Sacrificios humanos

Hay sociedades que sacrifican jóvenes. En algunas se los entrega a un dios terrible o a cualquier principio considerado superior. Está en plena vigencia en Venezuela.

En 1999 escribí un artículo titulado «Estado actual de la esclavitud en Venezuela». Hoy puedo apuntar satisfecho que la recluta desapareció tal como el presidente Hugo Chávez me prometió en Miraflores en los primeros días de su gobierno.

Pero hay otro hecho monstruoso que requiere de una acción severa y tan inmediata como la que abolió la recluta: el cese definitivo del sacrificio de jóvenes, que, para vergüenza de todos, no tiene signo político. Sea la Policía de Chacao, los vigilantes de la Universidad Central de Venezuela, la Dirección de Inteligencia Militar, todas las policías han sido señaladas en esta guerra a muerte contra la juventud.

La Constitución de Venezuela no prevé la pena de muerte, pero se aplica. ¿Por qué al recibir su uniforme cada policía considera que se le entrega licencia para matar, como a James Bond? Un alto funcionario del gobierno fue recientemente sometido a una larga sesión de vejámenes, sin que, en la peor arrogancia, ninguna autoridad le haya dado la menor explicación.

¿Por qué este ensañamiento con los jóvenes? Respuesta: porque ser joven en Venezuela es un delito que merece la pena capital, administrada por cada policía cuando se le pegue la gana. Como en Iraq. Como la Metropolitana durante el golpe. Como en la IV República.

Cierto que las autoridades actuaron de inmediato en el enjuiciamiento de los acusados del asesinato de los tres estudiantes de la Universidad Santa María, pero eso no nos libera de responsabilidad. ¿Por qué había que esperar un crimen que toda evidencia hacía presagiar iba a ocurrir? La única redención de este crimen con todos los agravantes es el cese inmediato y definitivo de estas matanzas. Y del matraqueo y del maltrato físico y mental. El solo temor del abuso es ya una crueldad permanente.

El domingo pasado el Presidente estuvo reunido con los «pobres de la tierra» de que hablaba José Martí. Personas que aprenden a leer, ancianos, invidentes, uno preso, todos pobres, los que la sociedad neoliberal considera desperdicio. ¿Verdad que sería bien bueno si además todos los policías se convirtieran en las personas decentes que son, supongo, la mayoría?

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Roberto Hernández Montoya

Licenciado en Letras y presunto humorista. Actual presidente del CELARG y moderador del programa "Los Robertos" denominado "Comos Ustedes Pueden Ver" por sus moderadores, el cual se transmite por RNV y VTV.

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