“Jesús de Nazaret, el niño de la periferia, el primer excluido de la era cristiana” y la jerarquía de la Iglesia Católica


“Somos semejantes
es decir, pareciera que lo somos
en la manera de rezarle a Dios
en la manera de engañar a Dios
y en la forma de engañar con Dios



Yo quiero semejanza en la escuela
donde el niñito moreno
el indio y el niño blanco
te aprendan la misma "A"
no semejanza en la Iglesia
porque allí usted puede
ver un hombre sentando en
un banco con su nombre
después de pisar a otro hombre
después de pisar mil hombres
queriendo lavar su alma
diciendo: Dios me perdone”

Alí Primera



Esta mañana, 26 de diciembre, al revisar, como de costumbre, los medios impresos nacionales, entre ellos, encuentro en el Correo del Orinoco, en sus páginas 12 y 13, un extenso texto, cuya fuente se indica es de Prensa Presidencial, bajo el titulo: “Jesús de Nazaret, el niño de la periferia, el primer excluido de la era cristiana” y el mismo se corresponde con el discurso del Padre Numa Molina S.J. durante la homilía del 24 de diciembre de 2012 en la iglesia de San Francisco en nuestra ciudad capital. Este mismo texto se publica de manera oficial, igualmente, por el Gobierno bolivariano en el diario Ultimas Noticias, exactamente en su página 15 reservada para la publicidad. En este extraordinario sermón estaban presentes las máximas autoridades del Gobierno bolivariano, encabezada por nuestro vicepresidente, camarada Nicolás Maduro.



El padre Numa Molina, al igual que otros sacerdotes jesuitas y seguidores de la Teología de la liberación en nuestra América, intenta hacer de su apostolado una trinchera a favor de los humildes y de las causas nobles del pueblo sufrido. Sobre estas posturas y luchas hay un largo rosario de experiencias en nuestros pueblos. En tal sentido, traemos a colación dos ejemplos emblemáticos de dos valientes representantes de la Iglesia vinculados a las luchas populares que terminaron siendo victimas de la burguesía y del poderío transnacional. En efecto, Óscar Arnulfo Romero [1], más conocido como el Monseñor Romero o San Romero de América –El Salvador- y Camilo Torres –Colombia- [2], fueron asesinados por las clases dominantes de sus países con el aval del imperialismo Yankee. La muerte del primero ocurre el 24 de marzo de 1980 cuando oficiaba una misa en la capilla del hospital de La Divina Providencia en la colonia Miramonte de San Salvador, República de El Salvador, en tanto que el segundo de formación sociólogo, pionero de la teología de la liberación nacional y quien en los bolsillos de su sotana cargaba, con frecuencia, un libro de Santo Tomas de Aquino y en el otro, en el de la izquierda uno de Carlos Marx, buscando las semejanzas para ofréndeselas a Dios, terminó colgando los hábitos en el año de 1965, es decir, renunció a sus compromisos clericales orgánicos, -aunque no al sacerdocio-, para enrolarse en la Guerrilla del Ejercito de Liberación Nacional (ELN), en cuyo primer combate, llevado acabó un 15 de febrero de 1966, murió abatido por las balas del ejercito lacayo de su país a los intereses estadounidense.



Sin duda alguna que, en la historia ha quedado claro que estos curas llenos de sensibilidad a cuya lista se suma Numa Molina, siempre tuvieron presente que la misión de la Iglesia que ellos construyeron al calor del pueblo sufrido es la de identificarse con los pobres, sólo así, en su concepción, la Iglesia encuentra su salvación. En tal sentido, no es casual que en Venezuela los voceros más conspicuos de las altas castas empresariales y, por tanto, de la misma oposición al Gobierno bolivariano despotriquen del padre Numa Molina y lo llamen chavista. Al respecto, sugerimos ver: El Dueto Hugo Chávez- Numa Molina S.J.: la religión al servicio de la dictadura, escrito por el ex PDVSA, Gustavo Coronel y publicado en http://www.analitica.com/va/politica/opinion/4497131.asp el 27 de diciembre de 2010.



No obstante, el Padre Numa Molina, como habría de esperarse, en un nuevo encuentro con sus feligreses, pronunció el pasado 24 de diciembre, en víspera de la noche buena, un extraordinario sermón bajo una honda reflexión que viene a ratificar ese compromiso con la defensa de los más humildes, toda vez que sugiere a los cristianos y cristianas, preguntarse:



“…¿qué hemos hecho entonces de la Navidad hoy?, intoxicada por el mundo del mercado y alienada por la industria publicitaria inmoral, que nos crea necesidades ficticias, nos programa como robot para lo que debemos hacer y consumir mientras lo elemental que es la solidaridad de los pastores, la gratuidad, la sencillez de un establo queda desplazada de nuestros valores cristianos. Ciertamente que de eso hay mucho en el pueblo venezolano, solamente que nos hemos dejado influenciar por los antivalores egoístas de un capitalismo inhumano. (…)

Por otra parte, el sacerdote Numa Molina, además de valorar como muy significativo que el alto gobierno venezolano tuviese como punto de agenda en esta Navidad asistir a la celebración de la eucaristía, para celebrar el nacimiento de Jesús y dar gracias a ese Dios de la vida por todos los beneficios alcanzados en este año que ya casi llega a su fin, enfatizó, a lo largo de su homilía que Jesús de Nazaret, el niño de la periferia, se convirtió en el primer excluido de nuestra era. En efecto, subrayó que:

“Mientras los sabios y entendidos esperaban al Salvador como un hijo de palacio, “¿de Nazaret puede salir algo bueno?” se decían, el mesías nos viene de una aldea insignificante y tiene por cuna un comedero de animales en la periferia de una ciudad que había sido cuna del gran rey David; mientras los instalados gozaban de las mejores posadas Dios entra en nuestra historia humana desde el espacio más inesperado para hacerse compañero de camino, entra por lo insignificante de un establo reservado a los animales. Nadie se enteró, los de la ciudad de Belén seguían en sus comilonas y en sus comodidades, Herodes el Rey se enteró tarde y cuando lo supo entró en cólera porque aquel niño de la pesebrera, según los expertos, se convertía en un peligro inminente para su reinado. (…)

Los signos que acompañan el acontecimiento de la Navidad son la debilidad de un niño, envuelto en pañales que tiene por residencia un establo, una pesebrera y por cuna un comedero. El emperador romano había ordenado un censo para enterarse qué propiedades tenían los colonos y así alimentarse cobrándoles mayores impuestos. En cambio este rey que es Dios aparece en un comedero, de ese modo se muestra a la humanidad como comida, como pan que alimenta los sueños y esperanzas de la humanidad nueva que comienza. Dios desde la humildad de un establo confunde a los poderosos de ayer y de hoy”.

Además, invitó y, al mismo tiempo, advirtió que:

“Dejemos que una fe alimentada por la lucha diaria a favor de un mundo más justo y más humano, sea nuestro signo de ser cristianos. No nos conformemos con la superficialidad de lo efímero, ni con la mediocridad de una vida cristiana sin incidencia en la historia. Pongámonos en camino junto a los pueblos que sueñan utopías, ellos están viendo más lejos que los sabios y entendidos. Dejémonos guiar por el olfato histórico de las mayorías pobres porque desde allí, desde esos espacios Dios se nos está revelando, son lugares habitados por el Dios que se nos reveló en Jesús.”

Por ultimo, el padre Numa Molina en un gesto de solidaridad concluye su homilía otorgando un saludo de aliento y esperanza como pueblo unido al presidente Chávez. “Que Jesús te sane presidente y que la paz del pesebre de Belén te inunde. Que el calor de todas y todos como pueblo lo puedas sentir muy dentro de tu corazón en esta Navidad; estamos contigo, hermano Presidente, hoy más que nunca, porque un misterioso vínculo de amor se ha establecido entre tu corazón y el de tu pueblo. Te abrazamos desde aquí y te ponemos junto Jesús en la humilde pesebrera de la periferia de las grandes ciudades. Que sigas alimentando tu mejoría con mucha fe, porque si tenemos fe el Señor podrá hacer maravillas en nuestra vida”.

Desde esta trinchera, celebramos y acogemos como positivas y honestas las consideraciones del padre Numa Molina por su contenido y mensaje anticapitalista y también por su hazaña de poner en un plano equivalente la predica que forjamos desde el socialismo con la del Jesús liberador que se enfrentó a los poderosos del Imperio Romano, pero no podemos ser ingenuos y pensar que la institucionalidad de la Iglesia católica esté proponiendo o asumiendo como institución una lucha por desplazar al modelo capitalista y erigir la sociedad socialista y el Estado Comunal que estamos llamados a construir, con mayor ahínco después de las victorias obtenidas en las elecciones del pasado 07 de octubre y en las del 16 de diciembre, bajo el liderazgo del Comandante Chávez.

Desde luego, no podemos ignorar que las autoridades de la Iglesia católica asentadas en el Vaticano con toda su institucionalidad, a lo largo del período histórico que se conoció como la Guerra Fría (1945-1991), sumaron siempre sus esfuerzos en provecho y defensa del mundo capitalista para impedir el avance, paradójicamente, de la sociedad socialista cuyos valores guiados por la igualdad y la solidaridad son los más parecidos a la moraleja del niño de la periferia, el primer excluido de la era cristiana que magistralmente describió el padre Numa Molina en su sermón el pasado 24 de diciembre. Ciertamente, si revisamos, tan sólo un poco, la historia del siglo que acaba de culminar encontraremos que por allá por los años 70, para ser más preciso a finales del año de 1973, inmediatamente de producirse en octubre de ese año la “crisis energética” se creó la Comisión Trilateral por iniciativa del estadounidense de origen alemán y banquero David Rockefeller, (el mismo heredero y nieto del padre del Trust petrolero de la Standard Oil Company que con el correr del tiempo y los procesos de fusiones que ha exigido el capitalismo en las ultimas décadas, se convertiría en la actual Exxon-Mobil, la transnacional petrolera más grande del mundo, por cierto en litigio con PDVSA desde el 2007 por el desmontaje de la apertura petrolera) y Zbigniew Brzezinski, ideólogo fundador de la Comisión Trilátera, Director Coordinador de dicha Comisión, autor de los libros La era tecnotrónica; Entre dos eras y El gran tablero mundial, fue presidente del Consejo Nacional de Seguridad durante el gobierno de Jimmy Cartel (1977-1981) y siempre estuvo vinculado a la política exterior de los Estados Unidos y, por tanto, compartió posteriormente con el sucesor de Cartel, el presidente Ronald Reagan (1981-1984 y 1985-1989) y además con el Papa Juan Pablo II uno de los roles más importantes que guarda relación con la caída de la Unión Soviética (Unión de República Socialista Soviética, creada en 1922, cinco años después de la Revolución rusa de 1917).

Otro connotado estadounidense que se sumó a esta cofradía fue Henry Kissinger, creador de la Agencia Internacional de Energía que nació en 1974 como una estrategia anti OPEP, además fue asesor de la Agencia de Control de Armamento, Asesor del Departamento de Estado durante las administraciones de Kennedy (1961-1963), Lyndon Johnson (1963-1968 ) y Richard Nixon (1969-1972 y 1973-1974 ), Secretario de Estado de Nixon y de Gerald Ford (1974-1976), presidente del Consejo de Relaciones Exteriores y es también autor del prestigioso libro La diplomacia y recientemente ha publicado otro libro interesante, titulado China que en este 2012 se ha traducido al castellano y que ya hemos tenido la oportunidad de leer. Igualmente, debe agregarse a los líderes de la Trilateral el banquero Paul Volker quien ejerció la presidencia del Sistema de la Reserva Federal de los Estados Unidos – equivalente al Banco Central en nuestro país- desde 1977 y quien además fungió como uno de los pilares fundamentales del gobierno de Reagan.

En relación con esto, cabe destacar que, si bien esta Comisión Trilateral es un organismo privado que se creó para contrarrestar la política proteccionista de Nixon en Estados Unidos, sus acciones fueron más allá al punto que su misión real fue la de promover una política de estrecha cooperación entre los miembros de la Tríada: Estados Unidos y Canadá, la Unión Europea y Japón para enfrentar los problemas a escala mundial e imponer el neoliberalismo como cosmovisión, modelo que se inició en nuestra región con la instauración de la dictadura militarista y de ultraderecha de Augusto Pinochet tras la caída del Gobierno constitucional y democrático de Salvador Allende en Chile el 11 de septiembre de 1973. Por supuesto, es obvio que para imponer ese modelo económico y con él establece una globalización de tipo neoliberal, un requisito sine qua non, era no sólo impedir el avance del socialismo sino vencer a la URSS y acabar con las contradicciones entre el sistema capitalista y socialista y erigir un nuevo orden mundial bajo la supremacía de Estados Unidos, lo curioso es que en todo esto la Iglesia católica, cómo institución conservadora y aliada a la burguesía, jugó con sus máximas autoridades un papel estelar. Con esto queremos señalar que la Trilateral en sinergía con el alto mando y la institucionalidad de la Iglesia católica constituyeron el verdadero gobierno del mundo capitalista. De hecho, el mayor auge de la Iglesia católica en su afán anticomunista se concretó con la administración neoliberal de Reagan quien asumió la presidencia en 1981 y luego fue reelecto en 1984 y estuvo en ella hasta 1989, año en el cual caía el Muro de Berlín y se hacía inminente la caída de la URSS todo lo cual se concretó en diciembre de 1991.

Al respecto, debemos agregar que son numerosas las crónicas que ponen en evidencia la participación del Papa Juan Pablo II –Karol Wojtyla- para promover mediante la unidad de la Iglesia católica con sindicatos oposicionistas y dirigentes sindicales y activistas de los derechos humanos de la trayectoria de Lech Walessa [3], el debilitamiento del socialismo en Polonia y más ampliamente en la URSS. De hecho, en reiteradas oportunidades el Papa Juan Pablo II, al referirse a la caída del socialismo en Polonia señalaba públicamente que sin el apoyo de la Iglesia católica nada hubiese podido hacerse. Sin embargo, estos esfuerzos anticomunistas en virtud de lograr el máximo ascenso del capitalismo no se circunscribió a atacar y vencer a la URRS, sino que también se enfilaron hacia Centro América, particularmente en contra del Frente Sandinista (FSLN) que en Julio de 1979 había triunfado en Nicaragua y contra el avance que en el Salvador venía tomando el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN), para ello los lideres de la Iglesia Católica recibieron sustanciosos fondos de parte del Pentágono y del Vaticano. De esa manera pudieron aceitar sus discursos religiosos en contra del socialismo e incluso en contra de la Teología de la Liberación y no sólo en Centro América sino también en Brasil, el ejemplo más palpable, en este ultimo país, lo representó, a mediado de los años 80, el franciscano Leonardo Boff quien resultó presionado por el Vaticano y, en consecuencia, tuvo primero que guardar silencio por un año y luego a principios de los años 90 a renunciar al sacerdocio.

Ahora bien, tras la caída de los Países Socialista del Este, Estados Unidos como país hegemónico del mundo capitalista acude, en sinergia con esa otra superpotencia que es el Vaticano, a presentar el narcotráfico y el terrorismo como los supuestos nuevos enemigos que hay que derrotar en nombre de la paz y la estabilidad que exige el nuevo orden mundial bajo la hegemonía de la globalización neoliberal, cómo si antes no hubiesen existidos estos flagelos, pero claro tales fenómenos les permiten mantener aceitada su industria armamentística y emprender con mayor ímpetu los ataques contra cualquier pueblo que apueste por un modelo alternativo y además contra los pueblos musulmanes no alineados con sus políticas a quienes ipso facto acusan de talibanes y terroristas y para ello el terrorismo como figura y estrategia resulta el elemento perfecto, porque les permite llevar acabo guerras preventivas sobre un enemigo autocreado y reinventado bajo una especie de mito, así se demostró con la invasión en marzo de 2003 a Irak en busca de armas biológicas y químicas de destrucción masivas que nunca existieron, pero cuyo objetivo era la salida y muerte de Saddam Hussein a fin de apoderarse de su petróleo y desarticular a la OPEP, a ello le siguió en agosto y octubre de 2011, respectivamente, la salida del poder y brutal asesinato del líder libio Muamar el Gadafi. Además, es importante señalar que la amenaza occidental también se ha erigido en la actualidad sobre otro país de la OPEP, Irán único país persa de la Organización - pero al igual que la mayoría de los países OPEP es predominantemente de religión musulmana- al que se acusa de utilizar la energía nuclear con fines belicistas.

En consecuencia, es importante resaltar que después del 11 de septiembre de 2001, el Pentágono – entendido aquí como el complejo de intereses políticos, industriales y militares que convergen en el sector de defensa- aprovechó esta oportunidad para restaurar su hegemonía institucional dentro de Estados Unidos y a la vez consolidar la ‘primacía’ de Estados Unidos en el sistema mundial. Tal como en el caso de la Guerra Fría, la guerra contra el terrorismo ha proporcionado un objetivo estratégico unificador para el poder estadounidense y ha creado cohesión en el frente doméstico y en el internacional en donde continúan aliado con el Vaticano, sólo así le ha sido posible hacer viable el consenso pos-Guerra Fría.

Por otra parte, en lo que respecta a las máximas autoridades de la Iglesia católica venezolanas, debe señalarse que no se han divorciado de su agenda cuarto republicana y apátrida, por esa razón observamos, con estupor, como el Cardenal Jorge Urosa Sabino, al mismo tiempo que dice orar por la salud del presidente Chávez, coloca su discurso religioso al servicio de los intereses más rancios del antibolivarianismo y antichavismo, tras orar y exigir la libertad de los “perseguido políticos” (Véase: El Nacional, Caracas, 26 de diciembre de 2012, p 2). Todo ello no sólo contradice los intereses y el sentimiento de la Iglesia que describe y sueña el sacerdote Numa Molina en su prédica, sino incluso a nuestra Constitución y a la reciente historia sociopolítica del país, dado que en nuestro país en la actualidad lo que hay son “políticos” presos que es muy distinto a hablar de presos políticos, cuestión que si ocurrió en la Cuarta República. En efecto, una larga lista de presos políticos, torturados, asesinados y desaparecidos tienen en su haber los gobiernos del punto-fijismo que imperaron desde 1958 hasta 1998. A propósito, quien esto escribe le fue allanada y destruida por la policía política de Caldera en su segundo Gobierno, la habitación de una pensión en donde vivía en la Pastora, Municipio Libertador, en agosto de 1994 por una carta que él hoy vicepresidente de la República, Nicolás Maduro enviará conmigo -en aquellos días de movilización y organización en torno al proyecto Revolucionario Bolivariano del presidente Hugo Chávez que recién había salido de la cárcel- al siempre recordado camarada y Comandante “Rufo”, Carmelo Laborit, fundador de la Liga Socialista conjuntamente con Jorge Rodríguez a quién asesinó la policía política de Acción Democrática en sus sótanos en julio de 1976. Tuve la oportunidad de conocer a Carmelo y compartir con él, en mi pueblo natal, numerosas reuniones en aquellos años de militancia en la Liga y de dirigencia estudiantil.

En cuanto a la insistencia de los sectores poderosos e incluido el alto clero de la Iglesia católica, a través de Urosa de exigir una amnistía para los mal llamados “presos políticos”, la Contralora de la República, Dra. Cilia Flores lo ha dejado muy bien claro, una vez que ha subrayado que “estas son personas que están siendo procesadas o condenadas por delitos comunes, como narcotráfico y homicidios, pero no por su actividad política”. (Cilia Flores, dixit)

Tal situación, no debe de extrañarnos, pues en el pasado reciente hemos visto a las máximas autoridades de la Iglesia católica venezolana, primero actuando de manera activa en un Golpe de Estado el 11 de abril de 2002 contra un Gobierno electo constitucionalmente y por mayoría abrumadora y después reincidir en el golpismo con los sectores apátridas, entre diciembre de 2002 y febrero de 2003, para llevar a cabo un criminal paro y sabotaje petrolero que originó perdidas económicas por encima de los 18 mil millones de dólares, además de las perdidas humanas y los daños morales al pueblo venezolano, a fin de lograr la salida del presidente constitucional Hugo Chávez, cuya significación y vocación ha sido abrir, en todo momento, oportunidades a los sectores desposeídos, esos mismos cuyos niveles de carencias, como consecuencia de los gobiernos elistecos que aquí imperaron en el pasado, terminaron convirtiéndoles, al igual que el niño Jesús que nos describe el padre Numa Molina, en ciudadanos de la periferia y de la exclusión, pero que hoy gracias a la plena soberanía petrolera y a la distribución revolucionaria del ingreso petrolero, han mejorado su ascenso social, atrás quedaron aquellos niveles atroz de pobreza y de desempleo, hoy, apenas, la tasa de desempleo, según el ultimo boletín del Instituto Nacional de Estadística (INE), fechado el pasado 18 de diciembre, es de un 6,4%, equivalente, en cifras absolutas, a un total de 873.513 desempleados hasta noviembre del presente año. En cuanto a la pobreza, según la misma fuente –INE- se indica que el número de hogares pobres en Venezuela pasaron entre 1998 y 2012 de 49% a 21,4%, es decir, una reducción de más del 50%. Hoy día restan un poco más de 2 millones 500 mil personas pobres, pero el avance es significativo cuando se establecen comparaciones puesto que cuando llegó el presidente (Hugo) Chávez a Miraflores, había más de 12 millones 250 mil pobres en el país.



Importa igualmente resaltar que, Venezuela en este trayecto de Revolución bolivariana no sólo ha disminuido la pobreza, sino que también se ha reducido la desigualdad en la distribución de los ingresos: A tal punto que es el país con menor desigualdad de ingresos en la región. La mayoría de los países en relación con el Índice de Gini están por encima del 0,5. Al inicio del gobierno bolivariano, este indicador se ubicaba en 0,486 y actualmente alcanza al 0,390. A esto hay que agregar que desde el 2006 somos un territorio libre de analfabetismo y con un sustancial incremento en el Índice de Desarrollo Humano (IDH), todo lo cual habla de una distribución más justa de las riquezas en el seno de nuestra sociedad. Huelga decir que, el Gobierno bolivariano ha invertido más de 500 mil millones de dólares en desarrollo social, incluidas las misiones sociales que surgen después de la derrota y criminal paro petrolero en el año 2003.



Todo esto nos lleva, sin ánimo de restarle mérito y reconocimiento al papel y esfuerzo de las luchas emprendidas por numerosos sacerdotes en nuestra America, entre ellos, ahora la de Numa Molina, a reivindicar lo señalado por Marx y Engels en la Ideología alemana y además particularmente en las Tesis de Marx sobre Feuerbach en donde se pone en evidencia la alienación y conservadurismo del pensamiento religioso. Obviamente, para Marx son los hombres reales, el individuo concreto en sus relaciones sociales, los que hacen la historia y configuran el medio y no al revés y, por tanto, no podemos esperar a que venga el niño de la periferia a construirnos el Estado Comunal y a echar las bases para la construcción de la nueva sociedad socialista. Tal tarea es de nuestra total responsabilidad e incumbencia. Bien lo dice Marx, en el segundo capitulo de la Ideología alemana, “para nosotros, el comunismo no es un estado que debe implantarse, un ideal al que haya de sujetarse la realidad. Nosotros llamamos comunismo al movimiento real que anula y supera al estado de cosa actual”. En consecuencia, es imposible pensar que el Estado todopoderoso del Vaticano, socio activo del capitalismo ponga su institucionalidad y sus recursos en aras de las luchas populares y revolucionarias. Jamás veremos a un Urosa, entre otros jerarcas de la Iglesia católica, aun cuando puedan “rezar” por la salud del presidente Chávez, apoyar el modelo de Estado Comunal que el pueblo mayoritariamente le aprobó al Comandante Chávez el pasado 07 de octubre en elecciones universales y directas para su reelección, lo cual quedo reiterado con la inmensa victoria obtenida en las elecciones regionales del pasado 16 de diciembre en donde se obtuvo 20 de los 23 gobernadores electos y mayoría en 22 de los 23 Consejos Legislativos que se eligieron.



En virtud de todo ello, es importante subrayar que aún de las acciones de sacerdotes conscientes como Numa Molina, la Iglesia católica no es una institución revolucionaria, por el contrario es lo más conservadora. De manera que, para la racionalidad y praxis de la Iglesia católica la soberanía no reside en el pueblo, como bien lo establece el artículo 5 de muestra Constitución bolivariana, sino en los intereses imperiales de sus amos, por esa razón rezan encarnecidamente por la protección de los soldados y mercenarios que hacen la guerra contra los pueblos musulmanes, en defensa de los intereses capitalistas del primer mundo y por eso también apoyaron acá en nuestro país acciones violentas –léase Golpe de Estado y paro y sabotaje petrolero- para salir de un presidente constitucional que había sido electo mayoritariamente por el pueblo. Nada de extraño en esto, pues también en la Ideología alemana, Marx nos advierte que “las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes de cada época; o dicho en otros términos, la clase que ejerce el poder material dominante en la sociedad es, al mismo tiempo, su poder espiritual dominante”.



En síntesis, el niño Jesús de Nazaret, como niño de la periferia que en la bonita descripción de la homilía del cura Numa Molina S.J., se constituye en el primer excluido de la era cristiana, no representa, para nada, el tipo ideal que reivindica el Vaticano en correspondencia con su institucionalidad. En efecto, ese niño excluido, pero luchador es visto en su seno como un antivalor y, por tanto, como una desviación de lo que debe ser un buen cristiano, dispuesto a elevar sus plegarias y acciones por el bien del capitalismo, sistema ontológicamente desigual que antepone las finanzas por encima del bienestar social y la igualdad. En realidad, al capital no le interesa quienes ganan, ni quienes pierden, su lógica es la maximización y reproducción del capital y en ese perverso recurrir la Iglesia católica tiene una gran responsabilidad por cómplice y aliada de tan absurdo modelo social que no hace más que alienar y condenar a las grandes mayorías por los caprichos de unos pocos poderosos.





Notas:



[1] Óscar Arnulfo Romero y Galdámez, nació el 15 de agosto de 1917 en el departamento de San Miguel, en la zona oriental de la República de El Salvador. Poco antes de su muerte, en 1977 fue nombrado por el Papa Pablo VI como Arzobispo de San Salvador. Siempre abrazó su predicación en defensa de los derechos humanos y esto tal vez es lo que explica su asesinato acaecido el 24 de marzo de 1980 en su país natal.



[2] Jorge Camilo Torres Restrepo, nació en Bogotá, el 3 de febrero de 1929. Después de ordenarse en 1954 como sacerdote católico en Bogotá, es enviado a la Universidad Católica de Lovaina, en donde se gradúa en 1958 de sociólogo con el trabajo Una aproximación estadística a la realidad socioeconómica de Bogotá, publicado en 1987 como La proletarización de Bogotá. A pocos años de su regreso a Colombia -1959-, le tocó presidir en 1963 el Primer Congreso Nacional de Sociología, celebrado en Bogotá, al que presenta su estudio La violencia y los cambios socioculturales en las áreas rurales colombianas. En 1964 pública La desintegración social en Colombia está gestando dos subculturas. Seguidamente, a comienzos de 1965 las autoridades eclesiásticas le nombran miembro de la Comisión Arquidiocesana de Sociología Religiosa. Finalmente, ese mismo año, si bien renunció a sus compromisos clericales orgánicos, no lo hizo con su sacerdocio, el cuál sólo cambio de ámbito, puesto que lo articuló y puso al servicio de la lucha revolucionaria en Colombia al ofrendar su vida en combate el 15 de febrero de 1966 en el departamento de Santander, Colombia.



No obstante, hay sobre su militancia y acción revolucionaria ciertas dudas que terminan colocándolo como una especie de infiltrado o quinta columna en el movimiento de liberación nacional de la década de los años 60 en pro de la estrategia de la Iglesia de Roma en su afán de neutralizar la lucha guerrillera y el ascenso del socialismo en el mundo.



[3] Nació en Polonia el 29 de septiembre de 1943. Fundo en Polonia el primer sindicato independiente del bloque soviético, lo cual en conjunto con su activismo por los derechos humanos le permitió ganar el Premio Nobel de la Paz en 1983 y convertirse en Presidente de la República de ese país para el período 1990-1995.



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Diario El Universal, “Cardenal insiste en que se otorguen medidas de gracias”. Caracas, 26 de diciembre de 2012, p 1-4.

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* Sociólogo Summa Cum Laude (UCV)

Presidente del Centro de Estudiante de la Escuela de Sociología período 2002-2003.

Fundador y editor de los periódicos populares riocabireros Por Si no lo sabia (1989-1993) y Trinchera (1994-1999).

Ex Consejero de la Embajada de la República Bolivariana de Venezuela en Argelia

Especialista en Economía y Política Petrolea Internacional

Curso Avanzado en Economía Marxista.

Prof. Universitario.

Militante político revolucionario.

Autor de los libros Petróleo y Socialismo en el Siglo XXI y Los Retos de la OPEP en el siglo XXI –Un análisis al calor de la política petrolera venezolana-eleazarmujica14@yahoo.com



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Eleazar Mujica Sánchez


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