Viviendo en socialismo

Los logros de la Revolución son innegables y demuestran que en Venezuela los hechos SI son amores palpables por el pueblo. Ya sea estando en la calle, en el jardín de tu casa, visitando el “Paseo Anauco”, leyendo en el sofá o saliendo del banco, la gente reconoce los cambios drásticos positivos para todos. Sin embargo, el entorno socio-ambiental que albergamos a diario, nos hace presa fácil del descontrol psico-emocional, que suele expresarse en trastornos de ansiedad, mal humor, irritabilidad, desmotivación y la historia colectiva que se escapa de una idiosincrasia.

Al romper el impetuoso lunes sobre el manto asfáltico, sentimos que la magia optimista de seguir amando al prójimo, se pierde en el asfixiante fuego mañanero del Sol, en el ocaso taciturno de la Tarde y en el crimen pasional de la Noche. Tras tocar fondo, regresamos a la paz celestial de nuestros hogares, en busca de tan sólo una razón, que justifique el volver a entregarle lo mejor de la Vida, a la acústica de un reloj despertador, a la fría llave de un grifo y al tener que sonreírle a nuestra propia desgracia. Atrapando el dolor en un nudo de corbata tipo “Windsor”, dejamos que el dial de YVKE Mundial, nos relaje al informarnos que otros co9mpatriotas están librando la misma batalla ideológica por defender la patria de Bolívar.

Dentro de ese infernal tráfico, sólo quisiéramos cerrar los ojos y olvidarnos de la señal autoritaria del Semáforo, para apagar el motor del carro, abrir la claustrofóbica puerta y correr afanosamente hacia la luz verde de la libertad. Ya estando sobre la línea blanca del pavimento, esperamos que las 4 ruedas con tracción delantera, nos eleven en un choque frontal hacia lo desconocido. Tras abrir los ojos, te pregunto: ¿Qué habría sido de la Humanidad sin la ayuda del profesor Philippe Pinel? Lo analizamos, mientras recorremos el municipio “Cárdenas” en el estado Táchira, la parroquia “Cúa” del estado Miranda, el sector “El Varillal” del estado Zulia y cualquier otra ciudad que pertenezca a la geografía criolla.

Todos hemos soñado despiertos, mientras las manecillas del tiempo pasan frente a un hiperactivo volante, que desea volar a través de esas montañas, nadar por las aguas de ese contaminado lago y viajar por la ferocidad de esa selva, para llegar con premura y sin generar sospecha a los destinos laborales, académicos y hogareños que nos esperan con ansias. Es como ver ese halo verde fosforescente que gravita al mirarnos fijamente a los ojos. Sería un placer perdernos en la eternidad de ese fosfeno sideral y dejar que el tiempo lo cure todo. Me pregunto ¿Qué es lo peor que puedes decirme?

La verdad, es que el sábado por la noche, ese afilado don de la Vida, batallará en una guerra sin cuartel, por todo el centro del amor. Pero, es complejo extrapolar esa gran sensación de sentirnos más vivos que nunca, cuando salimos al despiadado Mundo exterior. La inicua bullanga pública, el extremo “corneteo” del transporte vehicular, el acérrimo “smoke” que se cuela de la calle y los gritos ofensivos de la gente por doquier, nos obliga a cambiar la parsimonia de un nudo tipo “Windsor” al todo terreno “Pratt”.

¿A quién culpar? Lamentablemente, es un problema ecosocial latente, producto de la actividad industrial que despliegan los venezolanos. Es un secreto a voces con el que muchas personas se acostumbran a lidiar, sin considerar los efectos perjudiciales para la salud del trinomio: Hombre-Medio-Sociedad. Además, que existe un conformismo de los individuos, los organismos públicos y los entes gubernamentales, en creer que la sinergia en la “Jungla” de cemento, debe ser obligatoriamente: hostil, sofocante y agresiva entre quienes se atreven a disfrutar del safari colectivo. Si a ello, le agregamos las variables climáticas, culturales y axiomáticas que identifican a cada región del país, pues se crea un estado de tensa calma que lucha por priorizar la razón ante el “yo” y el inconsciente.

Es como después de pasar la primera noche preso en un calabozo de la cárcel. Al despertar y abrir los ojos, entiendes absolutamente todo el chiste de la Vida. Pero por desgracia, ya es muy tarde y sólo queda el triste recuerdo de aquel vuelo del Fénix. A continuación, explicaremos con gran énfasis el problema del ruido ambiental en Venezuela, que no sólo se expresa en el “background” de la calle, sino en cualquier sonido tóxico que nuestros oídos se atrevan a escuchar. Es así, como la burla escolar, el “chisme” laboral, los programas de TV y la violencia verbal intrafamiliar, también son agentes contaminantes que padecemos a diario.

El exceso de sonido que altera las condiciones normales del Ambiente en una determinada zona y que se traduce en el deterioro de la calidad de vida para quienes la resienten, es lo que se conoce a nivel mundial como la Contaminación Sonora. En Venezuela, es simplemente INSOPORTABLE apreciar como el infernal “chillido” de las motos y la furia de las estruendosas alarmas y cornetas de los carros que recorren las calles bolivarianas, generan una predisposición negativa en quienes consumen parte del caos urbano. La aguda aceleración del perverso motor vehicular junto al sistemático “loop” del Diablo, hace que se encienda la confusión auditiva entre un bate de béisbol y el retrovisor.

En la actualidad, otros factores que generan molestias sónicas, son: las plantas autogeneradoras de corriente eléctrica para repeler los apagones, el abuso en el empleo de las bocinas o el “claxon” provisto en las unidades de transporte vehicular, el alboroto musical que envuelve a las calles del país y los sistemas de seguridad mal configurados que se activan sin razón aparente en lo inhóspito de la noche.

En paralelo, los medios de comunicación privados, son culpables de contaminar sónicamente a su teleaudiencia y radioescuchas, por transmitir esos inicuos contenidos que enferman a la gente. Vemos como por el canal derecho, pasan las narco-telenovelas, los noticieros del terror y el vil show publicitario. Por el canal izquierdo, pasan las películas de guerra, la vulgaridad del sexo y los concursos del Tío Sam. Mientras que por todo el centro, se destruye la salud mental de sus inocentes víctimas. Los canales de TV nacionales y por suscripción que “entretienen” a los venezolanos, son una gran fuente de antivalores que a diario distorsionan la realidad “real” de la gente y van en contra de un clima de sana convivencia.

Por desgracia, tanta irresponsabilidad socio-ambiental en Venezuela, nos hizo pasar del nudo todo terreno “Shelby” a la soga al cuello del “Merovingio”. Lo que se expresa en la llamada “Hiperacusia”, que es la intolerancia a ciertos sonidos habituales de la vida en sociedad, pero que generan una intranquilidad, desasosiego y temor en quienes los afrontan a diario. Tal afectación psicosensorial, puede incidir negativamente en la cotidianidad de la gente, ya que genera un continuo malestar que influye no sólo en la propia persona, sino en quienes le acompañan a realizar las labores domésticas, laborales o académicas.

Sin embargo, es un trastorno que fácilmente se podría erradicar, siempre y cuando el individuo internalice el problema y aplique técnicas de relajación, meditación y reorientación perceptiva dentro de sus actividades. Es clave NO esperar a que se produzca la situación agobiante, para ponerlas en práctica, ya que debe ser un proceso de adaptación al Medio más que de represión conductual. Si llegas a sentir que lo padeces, primero cierra los ojos, respira profundo y piensa que “Pinel” rompió la opresión ajena, volando hacia la libertad que sólo la voluntad del pensamiento es capaz de lograr. Ahora, abre los ojos, y queremos verte con una gran sonrisa de oreja a oreja.

Ya en Venezuela hay suficiente intolerancia, sed de venganza y fastidio colectivo, por tanta confrontación política, socio-económica y la eterna delincuencia que impera. En vez de seguir “sacándole” punta a lo negativo que nos gravita, es preferible asumir el valor del optimismo, la esperanza y la fraternidad. Si todos padecemos a diario de esa irritabilidad urbana, NO debemos dejar que la mala intención hacia el prójimo se apodere de la mente del pueblo. Aunque siempre contaremos con el gran consejo de “Pinel”, es mejor que seamos capaces de incentivar el pluralismo de ideas y mantener el autocontrol para llevar la fiesta en Santa paz.

Por otro lado, el Ministerio del Poder Popular para el Ambiente (Minamb), debe crear campañas audiovisuales que sensibilicen sobre el daño colateral de la contaminación sónica. Además, que se requiere de un trabajo mancomunado entre asociaciones públicas, la empresa privada y ONGs, que decidan seguir apostando por una Venezuela más industrializada, pero menos contaminante. Es triste apreciar, el abuso que se hace en todo el país de vallas publicitarias y propagandas políticas, que aparte de contaminar visualmente, cercenan el vital derecho a comunicar un mensaje ecológico integral.

Una buena idea, sería colocar pancartas, letreros y vallas en zonas de gran concurrencia vehicular del país, en las que se mencionen frases o imágenes explícitas sobre el dilema del ruido ambiental, para que cuando la gente obligatoriamente las lea desde sus carros, motos o camiones, se logre una reflexión socio-ambiental. Las frases como: “Tus gritos me contaminan”, “La paciencia es una virtud”, “Desalármate”, “No te pases de corneta” y “Todos nos ayudamos entre todos”, junto a ilustraciones representativas a full color (calaveras, una trompeta rota, signo de “STOP”)

Hay que insistir en el uso del 0800 26243683, que es la línea telefónica del Minamb para que las personas se atrevan a denunciar irregularidades como las que se ejemplificaron con anterioridad y así identificar a la persona natural o jurídica que atente contra la paz “verde”. Es un deber público llamar e informarlo oportunamente. Recuerde que en Venezuela, contamos con la “Ley penal del Ambiente”, que es un instrumento legal encargado de generar un marco de corresponsabilidad socio-ambiental. En su artículo 110, señala que los propietarios de fuentes fijas o establecimientos que produzcan molestias sónicas por la intensidad, duración o frecuencia del ruido, serán sancionados con arresto (3 a 6 meses) o multas de hasta 600 unidades tributarias.

No caigas en discusiones triviales con tus semejantes, producto del ofuscamiento de una situación sofocante. Aunque el veneno ajeno siempre está al acecho de la inocencia ajena, es preferible dejar que envenene a quien intentó enajenarlo. Mira que después de la soga al cuello tipo “Merovingio”, sólo queda un suspiro, una silla y un techo que desea elevarte a lo desconocido. Es como el día después de morir y se revive en la paz de escribir artículos en Aporrea, por un poco de amor sideral.

Ya NO hay excusas, para asumir un alto grado de conciencia ecosocial y dar el primer paso, hacia un nuevo estilo de vida que suene más agradable, afinado y melódico para todos. Así, que el “Respeto” a la ciudadanía, es la mejor arma de los venezolanos para “vivir viviendo” y enfrentar los desafíos que la luz del destino, se encarga de iluminar a diario.

carlosfermin123@hotmail.com


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Carlos Fermín

Licenciado en Comunicación Social, mención Periodismo Impreso, LUZ. Ekologia.com.ve es su cibermedio ecológico en la Web.

 carlosfermin123@hotmail.com      @ecocidios

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