Lo divino y lo sagrado en la Revolución Bolivariana

“El socialismo no existe, pero de que vuela, vuela…”

El Chino Valera Mora



Por la salud de Chávez se ha levantado, en Venezuela y el universo mundo, un tsunami de bendiciones, invocaciones, oraciones y plegarias. El pueblo se mostró decidido a salvar a su Comandante, como lo salvó el 13 de Abril de 2002, a fuerza de amor con amor se paga, ésta vez poniendo en acción recursos espirituales, los únicos a su alcance y apropiados vista la gravedad del caso. Ante tan grande profesión de fe, un camarada comentaba: “Es difícil ser ateo hoy en Venezuela”, y en Uruguay el presidente Mujica, se reiteraba no creyente al tiempo que convocaba y asistía a una misa para quienes pedían por Chávez.

Discutir hoy sobre la existencia o no existencia de Dios, es absolutamente estéril, para no decir idfiota. Sigue siendo cierto que “La crítica de la religión es la premisa de toda crítica” (Marx) pero, para los efectos prácticos, los que nos interesan, criticar la religión ya no es ni realizarla ni negarla, es superarla; arrebatarle a las corporaciones eclesiásticas, a las transnacionales de lo “sagrado”, y muy especialmente a la iglesia católica, el monopolio de los recursos espirituales de la Humanidad.



Lo divino o lo sagrado, he ahí el dilema.



Divino (“eterno, omnipotente, eternal, poderoso, celestial, celeste, paradisíaco y paradisiaco”) es todo lo que supera dialécticamente el conocimiento de la realidad. Divino es el amor, divinos son los profetas, divinos los héroes, Jesús (el que anduvo en la mar), el mango, el vientre de las vírgenes, divinos los milagros que juntos podemos hacer y haciendo estamos. Juntos hemos sacado a cincuenta millones de personas de la pobreza en América Latina, juntos le devolvimos la buena vista a millón y medio de personas. Así como el amor tiene razones que la razón no comprende, los sentimientos mágico-religiosos del pueblo no son para comprender sino para hacer milagros.



Sagrado (“santificado, sacro, sacrosanto, consagrado, hierático, canonizado, venerable, santo”) es el poder de lo respetable y lo respetable del Poder. Mi estricto padre tronaba: “mis cosas son sagradas,”. Sagrado es lo intocable, el latifundio de las almas, el proteccionismo intangible de quienes acumulan riquezas monopolizando, administrando y explotando la espiritualidad humana.



La tierra es de quien la trabaja, el cielo ahora de quienes no se dejen arrebatar, por los imperios eclesiásticos, miles de años de espiritualidad y mitología, creados por el imaginario popular para ir más allá de la simple física de lo evidente. Los esfuerzos de los médicos por la salud de Chávez están acompañados por los votos y las plegarias de un pueblo poco rezandero; de cada quien pueda, a cada quien según necesite,. Todo en una dimensión que escapa totalmente al frío cálculo político burgués, nadie reprocha a quien ama practicar el “culto de la personalidad” del ser amado



Quienes crean a esta altura necesario y pertinente discutir si Dios creó al hombre o el hombre creó a Dios, recuerden que Heráclito de Efeso advirtió, cuatro siglos antes de Cristo: “Lo Uno, lo Solo Sabio, quiere y no quiere ser llamado Dios”. Aquí está en juego algo más importante para la humanidad, si no queremos que la Tierra sea un sarcófago azul en melancólica órbita de silencio; aquí está en juego la buena y vieja causa de creer que el amor puede vencer a la muerte. Lo demás es lo de menos. ¡Viviremos y venceremos!

rothegalo@hotmail.com



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Eduardo Rothe


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