Vientos de la sabana

De traiciones y otros demonios

En el transitar de la historia muchas han sido los desvios de los caminos de las convicciones. En el devenir de los tiempos estas traiciones han estado vinculadas con las personas débiles en sus conceptos de los valores, de los principios, de la vida misma. Es una deformación de las actitudes de positivas a negativas producto de las particulares ambiciones, de los deseos más recónditos de las miserias humanas, allí nacen las traiciones, cuando se aspira algún interés para el beneficio propio…, hasta cierto punto la traición es querer “robarse” algo para satisfacer una necesidad muy mía, muy propia, siempre en detrimento de las necesidades comunes o colectivas.

Las “empolvadas escrituras” nos han dibujado un mar de traiciones desde Caín, quien se llenó de odio, de envidia, de maldad, justamente contra su propio hermano a quien invitó a dar aquel fatal paseo por el campo. Dalila, la peluquera, quien en el templo de Dagón le tiró tijeras al fortachón y beodo de Sansón en medio de un sarao de los filisteos. Pero, quizá, la más conocida y emblemática, fue la de Iscariote, el Judas que mucho recordamos en la Semana Mayor y que bien no los pinta los evangelistas Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Jocosamente, también no los dibuja Aquiles Nazoa, de quien dijo que: “Por los treinta denarios/ que cobró por su traición/ jugó bola/ se echó palo/ y se compró un pantalón/”.

Y así caminan las traiciones en la vida, llenas de zancadillas, de desilusiones, de desamores, de tropiezos, siempre llenas de mezquindades, de vacíos, de miserias humanas y oscurantismos. En todas estas acciones, por ser propias del engendro de la maldad todas terminan con finales infelices, con tragedias, con dolor, con pena, con arrepentimientos tardíos.

En la política, que no escapa de los movimientos propios de vida humana, pues también han sucedido una infinidad de traiciones de personajillos que aprovechan los espacios para sus propios intereses y se olvidan de las promesas hechas a un pueblo que en ellos depositan sus esperanzas. Casi siempre estos traidores caminan al cementerio de la política y allí dormirán junto a Judas Iscariote, por haber vendido al Mesías que abrió las puertas de la era cristiana.

Es bonito hacer remembranza de este tema para continuar creando conciencia social y política en el pueblo venezolano que ya se ha enrumbado en la construcción de una patria libre, soberana e independiente. Dios gracia contamos con un Partido Socialista Unido de Venezuela, que hace honra a su nombre y ha logrado entender que la unidad del pueblo es la bandera gloriosa que nos llevará a puerto seguro.

No es fortuito que Simón Bolívar, estratega militar y genio de América, no es ocasional que nuestro comandante Presidente Hugo Chávez Frías, nos exhorten a cada instante a mantenernos unidos, a alimentar la unidad, como expresión vital para poder consolidar los diseños más hermosos como pueblo y como patria.

Que ningún militante del chavismo, que ningún militante del amor, de la verdad, de la vida misma se desvíe por los caminos de los intereses personales. El faro es continuar avanzando como colectivo social organizado, dando pasos firmes en la expansión del socialismo en cada espacio donde nos encontremos. Y gritarle a los traidores de la patria, a los “Judas” políticos, a todos aquellos que mancillaron la pureza del alma del pueblo, que: “No volverán” porque juntos todos, unidos todos, seguiremos cosechando triunfos…,en especial para las grandes mayorías.


santanajerez@hotmail.com


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Geovanni Peña

Diputado a la Asamblea Nacional. Militante del PSUV.

 santanajerez@hotmail.com

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