Canto a ti, Chávez, que dijiste a la patria ¡Lázaro, levántate!

¿Como ese gran patriota, cuándo otro?
El maestro en la oratoria, el sabio en la adversidad que constantemente nos estaba marcando el rumbo.
El que sabía en todo momento advertirnos de los peligros. El visionario que arrostraba todos los peligros con entereza, nobleza y generosidad.
Valiente entre los valientes.

Sereno en la tormenta, agudo en la réplica, frontal y arrollador en el debate.
Franco y sincero ante la realidad de los hechos más terribles.
Lector incansable: ¿Quién ahora auscultará en nuestra historia con esa persistencia pedagógica tan coherente y sencilla; con esa manera coloquial y filosófica al tratar los más difíciles temas: en las letras, en las coplas llaneras, con su vigor creativo, improvisado, cautivador y humano?
Aquellas ideas y hechos del pasado tan bien analizados y traídos oportunamente a las realidades del día a día.

Esa finura y elocuencia vertiginosa, florida, conmovedora o terrible, creativa y sugerente para hablar de Bolívar, de Simón Rodríguez y de Zamora. Como si fuesen compañeros de lucha en su diario trajinar.

Con esa gracia y vitalidad imaginativa para echar esos cuentos o leyendas sobre sus antepasados y sueños.
Esa memoria selectiva tan brillante con los que dotaba sus discursos, plagados de vibrantes argumentos, inapelables.
Auténtico en su amor a los niños y a los ancianos.

Tan humilde con el mando, con la palabra, con sus dones extraordinarios.
Amado por los seres puros, menesterosos y sencillos.
Odiado por los falsos y fatuos, por los petulantes, los necios, ricos y prepotentes.
El político y el soldado más creativo que ha parido esta patria desde el gran capitán Bolívar.
El Hombre que cuando hablaba lo hacía por todos lo que en este país nunca nunca habían tenido voz ni presencia.

Chávez que estás en todas partes.
Que haces falta, tanto como el aire que respiramos.
Padre Nuestro que estás en la tierra, en el corazón de los eternos desamparados. Con aquellos con los que tu suerte quisiste echar.
Gloriosa arma inmortal que tu pueblo ansía volver a escuchar. Por volver a verte.
El pueblo que reza por ti.
Qué puede ser todo lo demás en este país sin ti, querido Comandante.

Tú que hiciste resucitar a Bolívar, a la patria moribunda; que nos sacarte del letargo más humillante y servil cuando ya creíamos que todo se desintegraba; que nos ha dado soberanía, dignidad, pan, un techo, escuelas a granel, salud para el pobre, millones de libros y cantos, grandeza humana y respeto ante el mundo.
Tú que tanto has proclamado que seremos una POTENCIA.

Ya nada podrá ser como antes, Gran Comandante.
Lo eres todo y lo serás todo por siempre para nosotros.

VIVIREMOS Y VENCEREMOS PORQUE TÚ VIVIRÁS EN NUESTROS CORAZONES.
VENCEREMOS PORQUE YA ERES PARTE DE CADA UNO DE NOSOTROS
HERMANO, HIJO, PADRE, LUZ PERENNE, FUERZA Y VOLUNTAD DEL ALMA DE TU PUEBLO BOLIVARIANO.
PRESENTE.

jsantroz@gmail.com


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José Sant Roz

Director de Ensartaos.com.ve. Profesor de matemáticas en la Universidad de Los Andes (ULA). autor de más de veinte libros sobre política e historia.

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