capitalismo voraz, donde el ser humano es material desechable. De modo que intentar montar un caso contra el Estado venezolano – de hecho una agresión – sobre este tema tan endeble, es suponer que el resto de los pueblos y sus gobiernos son un atajo de borregos. La misma tesis que ha sostenido esa “elite” en relación con su propio pueblo. No creo que piensen que gobiernos como el de China, India, Rusia y, muchos europeos, dejaran de relacionarse con Caracas por tan precario argumento.


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Alberto Müller Rojas


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