Esa candidatura arranca huérfana, no es de la oposición toda

Capriles cogió piedra; por miedo intenta desatar una guerra

Capriles “cogió piedra”; esa expresión coloquial venezolana, se refiere a un obligado combatiente que, por temor a la superioridad de su rival, se arma de piedras o un instrumento contundente para igualarse o ponerse en ventaja. Aunque también para cubrir su retirada, lo que implica demostración de temor.

Los opositores creyeron falsamente, como son generalmente falsas y torpes sus apreciaciones políticas, que muerto Chávez, fenecía el chavismo. Obviaron - uno todavía no entiende por qué- la hoja de ruta del líder muerto; que las propuestas socialista, antimperialista, soberanía, empoderamiento popular, distribución justa de la riqueza, derecho del pueblo a participar en la conducción de su destino, disminución racional de las desigualdades, unidad de los pueblos hermanos, inherentes al discurso y acción de Hugo Chávez, contienen un programa a largo plazo que va más allá de los individuos.

Pero ellos, atados al simplismo puro, una vez que se convencieron, Chávez no era el chimpancé que se inventaron -¡hay qué ver cuánto les costó sacarse esa idea de la cabeza! -, muerto éste, volvieron a la idea primaria para aplicarla a los seguidores de aquél y al pueblo todo.

Descuidaron que ese programa y cultura chavista, crearon las bases para que los dirigentes encargados de hacerlo avanzar, pudieran encontrar dentro del chavismo, con las naturales dificultades, quienes les sustituyesen en cualquier circunstancia, incluyendo a Chávez mismo. Sobre todo porque éste, y no estamos haciendo una frase, se transformó en una vanguardia eficiente, leal y un pueblo combatiente. Pero además, Chávez logró la magia de unir a una dispersa vanguardia por asuntos baladíes y ésta al pueblo, que desde el caracazo, había tomado conciencia de su destino.

Por eso, Hugo Chávez, hoy muerto, nunca ausente, porque por su legado es imposible eso, encuentra en esta coyuntura en Nicolás Maduro, un apropiado compañero que toma con firmeza el testigo y corre con prestancia e hidalguía hacia la meta que le corresponderá. Lo hace, ahora mismo, mientras discurre después de postularse para la presidencia, como quien no necesita de “piedras”, sino del pergamino que contiene el programa de la patria y un apoyo popular sin antecedentes en la historia venezolana.

Quiero resaltar un hecho muy significativo, Maduro, entre otras tantas cosas, ha hablado de habilitar el comando político, militar estratégico de la revolución y durante el discurso de aceptación del respaldo del PCV, llamó a este partido a incorporarse a aquél. Eso, en mi apreciación, constituye un paso de vanguardia, aporte significativo, unitario y acertado mensaje.

Frente a ese fenómeno popular trascendente que emana de la sombra gloriosa de Hugo Chávez, la extrema derecha se presenta con una candidatura, no ya desleída, deslechada, como siempre ha sido, sino huérfana, porque en verdad no representa el querer de la oposición toda. Pareciera no ser un hecho fortuito que Capriles se presentase solo ante los medios a anunciar su candidatura. Quizás fue la forma de disimular la ausencia de otras tendencias más allá de PJ; o en el menor de los casos, que allí dentro las cosas no andan como ellos quisieran y los desacuerdos prevalecen.

Pero podemos ir más allá; en una parte de su discurso, el candidato opositor casi anuncia su derrota; por supuesto, se cubre diciendo sus tradicionales necedades. Mientras uno de sus habituales acompañantes, alega como desventaja, no tener ahora mismo dinero para sufragar la campaña, como si este pueblo no supiese quiénes son, con quiénes andan y cuentan con la chequera sin fondo del Departamento de Estado.

Curiosamente, el abanderado de la MUD se queja que el CNE, haya llamado prontamente a elecciones y presentado un cronograma, mientras, según dijo, ha tenido dificultades en el caso de las municipales.

El CNE, está obligado por norma constitucional (art. 233), a llamar a elecciones en 30 días. Si no lo hiciese, el mismo Capriles, ya estuviese en las calles y también sus “manitas blancas, en actitud de protesta. Además, estas elecciones presidenciales, no tienen la complicación de las municipales, donde habrá cientos de candidatos.

Recurre también al ya manido argumento de la ilegalidad de las decisiones del TSJ y de Maduro como presidente encargado.

Pero tampoco se quedó allí, sino que introduce en el debate asuntos graves, difamatorios contra la familia Chávez, sobre los cuales no tiene prueba alguna como tampoco es de su incumbencia. Llegó al exceso de querer indisponer de un solo golpe, a los Chávez, padres, hijos, nietos, etc., fuerzas armadas, CNE, TSJ, gobierno nacional y Psuv, con el pueblo venezolano, particularmente de aquél que está dolido, sufriendo, pero firme por la desaparición física de Chávez. Con ese ruin discurso, Capriles no sólo cogió piedra, sino que se distanció hasta de parte de la propia oposición y adelantó una vulgar y ruin explicación de las causas de su segura derrota.

Pero hay algo coherente en el discurso Capriles; intenta desatar un enfrentamiento entre los suyos y los venezolanos que no le respaldan. Eso huele al sueño invasor.


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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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