Ibsen Martinez racista de orilla

“A decir verdad, me gusta más “merienda de negros” a la hora de pintar de un brochazo lo que se nos ha echado encima a la muerte del Hombre Imprescindible.”

IBSEN MARTÍNEZ


Uno no debe equivocarse con las personas. Trataré, pues, de no ser “adjetivo alegre” por respeto a quien me lee y porque, más que un insulto, Ibsen Martínez merece el argumento filosófico irrefutable de la bofetada. Pero antes hay que restregarle en la cara el baldón de racista, por su reciente artículo “Fandango de Locos” (16/03/03) donde llama a las manifestaciones multitudinarias de duelo por el Comandante Chávez, una “merienda de negros, trapatiesta de gente de casta inferior, ensordecedor barrullo de analfabeta oratoria patriotera, zuriburri de ínfima moralidad” y evoca las impresiones de la hermana del Libertador, Antonia Palacios, a su llegada a Venezuela donde, según Ibsen, encontró “un rebulicio (sic) de mulaticos recién vestidos” y “zambos respondones”, mientras Bolívar estaba “ocupado en independizar el Perú (donde, por cierto, nadie lo había llamado)”.



Ibsen Martínez tiene una obra de poco vuelo como escritor de telenovelas, con la excepción de “Por estas calles”, su único puente entre literatura y realidad. Ibsen fue el guionista por encargo,, pero la audacia y la crítica la puso su patrón Marcel Granier, entonces imprudentemente empeñado en destruir los partidos políticos para convertirse en el Berlusconi criollo. Pero el fuerte de Ibsen son sus artículos de opinión, sin alcanzar a Cabrujas, no por falta de letras sino por falta de amor y de humor, es decir de humanidad.



Ibsen Martínez forma parte de esos intelectuales que se metían con la realidad sin pensar que alguna vez la realidad se metería con ellos, de esa banda de cadáveres exquisitos llenos de desprecio por el pueblo, tan imperfecto a la hora de estrenar participación y protagonismo en la vida política y cultural de Venezuela. Este pueblo imperfecto actor principal donde antes era pobre e ignorante espectador de galería. Hoy sólo la derecha sigue representando, en su teatrino televisivo aquella vieja obra autoindulgente, excluyente y secretamente racista de la Venezuela ida. Obra que hoy se torna descaradamente de despecho y odio en la pluma de Ibsen Martínez.



Pero no se engañe nadie, no, creyendo que este racista es un puro eurodescendiente de ojos azules, que aquí nadie lo fue desde la conquista, hasta la segunda oleada de europeos, esta vez los inmigrantes de mitad del Siglo 20, hoy cuatro o cinco generaciones después, convenientemente mezclados. Ibsen Martínez es tan poco blanco como esos opositores que buscan pureza de sangre con vileza de alma. Ibsen Martínez nos llamó merienda de negros, trapatiesta de gente de casta inferior, zurriburri de ínfima moralidad, mulaticos recién vestidos y zambos respondones…y luego se miró en el espejo para ver si su cara de torta bejarana había cambiado. Nada: seguía siendo el mismo irremediable racista de orilla, ahora con una sombra en la mirada, sombra de Judas sin pueblo, sin patria, sin perdón.

Compatriotas, recuerden, su madre no tiene la culpa.

rothegalo@hotmail.com>



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Eduardo Rothe


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