¡Socorro, Milagros!

De esas colaboradoras (alquimistas) estrellas de que disponen los diarios poderosos para convertir (torcer) cuanto analizan a favor del pensamiento único. Se cree muy aguda, serenamente experta en todo, y cuando escribe lo hace con el convencimiento de un Torquemada. No en vano siempre tiene que satisfacer los gustos de la gente que lee El Nacional, y por supuesto de su director y de los esclarecidos anti-chavistas que allí embadurnan de pestes rabiosas sus páginas.

Misia Milagros (la imagino por la foto de pensadora que aparece en su columna “Con Acento”, como una señora que ya ha traspasado los setenta) en algunos de sus artículos procura colocarse en el centro más equilibrado que le es posible conseguir a un anti-chavista, para que los chavistas la puedan tragar y hasta aceptar como justa, honesta y profunda en sus análisis. En esos esfuerzos se ha llevado algunos resbalones y hasta ha
tenido que recular un poco, sobre todo en su artículo sobre las esqueléticas rodillitas de Corina Machado. Usted, señora, no es ni más ni menos que un perfecto Tartufo, como ese arquetipo creado por Moliere que como buena hipócrita con sus malabarismos ha conseguido manipular como desea a cierta pequeña y alta burguesía de Venezuela. Le puedo asegurar, señora Socorro, que nada de eso que escribe, por carecer de consistencia
moral, resistirá el tiempo: es pura bagatela, folletinezco, falso. Pero bueno, la pasta que le pasan lo justifica todo.

Pues bien, a mí me interesa ver cómo esta doña hace esfuerzos indecibles por culpar a Chávez de todas las maldiciones que vé sobre Venezuela, enferma como está toda esa clase escuálida y semi-intelectual de nuestro país. El trabajo que nos entrega el 25-8-05 es de lo más patético: “Llamar la sangre”, ¡cómo le encanta a un escuálido hablar de sangre! Fue el color, el tema, la fijación de todos los canales durante los años que van
de 1999 a 2003: cualquier moretón, cualquier rostro sangrante de marchistas o periodistas heridos, coágulos en esas calle plagadas de ira y de odio de cualquier bando eran recogidos con fruición y de manera pertinaz por los medios enemigos del gobierno. Qué tal aquella noche sangrientamente horrible de noviembre de 2002: la matazón en Altamira cuyas imágenes fueron transmitidas más de mil veces por Globovisión en menos de 24 horas, mostrando sangre, espasmos, maldiciones a granel contra el tirano en jefe, y el círculo aquel donde se mostraba al asesino portugués Gouveia al lado del alcalde Bernal. Pero eso está bien. Mentir esta bien para las putas de los medios. Eso no importa. Eso lo practica muy bien El Nacional en una línea decidida desde fuera. ¿Recuerdan las acusaciones del
miserable Euscaris Rodríguez contra Juan Barreto? Supongo que doña Milagros se regocijó con ellas: Nunca rectifican. Las agudezas de misia Milagros no le dan para ver ni ponerse a analizar estas cosas. Pero bueno, no quiero seguir por aquí porque no tendría fin lo que deseo mostrar de la manera como esta señora enfoca sus temas. En “Llamar la sangre” pese a que el asunto que la mueve es el llamado del reverendo Pat Robertson a matar a
Chávez, y criticar tan aberrante manera de predicar, en realidad lo que doña Milagros intenta demostrar es que el tal Robertson es un niño de pecho con los llamados al crimen de Chávez desde que llegó a su gobierno.

Que si Pat hizo eso, pues que Chávez lo hace todos los días y que bueno, es hasta Chávez el supremo culpable de que eso lo tenga que salir a decir un payaso como Robertson. Pobrecito Robertson, que le resulta payaso a misia Milagros. Pero para usted en absoluto son payasos aquellos humoristas de El Nacional que se mofaban de Chávez cada vez que se refería al magnicidio que se está planificando desde Washington. Como todo de lo
que hace mofa precisamente porque le agua la fiesta a los que lo están planificando. Y en caso de que se llegase a matar al Presidente entonces emprender una campaña similar a la que se urdió El Nacional en el caso Anderson y hasta salir a decir que quien lo mató fue cierto sector bolivariano que quiere un chavismo sin Chávez.

Qué simpleza las maneras de razonar estos escuálidos. Para justificar los llamados a la muerte de Chávez, hace un recorrido por varios de los discursos del Presidente que me trajeron por cierto valiosos recuerdos.

Resulta que doña Milagros le dice al Presidente que no debe ver como cosa de poca monta las amenazas de Pat, por su irresponsable manera de estar llamando la sangre. Trae entonces a colación aquel discurso de Chávez pronunciado el 14-4-03, y ella dice que nuestro Presidente expresó exactamente lo que dijo Pat, porque “trató de convencer al mundo de que serían menos onerosos unos cuantos muertos venezolanos que el intento de
acabar con su revolución”, y entonces pretende tapuzarnos con unos trozos del discurso aquel de Chávez en los que no se ve absolutamente nada equiparable a lo que ha proferido el reverendo imbécil de Robertson. A menos que doña Milagros quiera decirnos que así como nuestro gobierno tiene armas para defenderse y para proteger la revolución bolivariana,
pues también al imperio le sobran portaaviones y marines superdotados de las armas más sofisticadas para aplastar a todo aquel que no concuerde con sus pensamientos, proyectos y programas “para sacarnos de abajo”, para llevar la libertad, la democracia y el desarrollo que los gringos tanto han deseado para nosotros.

Paso a paso me daba cuenta de que esta señora no tiene en verdad argumentos para equiparar lo dicho por el reverendo con algunas de las expresiones proferidas por Chávez. Pero en fin, ella tiene agudeza, ella tiene talento para seguir adelante y sacar del fondo de las turbiedades con que sazona sus escritos las evidencias de esas irrecusables verdades.
Salta y nos mete después los comentarios, por cierto muy inteligentes de “otro religioso cuadrado con la violencia” porque le dijo a Chávez que no fuera a desenvainar la espada porque nos envainaban a todos. Para doña Milagros no hay violencia en las airadas patulequeras de los obispos Rosalío Castillo Lara o Baltasar Porras cuando lisa y llanamente se han embanderado con golpistas y han llamado al golpismo y a la guerra civil
para tratar de salir de Chávez. Yo particularmente no veo ninguna diferencia entre lo que ha dicho Pat Robertson y lo que desde hace cuatro años viene sosteniendo día tras día la cúpula de la Iglesia católica en Venezuela. Pero misia Milagros es incapaz de ver estas cosas. Hasta allá no le llega su virulenta agudeza.

Pero bueno, ¿será que doña Milagros es tan inocente que pueda creer que nosotros tendríamos un gobierno con decisiones propias y soberanas sin que el monstruo supremo y sus monstruicos internos se subleven, no llamen al crimen, no llamen a echarle fuego al fuego sin pedir toda una carnicería para volver por sus feudos? ¿Usted cree eso, señora Milagros? ¿Usted de veras cree en las lloronas de Rafael y Patricia Poleo antes feroces
enemigo de Miguel Otero Silva pero hoy, para defender el negocio mediático, van amarteladitos como socios con su Miguel Enrique Otero?

¿Usted que tan bien percibe lo malo que hace el régimen, no vio algo horrible en el golpe del 11-A donde su padre superior el Miguel Enrique Otero estaba departiendo de lo lindo con Cisneros, Federico Alberto Ravell y Marcel Granier, frotándose las manos porque ya Venezuela era otra? ¿No le parece a usted más bien que esos alaridos de Pat pidiendo la cabeza de Chávez provienen de aquellos lodos sangrientos de la oposición, de aquellos editoriales cargados de odios racistas de El Nacional, de esos pedidos igualmente criminales que entonces hacían Enrique Mendoza y Guillermo Morón, por ejemplo? ¿Es que no le conviene a usted recordar que Enrique Mendoza declaró a un periodista español que aquí en Venezuela teníamos a más de 300 mil compatriotas que querían matar a Chávez?

¿Y que tal lo que declaró Orlandito Urdaneta, su pana del alma, en Miami con aquello de buscarse un rifle con mira telescópica, y listo el pollo? ¿Que le mueve a risa? Pues ríase, que la gente de El Nacional es muy humorística. ¿Pero, para usted no tiene nada de llamar la sangre aquellos titulares como LA BATALLA FINAL SERÁ EN MIRAFLORES, señora santísima de la Paz Socorro y Milagros de Otero y Ramia? Y qué hermoso debió resultar el
que la oposición a la que pertenece doña Milagros hubiese desviado la marcha, tal cual como previamente lo planificó el comando mayor de Ortega-Carmona y del mismo El Nacional. Usted doña Milagros bañada en sangre, esa misma sangre que ahora con lágrimas de cocodrilo pretende llorar. Hasta cuándo tanta impostura. ¿Es que, insisto, no se ha enterado cómo usted misma llama la sangre desde ese protuberante candelero de El
Nacional con esas bazofias tritonantes pidiendo cacao porque estamos a punto de ahogarnos en el “mar de la felicidad” de Cuba y porque aquí vibra un Pat criollo cada vez que el Presidente habla? Vaya Dios a saber de cuántos crímenes es usted culpable doña Milagros, por la agitación social que desde El Nacional se planifica con esa sarta de mentiras, día tras día. Yo la imagino a usted frotándose las manos con aquellos bellos
titulares de El Nacional el sábado 13 de Abril 2002: “Los industriales garantizan suministro de alimentos y de medicinas”, “El comercio se reactiva”, “Los sindicatos y las empresas aprietan el círculo en torno al gobierno de Venezuela”.

Pero bueno, lo suyo se trata de un macabro juego que una vez empezado no se puede dejar y por lo demás usted ya está en la edad en que no se cambia so pena de quedar como loca, amargada o imbécil de atar, sin amigos, sin gente que le admire por su indomable y elocuente valentía (como se dice de Patricia, de Marta Colomina, Ybeyise o Marianella), y nadie puede venir a convencerla de algo en lo que usted está muy clara. Que pase usted un buen día, señora.


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José Sant Roz

Director de Ensartaos.com.ve. Profesor de matemáticas en la Universidad de Los Andes (ULA). autor de más de veinte libros sobre política e historia.

 jsantroz@gmail.com      @jsantroz

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