Pensar Trujillo

Pensar Trujillo, no puede ser un acto de futurología abstracta, un ejercicio en donde los sentimientos del corazón se impongan a la imaginación, el pensamiento racional y la reflexión profunda sobre los problemas que aquejan a nuestro terruño. Pensar Trujillo, debe ser un ejercicio creativo en el cual se aborde la problemática del desarrollo regional, desde una nueva perspectiva; proceso que tiene que ser pensado a partir de lo que somos y lo que queremos ser, debe tener presente que las características económicas, políticas, sociales y culturales de nuestro estado tienen que ser el punto de partida del mismo. Pensar Trujillo es un proceso que, trasciende el localismo como unidad de análisis; ya que, las transformaciones estructurales requeridas para dar viabilidad y hacer posible el desarrollo regional, tienen que ser correspondientes con los planes y políticas formuladas para el desarrollo nacional. Pensar Trujillo, para alcanzar el Buen Vivir de los trujillanos y trujillanas, requiere establecer una interrelación equilibrada y armoniosa de sus habitantes con sus pares y con el medio ambiente, a través de una explotación racional del conjunto de recursos (renovables y no renovables) de que dispone o pueda disponer, con el fin de lograr el máximo nivel de bienestar social, la felicidad e igualdad del pueblo. Pensar Trujillo significa, avanzar en un profundo proceso de revisión de la concepción que se ha tenido de la relación hombre-territorio; en tal sentido, se hace necesario formular una nueva propuesta de reordenamiento de su espacio físico; entender que, el desarrollo regional debe estar al servicio del ser humano y no del territorio ya que, el territorio, si lo desligamos del ser humano, como sujeto de la sociedad, se convierte en un ente abstracto. Pensar Trujillo supone imaginar un proceso de planificación estratégica que supere el carácter técnico-normativo, con que se le ha concebido hasta ahora; una nueva visión del desarrollo regional, pensada desde una perspectiva socialista, debe conducirnos a colocar lo social como su objetivo central; ya que, el desarrollo no es otra cosa que la suprema felicidad del pueblo, su igualdad, su libertad, su Buen Vivir; condición que es posible alcanzar, si logra entenderse que la estructuración y fraguado de una nueva formación social trujillana, es un proceso sociohistórico; por lo que, la formulación de políticas que permitan otorgarle al pueblo trujillano, dichas condiciones, estarán determinadas porque sean precedidas de una visión que tenga presente la “larga duración” de las mismas. Pensar Trujillo, debe conducirnos, asimismo, a la construcción de una democracia verdaderamente democrática, participativa y protagónica, plural; ya que, la construcción de la democracia socialista conforma una cultura que da explicación de nuestra acción en tanto seres humanos que viven en sociedad y, se constituye en el motor del proceso de desarrollo integral de nuestra formación social; es por ello que, la organización del pueblo a partir de las comunas, habrá de permitir la conformación de una nueva estructuración del poder popular, a través de los Consejos Comunales.

¿Es posible Pensar Trujillo, a partir de estas premisas?


Nuestra respuesta es afirmativa, porque nuestras imágenes de la realidad regional no son predicciones. La estudiamos y analizamos de manera objetiva; esto es, imaginamos y diseñamos un escenario que nos permita predecir y prevenir las posibilidades y la capacidad que tenemos los trujillanos de construir nuestra propia historia. Ya que, sabiendo y conociendo de qué está hecha y cómo está hecha la realidad regional, es que podemos diseñar las políticas que nos permitan transformarla. Por lo que, el futuro a construir debe ser visto desde el futuro deseado, cuya construcción y fraguado no dependa de lo que hemos sido ni de lo que somos, sino de lo que queremos ser y, para ello, es imprescindible saber quiénes somos. Pues bien, pensar el desarrollo regional no es una tarea fácil. Supone superar el cortoplacismo con que han sido elaborados los planes de desarrollo que se nos ha propuesto; supone, asimismo, superar el inmediatismo y el asistencialismo que han caracterizado las políticas públicas implementadas. Lo cual, sólo es posible, si diseñamos un Plan de Desarrollo Regional para el Estado Trujillo, que sea el resultado de una nueva diagnosis de la realidad regional, para poder transformarla; que tenga objetivos y metas, factibles de cumplir; que sea producto del más amplio proceso de consulta, a los más diversos sectores de la sociedad trujillana.

Profesor ULA

npinedaprada@gmail.com


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Nelson Pineda Prada


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