Imperdonable que Florencio creyera que Chávez es pendejo

Vaya el traumático lío de identidad que padece Florencio Porras. Ahora dice que es triste ver como a Chávez lo han engañado, que es como suponer que él (Florencio) es más listo que el Presidente, que el Comandante se comporta como un niñito que no sabe lo que hace.

¡Ponte a creer, Florencio, que Chávez es pendejo!

Hoy, todo el fin de Florencio es impedir el triunfo del candidato de Chávez, Alexis Ramírez, cueste lo que le cueste. La derecha hará lo imposible para que Florencio se mantenga en el ruedo, y dotarlo de cuanto pueda para que haga el mayor daño posible.

Florencio, está claro, en absoluto carece de moral para el agradecimiento, para la nobleza y la grandeza humana y no se retirará. Él utilizó a Chávez dos veces, y creyó poder utilizarlo una vez más pero ahora con el fin más oscuro y mortal de todos.

Florencio desde hace muchos años se venía preparando para este momento. Lo han venido entrenando en Colombia (como sostiene Juan Veroes) para que realmente asuma en Venezuela el papel del centauro Páez, tal cual lo desea su tutor, el Santander hoy de Colombia, Álvaro Uribe Velez. Por eso ese despliegue tan bestial cuando lanza su candidatura, de que “llega el centauro”, “arranca el centauro”, “ha aparecido de nuevo el centauro”.

El fenotipo de Florencio es de derecha. Él ha dicho que no cree en socialismo. Hace años le hice una entrevista para el semanario “La Razón”, en la que me hizo revelaciones paralizantes.

Vean el diálogo que sostuvimos:

- ¿Usted (Florencio) para entonces (el 4-F) se consideraba un hombre de izquierda?

- En absoluto. Todo lo contrario. Yo creo que el primer comunista que yo conozco en mi vida, y con el que llego a discutir, es con Rubén Ávila, hijo, quien era compañero de mi promoción. Me llamó la atención, porque siendo nosotros cadetes en el primer año, entramos en una discusión, en el que él se manifiesta marxista, y aquello me pareció una aberración, un escándalo, para mí que provengo de una familia conservadora, católica. ¡Comunista! ¿Qué es eso? Yo he ido cambiando en toda esta experiencia muchos valores que tenía en esa época. Yo, por ejemplo, era pro-israelí, incluso en mi cadena solía llevar, además de una cruz y una imagen de la virgen, que aún conservo conmigo, también una estrella de David. Me llamaba mucho la atención, sobre todo el aspecto militar de Israel; su fuerza, su carácter y me apasionaba el estudio de la Guerra de los Seis Días. Bueno, a lo largo de todo este proceso y principalmente la estancia que paso en la cárcel, reflexionando y leyendo muchas cosas, ahora yo me declaro abiertamente partidario de la Causa Palestina.

- ¿Durante el tiempo que usted se va formando en la Escuela Militar, va adquiriendo alguna formación ideológica?

- No. Incluso hasta cuando se da el 4 de febrero de 1992, yo no tengo una posición ideológica definida. Más bien, mis posiciones contra la injusticia se van dando de manera espontánea, a medida que me voy empapando de la realidad nacional. En algunos momentos asumí posiciones que ameritaron que yo fuese fichado por la Dirección de Inteligencia Militar, pero por cuestiones internas del ejército. Veía realmente que para llegar a general había que cargarle las maletas a los políticos, como se dice. Iba viendo de qué manera se iba tergiversando la disciplina, los valores y principios dentro de la institución militar, realidad que me molestaba muchísimo.

- ¿Dónde conoce a Hugo Chávez?

- Cuando ingreso en la Academia Militar de Venezuela, en el año 1981, cuando él era teniente antiguo, porque ascendió a capitán en 1982.

- ¿Qué le llamó la atención de este personaje?

- Bueno, dentro de los servicios militares, en un cuartel hay lo que se llama jefe de servicio: hay los oficiales de día que son los responsables del cuartel que le corresponde a los capitanes, y están los oficiales de inspección que son servicios para tenientes, subtenientes y sargentos. Como Chávez era el teniente más antiguo, él montaba guardia como oficial de día; él estaba en otra compañía, pero me llamaba la atención, porque era el único teniente que era oficial de día, y demasiado severo. Sí, hubo además algo que me llamó mucho la atención de él, fue lo siguiente: El año 82, cuando se da la guerra de las Malvinas, recuerdo que un domingo, nos da un plantón, al batallón de cadetes, cosas en él que no era nada raro. Entonces comienza a criticar la actitud de los Estados Unidos en la guerra de las Malvinas. Prácticamente nos dio una conferencia anti-imperialista. Yo era un muchacho de diecisiete años, y nos decíamos: “Bueno, este teniente se volvió loco, diciendo estas cosas y exponiéndose a que le llamen la atención.” Y es así como conozco a Chávez.

- ¿Hablar en ese medio contra Estados Unidos era peligroso?

- Claro. Eso era un tema tabú. No olvides que los años setenta se hizo mucho énfasis en la doctrina militar norteamericana, donde se destacaba el ataque al comunismo; se hacían muchos cursos en las Escuelas de las Américas, en Panamá, y esa doctrina penetró ideológicamente en las Fuerzas Armadas. Y todavía quedaban reminiscencia en el ejército, y se sostenía con orgullo el haberse creado el cuerpo de los Cazadores que había acabado con la rebelión armada en Venezuela. Había en nuestro ambiente como una aversión hacia todo lo que fuese contrario a los Estados Unidos, y que alguien plantease que esta Nación era imperialista y no apoyaba ni ayudaba a los países latinoamericanos, uno escuchando en ese momento al teniente Chávez, miraba los lados, temiendo que llegase un comandante, un mayor, y entonces le llamara la atención.

Aquí está pintada de manera patética y profunda la formación política de Florencio Porras, ni más ni menos. Por eso él, a finales de su segundo mandato en la Gobernación de Mérida, comienza a deslindarse del proceso revolucionario. Hay algo que llama profundamente la atención: su gobierno en Mérida se anegó de tipos mediocres, de gente que no creía en absoluto en la revolución bolivariana, y de un montón de empresarios y contratistas, adoradores del becerro de oro, que hasta hace cuatro días eran los más decididos en darle apoyo a su candidatura, porque recibieron de él las más cálidas y dulces expresiones de apoyo. Pero esos contratistas, cual Judas, que siempre están del lado del cual se dora la píldora han comenzado a sacarle el cuerpo.






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José Sant Roz

Director de Ensartaos.com.ve. Profesor de matemáticas en la Universidad de Los Andes (ULA). autor de más de veinte libros sobre política e historia.

 jsantroz@gmail.com      @jsantroz

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