"La caza": Una Alegoría de la difamación

No veo cine americano, salvo alguna película excepcional por recomendación insistente de quienes me conocen. Porque me basta con ver sus trailers obligados en las salas de cine o en la televisión, para concluir que el cine americano es estúpido y aburrido, por más trepidación que le pongan al guión. ¡Quién lo ha visto y quién le ve! Basado en la truculencia, en el disparate, en lo inverosímil pero no en la fantasía, en el chirrido estentóreo y en la agresividad extrema, sólo puede entenderse masivamente en las pantallas españolas por la prepotencia militar, política y comercial yanqui que termina volviendo del revés la armonía, la atención y el sentido de la vida en sociedades maduras. El agotador cine americano, agotada la temática, es un fiel reflejo de la absoluta decadencia de los tiempos que vivimos. Y como a lo ciclópeo no lo abate nada desde fuera, se destruye por dentro, el cine " americano" se está destruyendo a sí mismo al tiempo que se derrumba el sistema económico y político que lidera el mundo.



"La caza" es una película danesa premiada en Cannes que mueve a reflexión. En la barahúnda de films estadounidenses impuestos por una cuota de pantalla a su vez impuesta por compromisos políticos y comerciales, el cine europeo que llega a España es en general un remanso de paz en una jaula de locos y tontos oficiales. "Amor", austríaca, es otra maravillosa alegoría; en este caso de la vejez.



"La caza" eleva a la categoría de tragedia griega (no por el desenlace sino por el nudo) eso tan común como difundir con dos palabras un hecho que, de ser cierto, además de delito es sumamente deshonroso e incapacitante por sí mismo para el noble papel de educador. Lo que pone en evidencia hasta qué punto la mentira es fácil (el tema de "La caza") al distinguirse de la verdad por su simplicidad, pues la verdad, casi siempre exige mucha explicación...



"La caza" es una película que expresa a la perfección esa lacra de sociedades donde han dominado por los siglos de los siglos la ortopedia e hipocresía propiciadas por una interpretación tremendista de los textos sagrados judeocristianos, por la obsesión del sexo reprimido y por la tendencia a la difamación.



Pero es curioso que, al menos en España, la difamación, en el ideario público, sólo sigue teniendo sentido en relación con asuntos de pederastia y en la escuela (el tema de "La caza"), no con la mentira y el expolio de lo público. Pues tanto la mentira como el expolio se han venido considerando "honrosos", tanto por la astucia y la habilidad como por ser señal de inteligencia. De ahí el triunfo apabullante en las urnas de los tramposos y los filibusteros...



Y de ahí también, que tanto las leyes como la justicia, y el ejecutivo con sus indultos sean tan benévolos en esa materia. Por esto, no se sabe bien si en millones de folios en cada juzgado se busca dar su merecido a los culpables de saqueo, aparentar preocupación por el bien común, o hacer posible que unos meses de cárcel bien valgan la pena a cambio de millones escondidos en paraísos fiscales o en cajas de seguridad,



La difamación, tal como la trata esta película me remonta a mi más tierna infancia; cuando oía decir a menudo a mis padres y profesores que arrebatar la buena fama a una persona es como lanzar al viento las plumas guardadas en un saco: jamás volverán a recuperarse. Como el dinero saqueado en España, que nunca será devuelto.



Desde luego en este país se ha esfumado del concepto público la difamación, pues todo es según parece: si hay sospecha, siempre hay por medio pederastia; los políticos y los banqueros siempre son culpables; y la justicia, siempre una farsa...

2 Mayo 2013

richart.jaime@gmail.com



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Jaime Richart


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