Carta de Miguel Enrique a Mario Silva

Ciudadano Mario Silva:

Venía extrañando tus sátiras vilipendiosas hacia mí y, es más: me tenías en una encerrona de paz sin enjuague bucal sincero, sin olvidar quizás, el hdp que soy, según tú.

Pero, en uno de tu programa recién pasado, en eso que llaman, La Hojilla, volviste con tu andanada mediática y soltaste el yoyo de tus placeres freudianos y, me castigaste con tus ironías neoclásicas al crucificarme como un vulgar ladrón de un alcalde ladrón que me prestó su confianza de socorrerme en miles de dólares como un amigo sin testigo ni fiador.

Ten por seguro –señor de la noche- que no voy a caer en tu juego de tira piedra en que has caído, en que todas las noches de lunes a viernes embarras de afrentas nuestros apellidos sin compasión que es la razón y, hasta la gracia política y económica de este país que, mientras nosotros construimos tú destruyes con una singularidad espacial que te hace especial en soltar runrunes emotivos donde no cabe una gota de sudor político ni una sonrisa oligárquica nuestra.

Tu envidia hacia mí: está repleta de egoísmo ansioso sin escrúpulo y no me va a detener de seguir adelante: produciendo “más y mejor información” de todo lo que acontezca dentro y fuera del país y, siempre lo haré –aunque te duela- pensando en grande y atacando al enemigo que como tú deshonran nuestras buenas intenciones que son el norte de empresarios emprendedores y que, el Gobierno Nacional, nos quiere aplastar porque, no nos prestamos a su “juego revolucionario” de aceptar sus dádivas de compromisos en que tú has caído de rodillas arriba, ya que te cuesta agacharte para anular nuestra ética humanitaria hacia esa horda de marginales y malandrines del chavismo con sus excepciones.

A lo lejos oyó MEO –mientras escribía- la canción que se llevaba el viento sin contemplación ninguna: “mentiras tuyas” cantada por Rolando la Sierra, lo que no lo apartó de su carta.

De que seas coprófago o no es materia olvidada y, además nos tiene sin cuidado ni perturba nuestros sentidos y, si quieres morir de rabia o de una arrechera presurosa es tu gusto y de que consumes cocaína es un decir por las hojas de coca que Evo les dio de comer.

Eso de matar dos pájaros de un solo tiro, a uno con cáncer es como no lo refiero con el “matacuras” de Aló Ciudadano y el de la arrechera quizás sea a Ravell por asomado.

“Nosotros queremos al presidente como no te lo imaginas”: vivo más que tú, porque sin él seríamos un país de idiotas y nos convertiríamos en más estúpidos de lo que somos dentro de la oposición y, la libertad de expresión de la que gozamos con libertinaje, pasaría a un plano secundario de chismorreo que a la par de las Ongs perderían su efecto y el Departamento de Estado dejaría de invertir sus dólares en la acción desestabilizadora permanente al Estado y a sus instituciones en particular.

Con respecto a Chúo Torrealba, te digo que él juega con la verdad a su estilo y la estimula con un fin como tú con la mentira que combates sin darse –ustedes- las manos y deja de “envidiarlo” que te queda feo y, aquí cabemos todos como hasta el presente cada uno con sus debilidades y sus pretensiones que brincan en ambos lados.

Bueno, gordo Mario: cuídate –pana- que, aunque yo no soy santo de tu devoción, me preocupa tu salud y, además, apartando rencores, tu programa televisivo funciona por nosotros que te damos la publicidad opositora para que nos critiques. Niégalo si puedes.

Vive en paz –Mario Silva- y desintoxícate que tú pesas muchos kilos para cargarte al hombro.

Nuestras discrepancias deben ser como dios manda y con la biblia por delante y olvidémonos de ojo por ojo y diente por diente y, recemos, porque Chávez viva eternamente frente y fuera de las cámaras, pero eso sí, primero tiene que juramentarse.

Vez que es fácil convivir sin ofendernos y, quizás conversando nos entendamos mejor -¿no te parece?

Y, esta vez se oyó una nueva canción como salida de lo profundo de la tierra que MEO apenas alcanzó a escuchar: “Qué pena me das” que brotaba de los labios de Marco Antonio Solís y, él pensó en la terquedad de la vida y, analizó la ambigüedad de lo escrito, para concluir: Imposible olvidar y, finalizó su carta.

Abrazos sin odios a la distancia, MEO.


estebanrrojas@gmail.com



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Esteban Rojas


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