Notas críticas sobre algunos aspectos de la campaña electoral del presidente Chávez

I.- SITUACIÓN: SALIR DEL MARSAMO DEL TRIUNFALISMO.

Se habla mucho de luchar contra el triunfalismo, el burocratismo, el dogmatismo y el sectarismo en el interior del campo bolivariano. Sin embargo, carecemos de claras coordenadas de orientación para corregir decisivamente estos problemas. Lo más común son las ideas desordenadas, inconexas o superfluas, su mención constante pero no su resolución. Y lo peor es que se van combinando formando un efecto cascada, una suerte de causación circular acumulativa que va generando condiciones de desgaste, descontento y desilusión en el seno de la revolución bolivariana.

En tiempos electorales, cuando está en juego “La Campaña”, pareciera que las voces críticas bajan la santamaria, el grito se convierte en susurro, la rebeldía en murmuración de baja intensidad; las insatisfacciones y malestares se disfrazan de autocomplacencia, surgen las declaraciones de in-conveniencia, y muchas veces, todo esto refuerza no el coraje ni la irreverencia del debate sino la cobardía disfrazada de “lealtad en la acción”. Y es que cuando se pierde la irreverencia en el debate, el famoso “centralismo democrático” leninista se convierte facilmente en el “centralismo burocrático” estalinista. Por mi parte, siempre me ha parecido un bloqueo extremadamente sintomático, suponer que hay uno y sólo un modelo organizativo para avanzar en las tareas políticas de la revolución: el partido de cuadros leninista, como si hoy estos debates ya hubiesen sido saldados a priori, como si no hubiese nada nuevo bajo el sol, la luna y las estrellas. Pero se mueve, dice que dijo alguna vez Galileo.

Y mucho ganarían quienes pretenden hacer una revolución hablando de Heráclito, si sus esquemas y estereotipos son paradigmáticos de habitar el universo de Parménides. Eso es lo más anti-dialéctico que existe, aún bajo una fraseología dialéctica. Y si algo enseñan las dialécticas, que las hay muchas, es la disposición a validar el lugar de la crítica, y si es radical, mejor. Nada más ajeno a la dialéctica que un pensamiento que estimula la sumisión de los espíritus, pués el espíritu tiene entre sus tareas moverse contra sí mismo, desgarrar todos los conceptos e incluso eso que llaman algunos, la certeza sensible. Otros prefieren hablar del sentido común legitimador, de las representaciones sociales y de los esterotipos. Desde el punto de vista de los saberes contrahegemónicos, hay que poner en cuestión cualquier forma de sumisión, de servilismo, de despotismo. Algunos idiotas llamarán a esto “desviación anarcoide”, pues le han puesto límites a las tareas de la crítica radical. Y al ponerle límites se convierten en policias ideológicos y no en políticos revolucionarios, utilizando de modo laxo la distinción de Ranciere ([1]).

II.- DINAMITAR LAS ACTITUDES DE SERVILITUD Y DE LOS FELICITADORES:

En un clima de tal naturaleza, será imprescindible volver a ciertas lecturas, interpretar algunas líneas de Pio Gil cuando hablaba de “Los Felicitadores” por allá en 1911:

“Se puede perfectamente cultivar en un país una cualidad dada, para hacer de ella el distintivo típico del carácter nacional. Los griegos cultivaron el sentimiento de lo bello, y fueron artistas; los romanos el sentimiento del dominio, y fueron conquistadores; los cartagineses el sentimiento del lucro, y fueron mercaderes; los yanquis tienen el culto de la voluntad y son hombres de acción. Los venezolanos tenemos el culto de la servilitud y somos felicitadores.”

Y algo tienen que ver las actitudes “triunfalistas” con la servilitud y los felicitadores. La lisonja de las encuestas no ayuda a salir del letargo. Si con burocratismo, reformismo, sectarismo, dogmatismo y triunfalismo llevamos 20-30 puntos de ventaja en las encuestas, ¿Para qué ponerse a hablar de 3R o de 3R al cuadrado? Todo marcha viento en popa según las encuestas. ¿Pero todo marcha realmente viento en popa? Por allí alguien dijo algo más o menos así, que prefería ser un pesimista victorioso, que un optimista derrotado. Gramsci hablaba del pesimismo de la inteligencia y del optimismo de la voluntad por razones bastante similares.

En política hay que practicar el más descarnado realismo, incluso reflexionar sobre el peor de los escenarios. Y lo peor del triunfalismo es que nos conduce a no pensar ni imaginar escenarios realistas, sino seguir articulados al mundo de las fantasías compensatorias. Obviamente no queremos cosificar una interpretación esencialista de las formas de carácter nacional, pero si problematizar la conexión oculta entre la diseminación de nuestras formas de apego apasionado a los parámetros encubiertos de nuestro mito “cesarista bolivariano”, aún difuminado bajo la institución política del Presidencialismo presente en todo el siglo XX, con cierta promoción del “culto a la personalidad”, que reaparece cada vez que la sociedad intenta identificar al “Lider” que la sacará del charco de sus propios desmanes y fracasos.

Aquí habría que retomar lo dicho por Simón Rodríguez, para distinguir la novedad de ser orginales, y no querer ser simple “calco y copia”:

“Napoleón quería gobernar el género humano: Bolívar quería que se gobernara por sí y Yo quiero que aprenda a gobernarse”. (Simón Rodríguez. Sociedades Americanas,1828)

3.- REVOLUCIÓN: ENTRE EL AUTOGOBIERNO DE MASAS Y EL MERCADEO DEL LIDER.

No habrá revolución sin “autogobierno de masas”, esta es una tesis orientadora de la política revolucionaria. El presunto “caudillimo” atribuido a Chávez puede colocarse en la balanza histórica con el marketing de la imagen mesiánica de Capriles (“El camino es…Capriles”), para interrogarnos justamente sobre esta política de costrucción polimediática del “Lider”; y en este ultimo caso, tratando de desligar la Imagen del candidato opositor de su base orgánica de apoyo político y social, tanto del enjambre de intereses que se mueven en la MUD (el viejo punto fijismo adeco-copeyano), tanto de su militancia estructural en el partido derechista Primero Justicia, ligado al Partido Popular español; como en el apoyo de los intereses de las fracciones del capital articulados a FEDECAMARAS, el Grupo Polar, el llamado Grupo financiero de los 13, hasta las conexiones de servilitud con Washington y con el Uribismo.

¿Cómo compaginar todos estos apoyos con el llamado “Lulismo” y el PT brasileño? ¡Si, como no! No nos llamemos a engaños. Si ciertamente arrimados a la MUD hay algunas individualidades y sectores de izquierda, básicamente ex chavistas saltatalanqueras, socialdemócratas y liberales sociales, todos ellos son vagones de cola y masa de maniobra de una “conducción de derecha”. El carácter de la candidatura de Capriles lo determinan los intereses de clases, grupos y sectores que encarna en su contenido programático, a pesar de todos los disfraces, máscaras, operaciones de marketing y de imagen. El troquelado de clase es estructural, y no hay que perder de vista este hecho para pasar a analizar su empaquetamiento ideológico como imagen de marca promovida bajo la forma de “populismo progresista”.

El linaje ideológico de Capriles hace serie con las viejas tesis anticomunistas del falangismo del PP español, con su adoctrinamiento pasivo y adolescente en Tradición, Familia y Propiedad (TFP), con las dificultades de la juventud copeyana para encontrar un lugar dentro de un partido en crisis en los años 80 y 90. Hacer de PJ un partido atrapa-todo fue la solución que encontraron los jovenes de derecha para tratar de salir de su impasse de identificación organizativa. Y pasar de un partido atrapa-todo a un partido aquí-se-vale-todo fue el saldo de las primeras divisiones de PJ. Su más visible estructura de dirección implosionó en el personalismo de los Julio Borges, Leopoldo Lopez o Gerardo Blyde, mientras otros se encargaban de tareas de desestabilización como prioridad política, como Ramón José Medina o Armando Briquet, como se evidenció en los controversiales sucesos del 11 de abril de 2002. No hay que olvidar a los envalentonados Capriles, López y Ocariz en aquellos días. En todo caso, ¿No fue Julio Borges el que prometía que la oposición no se retiraría de las elecciones parlamentaria del año 2005? Allí podemos contrastar el valor de sus promesas políticas.

Por otra parte, en los momentos electorales, y especialmente en las elecciones presidenciales, parecen reactivarse esos dispositivos de captura de los deseos y frustraciones colectivas, que en la actualidad han gravitado alrededor de las estrategias de marketing político-electoral. Sobre la asesoría de Capriles y la estrategia de triangulación ya hemos mencionado algo (http://www.aporrea.org/actualidad/a138830.html).

Sólo bastaría agregar el análisis de sus últimos montajes y puestas en escena, la incesante busqueda de empatía y conexión con sectores populares descontentos con la gestión del gobierno bolivariano, disfrazarse de chavista desilusionado, asumir un comportamiento demagógico de apropiación de las banderas y consignas de inclusión y justicia social propias del proyecto bolivariano. Este sería sólo el aspecto formal y de fuerza enunciativa, pués si profundizamos un poco en los contenidos de las propuestas y las políticas de Capriles no encontraremos nada distinto a las políticas sociales focalizadas y compensatorias que recomienda el FMI y el BM para atemperar los efectos de los programas de ajuste estructura y estabilización de corte neoliberal (desregulación, privatización, reducción del gasto social, flexibilización laboral, apertura comercial, liberalización económica, descentralización y reforma de estado).

Si hurgamos en concreto, no en las promesas vacias de campaña, sino en la política y el “cómo hacerlo” de las acciones para alcanzar sus promesas, allí veremos el olor de la rancia derecha: Empleo = flexibilización y precarización, Seguridad = represión, Salud y Educación = focalización y compensación, Crecimiento Económico = apología del sector privado, Petróleo = bajar precios internacionales y aumentar producción, Fuerza Armada = fronteras y subordinación a Washington, Estado = desregulación descentralizada, Sector Público = privatización, Misiones = bolsas de comida.

Capriles intenta posicionar como nuevo el experimento neoliberal del gran viraje de CAP II o la Agenda Venezuela de Caldera, pero encubriendo sus contenidos. No debemos olvidar las ofertas demagógicas de “Cambio” en las campañas electorales de CAP II o de Caldera II, utilizando la demagogía progresista para conquistar el voto, y la política neoliberal para empobrecer al pueblo.

Los intentos de Capriles para reconvertir las misiones sociales de Chávez en programas sociales focalizados y compensatorios, omite un eje fundamental de las misiones que ciertamente se ha desdibujado por efecto de la burocratización de las mismas: el empoderamiento y organización popular y comunitaria. Si hay algo que revisar, rectificar y reimpulsar en el seno del campo bolivariano es la línea de trabajo de conexión de las misiones con la organización y consolidación del poder popular. Impedir que se conviertan en aparatos de captura y clientela política: salud, educación, alimentación, vivienda y trabajo son áreas donde debe construirse poderosas zonas del poder popular organizado, para impedir que se reviertan como zonas de política focalizada y compensatoria de rasgos neoliberales. Allí le preparan el trabajo a Capriles los sectores más oportunistas y burocratizados de la “revolución”, los que no saben distinguir derecha e izquierda.

Una revolución no necesita el lenguaje de “los beneficiarios ni de los clientes”, sino el lenguaje de un ejercicio de ciudadanía activa y del poder popular que logre un aprendizaje del auto-gobierno. Si el mensaje de Capriles tiene alguna pegada o efectividad es porque la revolución tiene profundas fallas que la servilitud y los felicitadores impiden corregir. Ningún venezolano o venezolana debería acostarse sin ser expropiado del potencial de su fuerza de trabajo, de experimentar condiciones de vida dignas o ejercer su voluntad de auto-gobierno. Y esa es una tarea revolucionaria en las actuales condiciones, no una tarea de demagogía progresista. El problema es que ha sido un deporte nacional disfrazar a la derecha de izquierda; es decir, hacerse pasar por progresista cuando lo que se defiende es una aspiración individualista de ascenso social desde el punto de vista material. ¿Y quién no quiere vivir cada vez mejor desde el punto de vista material, verdad? El problema es que se utilizan las armas melladas de la explotación, la coerción política y la hegemonía ideológica capitalista para alcanzar el socialismo del siglo XXI. El resultado será profundizar el capitalismo y olvidarse de cualquier “chachara” sobre Socialismo. Este es el pasto de la boliburguesía, importadora, especulativa y financiera como cualquiera otra, y la política de la derecha endógena tan atada a la conquista de prebendas, privilegios, cuotas de poder y la patética imagen del “nuevo rico venezolano”, que quiere ser dueño de un haras y poner a correr a sus caballos en cualquier hipódromo mayamero. Este “Capitalismo de Estado” engorda a una pleyade de nuevos burgueses de medio pelo. De esto no se habla, obviamente.

Del otro lado, el discurso que porta Capriles (elaborado cuidadosamente por equipos de mercadeo político) debe ser escuchado atentamente. ¿Quién es el que efectivamente está reciclando promesas de Chávez? ¿Quién pretende convertirse en un clón de Chávez del año 1998, con atributos de novedad, cambio, responsabilidad, soluciones y cumplimiento de promesas?

La eficacia de su campaña es directamente proporcional al incumplimiento de una auténtica política de revisión, rectificación y reimpulso de las políticas “bolivarianas” hacia los sectores populares. Y digo “bolivarianas” cometiendo un abuso terminológico, pués falta mucho para que puedan llegar a ser “bolivarianas, anti-imperialistas, revolucionarias y socialistas”. En Venezuela siempre se ha abusado de las palabras como se ha abusado de las fantasías electoreras. Tampoco quiero llamarla “política chavista” para no endosarle sus errores exclusivamente a Chávez, aunque él ha manifestado entrelineas que conoce el entramado de desviaciones que le rodean. Sobre este asunto circulan diversos tipos de metáforas, en ausencia de señalamientos directos y precisos: “nido de alacranes”, gustaba decir al fallecido Gral Müller Rojas.

Por tanto, hay que analizar cómo el burocratismo, la corrupción, el nepotismo, el sectarismo, la servilitud y los felicitadores, arruinan la construcción de una política revolucionaria, socialista y bolivariana. Como diría Pio Gil, hay que hacer desaparecer la industria nacional de la “adulación”, la lisonja también críticada por Bolívar. Podría decir Pio Gil: “Cuando bién de la Patria merecería Chávez si hiciera publicar este anuncio tan corto, y de tan incalculable trascendencia moral: El presidente de la República no recibe felicitaciones. Favor abstenerse adulantes y rapaces jalabolas.”

Haría pues mucho coraje para decir lo que Bolívar llamaba la “verdad pura y límpia”: “Sólo usted me dijo la verdad pura y limpia, sin la más pequeña mezcla de lisonja. Los demás estaban deslumbrados con los rayos de mi fortuna.” Simón Bolívar a Fernando Peñalver( [2] ).

Tal vez algunos prefieran vivir de los frutos que le otorgan los rayos de la fortuna de Chávez, pero Maquiavelo sabía muy las vicisitudes de la fortuna. Así mismo, Chávez no se debería dejar engañar y masajear su ego con la fantasía del mito Chávez. Más bién debería preocuparse por los efectos no deseados de la manipulación desvergonzada de su propio nombre.

IV.- CUANDO Chávez NO ERA “CHAVISTA”: ¿Y CÓMO CONQUISTAR A LOS INDECISOS?

Una pequeña genealogía de las ambivalencias de Chávez con el término “chavismo” nos permitirían comprender los bloqueos que genera una definitiva asunción de toda la construcción mitológica que rodea el mito cesarista, así como sus obstáculos para lograr derrumbar lo que Gramsci denominó la separación entre “gobernantes y gobernados”. Considero que una asunción sectaria, dogmática y oportunista del mito chavista, en desmedro de la identificación nacional-popular con la revolución bolivariana sólo tiene capacidad de expansión hegemónica al segmento del voto duro favorable a Chávez. El segmento de descontentos, desilusionados y desencantados frente a la gestión del gobierno bolivariano, así como hacia determinadas actitudes personalistas de Chávez, no podrá ser conquistado por un mensaje y una imagén que le rinden tributo al “culto a la personalidad del Líder”. Existe todo un montaje publi-propagandistico para proyectar la imagen y discurso de Chávez con un estilo político militar-autoritario, ajendo a cualquier idea de “profundización de la democracia”.

Sectores del “chavismo radical” (independiente de si son de derecha o de izquierda) contribuyen a reforzar esta imagen y mensaje del Chávez “autócrata”. Por otra parte, la propensión psico-social de la mayor parte del segmento de los indecisos es favorable a una política democrática con inclusión social, basada en un Estado democrático y social de derecho y de justicia, con pluralismo político y ejercicio de libertades públicas. Se trata de un segmento ideológicamente moderado pero con acento de justicia social, que apoya el cambio, que está cansado de un discurso confrontacional que no resuelve problemas concretos acumulados y que no aborda (ni enfrenta decisivamente) el tema de la corrupción y del abuso de poder. Algunas voces radicales etiquetan a este segmento como un “sector reformista”.

Sin embargo, se trata más bién de un significativo y heterogéneo segmento de opinión, que no se conecta con una política que no aborde sus aspiraciones y demandas concretas de paz, democracia e inclusión social. Es allí donde se abre una brecha entre una política hegemónica de corte autoritario y una política hegemónica de profundo forma y contenido democrático. Si el Socialismo no se convierte en una superación, a la vez que en una profundización del ejercicio de la democracia, la igualdad y el espacio de las libertades, será fácilmente identificado con las experiencias del Socialismo Burocrático del siglo XX. Y el estilo político de la alta dirección estratégica de la revolución bolivariana, incluyendo el estilo político de Chávez, proyecta, encarna y prefigura el modelo de socialismo que se pretende construir.

Como ya lo hemos planteado con los enunciados de Simón Rodríguez, si el momento del Líder (“Napoleón quería gobernar al género humano”) se devora o bloquea el momento de la participación, el protagonismo y el poder popular (“Yo quiero que aprenda a gobernarse”), entonces no es que Chávez sea un pueblo combatiendo por su proyecto de liberación, sino que Chávez sustituye al pueblo que lucha, encarnando una voz única de mando/obediencia, o lo que es peor, un conjunto de apostoles auto-legitimados serián los portavoces cooptados e institucionales del “Líder-Chávez”.

Esta ha sido, por demás, la tragedia de lo que Trotsky denominó los bonapartismos sui generis o progresivos, refiriendose a Lázaro Cardenas en México, para no hablar de Stalin y la “revolución traicionada” (¿Y quien será el ejecutor termidoriano de la revolución bolivariana? ¿Quién será nuestro José López Rega ([3])?).

Una cosa es reconocer el liderazgo de Chávez y de personeros de la alta dirección política de la revolución, otra construir el mito cesarista para fines de legitimación de algunos personeros de la cúpula del PSUV devenido en “partido-maquinaria”. Tal vez convendría releer la siguiente extracto de carta fechada en febrero-marzo de 1993 (“El Chavismo no existe”):

“Venezuela ya esta cansada de ismos y creo que nuestro pueblo ha madurado suficientemente desde el punto de vista político para que se le siga faltando el respeto. El despertar huracanado que sacude al país desde el 4 de febrero de 1992, es producto de la toma de conciencia colectiva, que ha permitido a los venezolanos convencerse de la tremenda fuerza soberana que poseen. Soy un convencido, desde hace bastantes años, que la historia tiene sus leyes generales que orientan la evolución de los pueblos y las naciones. Y muy poco es lo que un individuo de “carne, hueso y espíritu” puede hacer, para conducir tales corrientes arrolladoras. Mucho menos puede un hombre pretender cambiar el curso de los acontecimientos históricos. Ya lo decía nuestro máximo Líder, el general Simón Bolívar en Angostura, por allá en 1819: - en medio de este piélago de angustias no he sido mas que un vil juguete del huracan revolucionario que me arrebata como a una débil paja…-. Así que llamar “chavismo” al fenómeno colectivo pos-4f, reflejado en cientos y cientos de manifestaciones de rebeldía, de protestas pacíficas y violentas, que han resquebrajado al viejo régimen a nivel de sus estructuras, creo que al menos, significa menospreciar las capacidades de percepción de las realidades que ha adquirido nuestro pueblo en su desarrollo histórico. Ahora bién, el MBR-200 si seguirá estimulando y promoviendo acciones diversas contra el régimen, para evitar que caigamos nuevamente en el letargo.” (Yare; 1993)

Luego el 11 de mayo de 2006, Chávez había sintetizado elementos de formación asociados a algunas tesis de Plejanov, en su texto: “El papel del individuo en la historia”: “Los hombres individuales sólo somos circunstanciales, podemos ser como los aceleradores, como catalizadores quiza, orientadores, pero la masa es lo importante, el combustible de la maquina de la historia es la masa, en un pueblo organizado, lo mejor que se puede, consciente y en movimiento permanente”.

¿Acaso no hay mayor contradicción entre el mito cesarista-chavista y el papel del pueblo organizado, conciente y movilizado, que invertir los términos del debate y pasar olímpicamente de Plejanov a la necesidad de un “Líder Plebiscitario” que monopolice el poder concentrado?

Quien pierda estas mínimas coordenadas, además de desvalorizar el despertar huracanado del pueblo producto de la toma de conciencia colectiva de la tremenda fuerza soberana que posee, también nos lleva a establecer homologías estructurales entre el “chavismo” y fenómenos históricos como el cardenismo, el peronismo o el velasquismo, tres experiencias que mostraron las dificultades para establecer la continuidad de sus ideas y principios más allá del ciclo vital de sus Líderes históricos. Además, valorizar al “chavismo” como componente central de un mito cesarista progresivo, nos lleva a minimizar la significación histórica de la revolución bolivariana, y más aún de una revolución socialista inspirada en la democracia radical, sin cesares ni redentores, como explícitamente lo afirma las líneas de la Internacional:''Ni en dioses, reyes ni tribunos, está el supremo salvador. Nosotros mismos realicemos el esfuerzo redentor''. Nosotros, la multitud, el pueblo trabajador no somos “masa de maniobra" ni rebaño electoral:“Soplemos la potente fragua que el hombre libre ha de forjar.” Lucha contra las tiranías. La letra original de Pottier dice: “No hay salvadores supremos: ¡Ni Dios, ni César, ni tribuno, Productores, salvémonos nosotros mismos! ¡Decretemos el bien común!” (Il n'est pas de sauveurs suprêmes : ¡Ni Dieu, ni César, ni tribun, Producteurs, sauvons-nous nous-mêmes ! ¡Décrétons le salut commun!).( http://www.aporrea.org/ideologia/a125190.html)

Hay que dejar constancia que sin bién Chávez ha asumido al chavismo como sentimiento popular y como condición de la política de masas, también ha mostrado ciertas dudas y escepticismo cuando se ha asociado a una suerte de “culto a la personalidad”. Podriamos decir que Chávez ha fluctuado, como todo humano entre el narcisismo y la posibilidad de autocrítica. El problema es que la lisonja y la adulancia inclinan la balanza hacia el extraño sindrome identificado por Carlos Matus cuando hablo del “Líder en su jaula de cristal” en su memorable texto ¡Adiós, Sr Presidente! Estoy convencido que en vez de leer el “Oráculo del Guerrero”, el Presidente Chávez debería pasearse por las líneas de este maravilloso texto.

Algunos sectores de derecha del chavismo pretenden legitimar la tesis de que el problema es el ultra-izquierdismo y que el mito cesarista no tiene nada que ver con la poca capacidad de expansión hegemónica sobre los segmentos indecisos. La izquierda revolucionaria convencional supone que el problema es que hay demasiado reformismo, demasiadas armas melladas del capitalismo en la revolución, sin ofrecer política acertada alguna para ir por los indecisos e ir mas allá de los dogmas y sectarismos de la izquierda clásica. El problema, desde nuestro punto de vista, es que sectores de derecha militar y económica presentes en la revolución bolivariana, así como sectores de la izquierda revolucionaria histórica comparten el mismo juego de lenguaje y forma de vida que blqouea el ejercicio de la democracia participativa y protagónica. Ambos sectores son proclives al autoritarismo, al ejercicio cupular y a los privilegios a su manera. Y las actitudes de promoción de formas de Estatismo autoritario de ambos sectores bloquen cualquier idea de Estado radicalmente democrático. Se convierten junto al mito cesarista en poderosos factores de rechazo y des-identificación hacia la revolución bolivariana.

V.- CENTRO DE LUCES: ¿QUIÉN PROYECTA LA MAYOR FUERZA MORAL E INTELECTUAL?

De manera que unos y otros bandos se acusan mutuamente de personalizar en extremo la campaña político-electoral, de proyectar imágenes, discursos y narrativas bordeadas de “mesianismo”, exponenciadas por la intrusión de los dispositivos mediáticos y la telepolítica. Lo que no se dice, es que así se desdibujan dos asuntos sustantivos para lograr aquello que un humilde (y al final de su vida, desdichado) Bolívar pensaba:

“Seguramente la unión es la que nos falta para completar la obra de nuestra regeneración. Sin embargo, nuestra división no es extraña, porque tal es el distintivo de las guerras civiles formadas generalmente entre dos partidos: conservadores y reformadores. Los primeros son, por lo común, más numerosos, porque el imperio de la costumbre produce el efecto de la obediencia a las potestades establecidas; los últimos son siempre menos numerosos aunque más vehementes e ilustrados. De este modo la masa física se equilibra con la fuerza moral, y la contienda se prolonga siendo sus resultados muy inciertos. Por fortuna, entre nosotros, la masa ha seguido a la inteligencia”. (Carta de Jamaica. 1915)

¿Pero que ocurre, si por desgracia, la masa no sigue a la fuerza moral e intelectual, por la intrusión decisiva del marketing político-electoral? ¿Qué ocurre si el imperio de inveteradas costumbres y nuevas mañas de la sociedad del consumo, fosilizan el efecto de obediencia a las potestades establecidas, culminando con una entronización de lo que Pio Gil llama la servilitud? ¿Qué ocurre si el poder constituyente se diluye en un estado que se presenta a sí mismo bajo el estandarte de una revolución o una alternativa que manosea la vieja consigna moderna del “progreso”? Escuchando a Ramón Guillermo Aveledo decir ¿Quién no quiere el progreso? uno termina sintiendo que todavía aquí no se han enterado de todos los debates contemporáneos que han llevado a decir “adiós a la mitología del progreso moderno”. Como seguir hablando desvergozadamente de progreso en medio de una sociedad de riesgos manufacturados por condiciones antropogénicas. Escuche a Aveledo y pense en Hiroshima, Nagasaki, o recientemente en el fósforo blanco lanzado sobre Gaza. Incluso en el sindrome de las “vacas locas”. Con todo respeto, ¿Será Ramón Guillermo Aveledo una “vaca loca” del progreso?

Cuando uno se acerca al abismo corriendo de espaldas, tal vez conviene regresar y no progresar en aquella dirección. Depende de nosotros validar si efectivamente estamos mejor o peor que antes. Si Capriles significa mejorar o empeorar, o si Chávez significa mejorar o empeorar. Como dice el amigo de Quiosco, en esta oportunidad tendremos que escoger “el menos majunche”, pues al parecer le queda claro con este enunciado que el más Majunche es Capriles. Y su quinismo plebeyo también me dice que no todo está bién en la revolución bolivariana. Que si no rectificamos o corregimos terminaremos siendo una revolución majunche. ¿Lo permitiremos acaso? Aún ganando Chávez, el tema de fondo será que hacer con esta “revolución” después del 8-O. ¿Qué haría usted estimado o estimada lectora?

Ciertamente, es la unidad nacional para una independencia efectiva la que nos falta, para completar la obra de nuestra regeneración, palabra que no puede confundirse con corrupción, decadencia o descomposición. ¿Donde ubicar a los más vehementes e ilustrados reformadores morales e intelectuales, aquello que llamaba Gramsci el “intelectual colectivo” de una revolución, cuyo proósito es construir el proyecto de un pueblo-nación?

Ciertamente, habrá que recordar en que contexto se profería aquella frase tan repetida: ¡vacilar es perdernos!:

“¿Qué nos importa que España venda a Bonaparte sus esclavos o que los conserve, si estamos resueltos a ser libres? Esas dudas son tristes efectos de las antiguas cadenas. ¡Que los grandes proyectos deben prepararse con calma! Trescientos años de calma ¿no bastan? La Junta Patriótica respeta, como debe, al Congreso de la nación, pero el Congreso debe oír a la Junta Patriótica, centro de luces y de todos los intereses revolucionarios. Pongamos sin temor la piedra fundamental de la libertad suramericana: vacilar es perdernos.” (1811)

Retomemos en profundidad algunos enunciados: “Pongamos sin temor la piedra fundamental de la libertad suramericana”, “estamos resueltos a ser libres”, “las dudas son tristes efectos de las antiguas cadenas”, “trescientos años de calma ¿no bastan?”. Estas palabras pudieran ser importantes antídotos frente a la fosilización conservadora de los usos y las costumbres políticas, empaquetas como novedades por efecto del marketing electoral. ¿Acaso es nueva la vieja ideología del capitalismo liberal, o la entrega de bolsas de comida para reactivar una suerte de “leyes para pobres” [4] a la Venezolana?

Cuando Bolívar califica a la junta patriótica de centro de luces y de todos los intereses revolucionarios, ¿no hablaba acaso de lo que por convención establecida llamamos “vanguardía política” o “dirección revolucionaria”? ¿Dónde reside hoy esta “junta patriótica”? ¿En un medio de comunicación, en una camara empresarial, en una embajada extranjera, en un cogollo partidista, en un cesar progresivo? ¿acaso 500 años no bastan para reconocer que el pueblo indo-afro-americano no ha construido sólidos fundamentos para darle existencia a una dirección colectiva revolucionaria para una auténtica revolución democrática ininterrumpida? Hay muchas tareas políticas por realizar. Lo sustantivo sigue pospuesto. Por ahora: carnaval electoral, verborrea de promesas, ingeniería de imágenes deseables y proyección de fantasías. ¿pero luego del 8-O, que?

Si lo que está en juego es la independencia efectiva y la construcción socialista, no es poca cosa. Si lo que esta en juego es el el “desarrollo humano integral sustentable”, fórmula con cierto tufo tecnocrático para mejorar las condiciones de vida materiales y espirituales de venezolanos y venezolanas, hay que abordar en el algún momento lo sustantivo. A menos que, fuerzas conservadoras de allá y acá, pretendan tergiversar la experiencia revolucionaria en la simulación de un hecho constituido, pues tanto la derecha de allá como la de acá manosean el termino “socialismo” sin mucho pudor, convocándonos a una sucesión de simulacros:

“Todo se ha conspirado en Venezuela para producir el apocamiento del carácter. El periodismo en manos de los ganapanes y la política en manos de los explotadores, han establecido este régimen de aplauso incondicional que a los explotadores han tributado siempre los ganapanes. La vileza se premia tanto como se castiga la altivez. La lealtad a los magistrados consiste en ocultarles los peligros, no en descubrírselos. Se busca para los puestos públicos, no a los hombres honrados, que serían unos censores, sino a los pilletes, que son unos instrumentos. A los tribunales van, no los hombres incorruptibles, que protegen a la sociedad, sino los Delgados Garcías y Panchos Niños que absuelven a los criminales. Se proscribe a los hombres inflexibles, y se utiliza a los hombres dúctiles. Se enseña que en matemáticas la línea recta podrá ser el camino más corto entre dos puntos, pero que en política, el camino más corto es la línea tortuosa. Se tiene a la austeridad como una gran tontería, y a la desvergüenza, como una gran viveza.” (Pio Gil. Los Felicitadores)

Por tanto, una revolución de nuestras características está condenada al fraso estrepitoso si se autoengaña en la tesis de que ha construido ya el socialismo, así como la oposición fantasea con el “totalitarismo comunista-fascista”, cuando se refiere al viejo carril de las experiencias nacional-populares latinoamericanas. Allá ellos con sus fantasmas, pero nosotros que habitamos el horizonte de un posible socialismo de la democracia radical, no nos podemos dar el lujo de reproducir en el seno de la revolución bolivariana lo siguiente: “hay que cumplir con el rito de la adulación a todo trance, impuesto por los felicitadores de profesión”.

¿Acaso no estaba identificando directamente el burocratismo Pio Gil cuando señalaba?:

“Las felicitaciones vuelan alrededor del cuadrúpedo que ocupa algún escalón en la jerarquía administrativa, para producir desvanecimientos a estos infelices de cerebro débil, que sienten el vértigo de las pequeñas alturas, y se creen unos Alejandros cuando han trepado algunos peldaños en la escala del éxito.”

¿Y no estaba hablando se sectarismo cuando afirmaba que?: “Los hombres sabios disminuyen en Venezuela, en la misma medida en que se multiplican los doctores y condecorados con el Busto. Para proveer un empleo o habilitar para una profesión no se averigua si los candidatos sirven o no sirven, sino si son o no partidarios con un partidarismo demostrado con una felicitación. Con tal que sean partidarios, aunque sean unos asnos. Y porque son partidarios, nada más porque son partidarios, se sienten en las altas curules de los Congresos, de los Ministerios y de los Tribunales de justicia.”

Cuando se habla tanto de “lealtad revolucionaria a toda prueba”, se confunde la lealtad a los principios junto a la rigurosidad crítica de los conceptos, con las veleidades y ductilidad de carácter; y es allí entonces donde será recomendable pasearse por la siguiente frase:

“Los que han felicitado llenos de alborozo a Gómez por el fracaso del atentado del invicto, estarían felicitando al invicto si el atentado le hubiera salido bien. Los que hoy adulan a Gómez, mañana denigrarán de él. Quien lea tantos juramentos de lealtad, se asombrará de saber que Venezuela es actualmente un hervidero de traiciones (…)”

VI.- EN DESACUERDO CON EL MITO CESARISTA:

Sospecho de los adulantes, de los constructores y quienes usufrutan el mito cesarista. El chavismo a conveniencia me parece despreciable de cabo a rabo. Insisto en que lo ha valido la pena es intentar recuperar algun sentido específico de la revolución bolivariana, articularla a otro tipo de construcción socialista alejada de los Socialismos Burocráticos del siglo XX. No es conveniente encandilarse con grandes personalidades históricas (Lenin, Trotsky, Fidel, Guevara) si las condiciones de las multitudes siguen siendo de explotación, sumisión y servilismo ideológico. Si no superamos la pedagogía política del opresor y el colonizador, ¿Cómo construiremos una pedagogía política de la liberación y la esperanza? ¿Cómo haremos efectivo el horizonte de la democracia radical?

La recomendación de Pio Gil era muy clara: “Se iniciaría el período de la convalecencia nacional, de la transformación de una satrapía de lacayos en una nación de ciudadanos”. ¿Acaso no era esta la esperanza de Simón Rodriguez y de Simón Bolívar?: construir ciudadanía sin servilismo ni felicitadores. Y conste que esto apunta no a una crítica destemplada contra algunas dimensiones del gobierno bolivariano, sino contra toda la “clase política” (de gobierno y oposición) que incuba en su seno esa machacada servilitud y descomposición. Por eso, y me disculpan que hable en primera persona, sospecho de casi todo cuando me hablan desde el lugar del “triunfalismo”:

“Los aduladores de vocación han hecho de la vileza una virtud que se premia con toda clase de favores y de la austeridad un crimen que se persigue con toda clase de castigos. Así es como se explica el elogio monótono a los gobernantes, que ha producido una especie de hipnosis en la conciencia nacional. Y todas estas felicitaciones arrancadas por la paga, por la conveniencia o por el miedo, son infinitamente falsas. La adulación tiene un reverso sombrío: la traición. Judas besó a su Maestro antes de entregarlo. Detrás de todo adulador, fatalmente se esconde un traidor.”

Sería preciso comenzar por las definiciones más básicas para retomar de un plumazo el sentido de una consigna: ¡Hay que demoler el triunfalismo en el seno de la revolución bolivariana! Pues el triunfalismo tiene formas de expresión y contenido: esa sobrestimación de la seguridad en sí mismo, de la superioridad de nuestra fuerzas respecto a la oposición de derecha, fundado en el optimismo exagerado y expresado desde una manifestación pomposa, dando por supuesto que todo va viento en popa, que no hay que ejercer la crítica radical en el seno de la revolución, todo esto debió ser desterrado de nuestras conciencias el día en que lamentablemente escuchamos aquella frase tan arrogantemente falsa sobre los resultados de las parlamentarias del año 2010: ¡Victoria contundente! Esa fue la madre de todos los auto-engaños.

VII.- ALGUNOS LABERINTOS DE LAS TÁCTICAS DE CAMPAÑA DE LA CANDIDATURA DE DERECHA:

Debemos conocer a fondo la estructura de argumentación de la campaña comunicacional opositora, así como la activación de importantes resortes afectivos y pasionales. Para estos sectores, no hay ninguna razón para que el gobierno haya revertido la tendencia que cristalizó en las elecciones parlamentarias del 2010. La oposición pretende catapultar este resultado de 2010, para transformalo en una proyección hacia un enfrentamiento plebiscitario contra Chávez el 7-O. Así mismo, la oposición proyecta la tesis de “desgaste terminal” del gobierno bolivariano, lo que le impide aproximarse a un resultado semejante al año 2006. Cualquier resultado semejante al año 2006 será señalado como “fraudulento” por la oposición.

También la oposición ha denunciado la utilización fraudulenta de encuestas, como una táctica destinada a erosionar la moral del “ejército enemigo”. Al ser situada “la brecha” que separa a Chávez y Capriles por sobre el 20%, para la oposición “el gobierno excedió sus propios excesos”. Sí la tendencia electoral indicada por los estudios de opinión comienzan a mostrar signos inequivocos de disminución de la brecha propaganizada por el gobierno, entonces a los personeros del alto gobierno se les presentará el dilema de informar sobre la veracidad de los mismos, aceptando un recorte significativo de la brecha; o mentir descaradamente, lo que afectará la credibilidad de sus mensajes de cara al 7-O.

El agran acertijo a develar será: ¿Cómo puede ser posible si la tendencia de la oposición ha sido desde hace años ascendente y de pronto, sin mediar ningún motivo, desciende abruptamente?
La oposición ejecuta su propia plan de cristalización de escenarios en la opinión pública, planteando la tesis que la campaña debe ser más que racional, emocional, y todos los informes de las demostraciones de campaña opositora indican que el mensaje está dirigido a la emocionalidad, el entusiasmo, el fervor ante la candidatura de Capriles. La oposición saldrá a votar el 7-O por un “sentimiento mágico” anti-Chávez.

No hay que subestimar que la candidatura de Capriles es respaldada por un frente político unitario, con un programa común y con una dirección aceptada. Que Capriles fue designado como resultado de concurridas primarias las que le otorgaron una alta mayoría.También en la oposición se proyecta la tesis de que en la oposición “los abstencionistas”, ha dejado prácticamente de existir. Además el uso retórico del discurso de reconciliación,pretende capturar el voto de los indecisos.

Es preciso analizar cuatro aspectos que pueden incidir positivamente en la mejora de la campaña bolivariana frente a la campaña de derecha:

(a) imagen, mensaje y discurso;

(b) proyección y posicionamiento de logros de la gestión del Gobierno Bolivariano; (c) campaña sobre candidatura y campo opositor;

(c) estructura organizativa de movilización de campaña bolivariana;

A) IMAGEN Y DISCURSO:

La imagen de Hugo Chávez y los poderosos factores de identificación (positiva o negativa) que moviliza han estado enmarcados por la evaluación de su situación de salud y la intensidad de su participación en la campaña electoral. El hecho de mostrar atributos positivos de plena recuperación, mayor fuerza, vitalidad, alegría, entusiasmo, optimismo, confianza, inteligencia, capacidad de comunicación, sensibilidad popular, conexión emocional, voluntar de vivir y luchar son anclas positivas para proyectar y posicionar una candidatura con cualidades necesarias para derrotar la candidatura opositora.

La candidatura opositora moviliza como anclas de la imagen de HCR los valores de jovialidad, novedad, vitalidad, capacidad de escuchar, empatía, inclusión y proyección de esperanza. Sean o no ciertos estos atributos, éste ha sido la actuación (performance) de la proyección de imagen de su candidatura. Del análisis de una muestra cualitativa de intervenciones públicas, su mensaje verbal y no verbal pretenden construir una imagen de contraste entre valores-fuerza:

CHAVEZ

CAPRILES

VIEJO

NUEVO

ENFERMO

SALUDABLE

ATRASADO

PROGRESISTA

EXCLUYENTE

INCLUYENTE

INTOLERANTE

TOLERANTE

POLARIZADOR

RECONCILIADOR

AUTORITARIO

DEMOCRÁTICO

PROMETEDOR

CUMPLIDOR

HABLA

HACE

PASADO

FUTURO

TOTALITARIO

PLURALISTA

MANIPULADOR

DIALOGANTE

Evidentemente, se trata de una estrategia opositora de construcción de una imagen positiva propia (y negativa de Chávez) donde intervienen matrices de opinión y dispositivos poli-mediáticos de publicidad, propaganda y acción psico-social (guerra psicológica). Cabe destacar que no formulamos juicios sobre el potencial de eficacia simbólica y legitimadora de la campaña opositora, sino que establecemos las condiciones, reglas y gramática de producción de signos, significados y representaciones que intentan posicionar poderosas anclas de identificación imaginaria y simbólica para ambas candidaturas, con mensajes de contraste y estrategias de diferenciación de liderazgos.

Los correctivos de la campaña bolivariana dependen de su capacidad para desarticular esta narrativa opositora y su proyección imaginaria, basada en oposiciones diferenciales contrastantes; para apoderarse de la iniciativa estratégica en el campo de la imagen y el discurso para subvertir, re-significar y revertir la cadena de combinaciones y selecciones discursivas, tanto verbales, como escritas y audiovisuales, que tratan de fijar y condensar atributos positivos en HCR y atributos negativos en HCHF.

La crítica que realizamos es que HCHF ha presentado intervenciones públicas donde ha predominado una acción reactiva que se concentra en reaccionar a la agenda temática opositora, a intentar descalificar la imagen y el mensaje de la candidatura derechista, haciendo excesivo énfasis en la campaña negativa y visibilizando desproporcionadamente a la candidatura opositora. Por tanto, es preciso concentrar esfuerzos en la campaña bolivariana afirmativa, pro-positiva, con emociones positivas, con contrastes que hagan énfasis en los logros propios y menos en el manejo exclusivo de los atributos negativos de la candidatura opositora, impidiendo cualquier identificación del adversario con la narrativa de la “victimización”.

Además, es preciso tratar la candidatura de “Capriles” fuera de un marco de personalización, identificándolo en el conjunto ideológico, político y organizativo del universo opositor de derecha: elites, cogollos, oligarquías, burguesías, lacayos, agentes del imperialismo. No se trata de atacar a “Capriles” como persona, sino como representante-disfraz de los intereses de la derecha.

Por otra parte, la candidatura bolivariana debe recuperar y apropiarse de formas discursivas y fuerzas enunciativas que le permitan proyectar y posicionar una candidatura con una clara línea de sensibilización, politización y entusiasmo de masas que se apropia del futuro, desalojando en lo posible la imagen del candidato derechista de los marcadores temporales de la esperanza y asociándolo al proyecto histórico de la derecha, sobremanera con las tesis neoliberales y con la defensa del capitalismo norteamericano.

Así mismo, la candidatura bolivariana debe recuperar el poder de evocar continuamente el “proyecto de justicia social e inclusión social”, re-conectándolo con imágenes concretas y palpables para la sensibilidad y el mundo de vida popular. Se trata de posicionar en toda oportunidad vivencias populares (voces, rostros, experiencias) que expresan que estamos avanzando-profundizando el proyecto de inclusión y justicia social, encarnado directamente en la figura de Chávez y en el proyecto socialista, como leitmotiv de la campaña.

La campaña debe tener por tanto un acento social y popular, además que la política revolucionaria debe ser el instrumento de lucha para el logro del bienestar y el buen vivir, expresados en términos bolivarianos como conquista de la “suprema felicidad social” y la “dignidad humana”.

Los logros y conquistas sociales alcanzadas hasta ahora deben ser parte de una secuencia de políticas y acciones que deben tener una clara continuidad y profundización en el futuro; de allí la importancia de conquistar el valor de la “estabilidad, paz y continuidad de la política revolucionaria”. Se trata de anclar la representación de una revolución pacífica con profundo contenido democrático, lo cual significa activar el protagonismo y participación directa de la soberanía popular.

Se trata además de una revolución económica cuyo norte es el logro de la suprema felicidad social: bienestar, buen vivir, consumo responsable, la economía al servicio del desarrollo humano, la justicia y la inclusión social.

Así mismo, debemos reconocer que la candidatura derechista pretende posicionarse en el espacio imaginario del “futuro”, pretendiendo colocar a Chávez en el lugar del “pasado”. A partir de allí opera toda una sedimentación de prejuicios y representaciones contra “el pasado, lo viejo, el incumplimiento de promesas y la perdida de sentido de futuro” de HCHF.

Este tipo de campaña tiene dos poblaciones-objetivo fundamentales: el segmento de jóvenes con escasa referencia del pasado neoliberal y punto-fijista; y la manipulación de las expectativas de ascenso social de las mujeres de todos los estratos sociales, en función de desprestigiar cualquier posibilidad de conexión de oferta de “futuro mejor” asociada a la imagen de HCHF. Se manipulan así el campo de las aspiraciones y expectativas sociales de importantes segmentos de votantes.

Por otra parte, la candidatura de HCR intenta lograr articularse a una política popular tratando de robarse las “banderas sociales” de la revolución bolivariana, a pesar que su oferta programática y sus contenidos ideológicos pertenecen rigurosamente al espectro de la centro-derecha, bajo una retórica disfrazada de “izquierda democrática y progresista”. Así mismo, HCR pretende desdibujar su participación activa en acciones de derecha: desestabilización, conspiración, golpe de estado, sabotaje petrolero, desconocimiento del árbitro electoral, retiro de candidaturas opositoras en el año 2005.

El discurso y la imagen de la candidatura opositora, se presenta a sí-misma como una suerte de “centrismo progresista”, formando parte de las tácticas para desplazar a Chávez en el espacio de la “izquierda radical, autoritaria y atrasada” y a HCR en el espacio de la centro-izquierda histórica venezolana.

De tal manera, la candidatura bolivariana debe hacer todos los esfuerzos de comunicación política necesarios para apropiarse del espacio del “nacionalismo-popular de izquierda, radicalmente democrático y participativo”, colocando a HCR en su espacio ideológico de pertenencia en el espectro de la derecha neoliberal y aliada a los intereses imperiales, intereses que atentan contra la soberanía nacional, además contra la plena recuperación soberana de los recursos estratégicos del país: Energía y Petróleo, Agricultura, Ganadería, Industria Nacional, Comercio y Servicios. “Capriles es el Candidato de la privatización y la desnacionalización, entregando al país al capital extranjero y los grupos monopólicos venezolanos”.

Otro de los comentarios críticos es que no se ha hecho suficiente énfasis en la campaña bolivariana en hacer visibles aspectos programáticos de la oferta de HCR, asociados a imágenes concretas de pérdida de derechos y deterioro de las condiciones de vida de los sectores mayoritarios del país, con especial énfasis en los trabajadores, campesinos, sectores populares, capas medias profesionales, jóvenes, mujeres y sectores vulnerables e históricamente excluidos: pueblos indígenas, afro-descendientes, tercera edad, jubilados, motorizados, pobladores de los barrios, sectores informales, etc. Es preciso que Chávez sea asociado a conquistas sociales y derechos colectivos, mientras Capriles a perdidas sociales y violación de derechos del pueblo.

Sólo en las últimas intervenciones se percibe una clara línea de ataque bolivariano que ha aprovechado el análisis de las devastadoras consecuencias de las políticas neoliberales en Venezuela, América Latina y el mundo para las capas medias profesionales, para los pequeños y medianos productores del campo y de la ciudad.

En términos de ámbitos críticos afectados por las visiones capitalistas y neoliberales hay que señalar: políticas salariales, estabilidad laboral y creación de empleos, pensiones y jubilaciones, servicios gratuitos de salud, educación, acceso a bienes y servicios, especialmente a la alimentación, apoyo gubernamental y crediticio para las políticas de vivienda, mejora de los servicios públicos, reducción del costo de la vida y abatimiento de la inflación, financiamiento del consumo necesario y el ahorro para el buen vivir, financiamiento del sector de pequeña y mediana empresa, todos son aspectos que se han desdibujado de la campaña pro-positiva y afirmativa de la revolución bolivariana, concentrándose en la campaña negativa hacia la candidatura y la agenda temática de HCR.

Estos “temas de campaña” deben trabajarse con un fuerte componente emocional afirmativo, dialogante, de sensibilidad de la candidatura bolivariana con las necesidades y aspiraciones sentidas de la población, quién puede intercalar la función de recibir y reflejar el mundo popular, así como dirigir pedagógicamente la politización e identificación hacia la opción bolivariana.

B) TRATAMIENTO DE LA CANDIDATURA DE OPOSICIÓN:

Lo primero a destacar es que el discurso de Capriles es acertado, en el sentido de que obedece o es perfectamente coherente con la estrategia de desgaste opositora, buscando establecer una relación de interlocución con: (a) la base social anti-Chávez, (b) la base social indecisa, (c) la base descontenta del chavismo. De allí el énfasis que pone en los problemas de la población, y el intento que hace por proyectar la imagen de un candidato que entiende que “hay que subir cerro” y “hay que ir a ver los problemas”.

Consideramos que es vital partir del reconocimiento de esta fortaleza. La eficacia del discurso de Capriles viene dada por su capacidad para conectarse con el malestar social, independientemente de que, para lograrlo, recurra al desconocimiento de los cambios ocurridos durante la revolución bolivariana.

Hay que aprovechar su debilidad principal: su escasa capacidad para articular una oferta electoral de carácter popular que no recaiga en la oferta de políticas focalizadas y compensatorias de corte neoliberal. Capriles no quiere poder popular, quiere pueblo-clientela, o como ha dicho Chávez recientemente, “mendigos”.

No hay que caer en el tratamiento del tema central de Campaña de Capriles: énfasis en el tema de la inseguridad como responsabilidad exclusiva del gobierno nacional. Frente a la prioridad de agenda temática de oposición, hay que tener una agenda de temas prioritarios propios, que enfaticen nuestras fortalezas y proyectos-bandera.

Debemos denunciar la demagogia efectista y los enunciados abstractos de HCR. Su oferta de cambios es nebulosa, tratando de captar anhelos poco estructurados de la población. Repite reiteradamente: “Después de 14 años…”. Es preciso señalar que el programa ideológico de quien se dice a sí-mismo “candidato nuevo”, es una ideología no sólo vieja sino retardataria y en decadencia, que pone en peligro la vida misma de la humanidad y el planeta.

Debemos desenmascarar el discurso que manipula el miedo en la campaña opositora. Claramente, busca movilizar a partir de la sensación de vulnerabilidad y riesgo de la población (que es exactamente de lo que acusa al gobierno nacional). Junto a este uso retórico del “miedo”, tenemos su rechazo a la “resignación” que, según dice, induce el gobierno: “Nosotros no podemos vivir con miedo”.

En materia de seguridad, a pesar de que HCR plantea que tiene “un plan orientado a la prevención”, es preciso denunciar que Carriles pretende manipular el malestar por situaciones de inseguridad con una justificación de la represión al estilo de Alvaro Uribe en Colombia o Pinochet en Chile.

Frente a un discurso que apuesta a la desideologización y a la despolitización es preciso convocar permanentemente a la educación y formación política del pueblo venezolano.

Por tanto, la respuesta más eficaz parece seguir siendo la audacia en el reconocimiento de las propias fallas y el desarrollo de la capacidad para vincular programa con problemas concretos. También, por supuesto, seguir haciendo visible el carácter de clase, su sumisión a los intereses de la derecha y Washington de la candidatura de Carriles, ya que carece de idea-fuerza de poder popular, la participación y el protagonismo popular está ausente de su discurso, en contraste con el discurso de Chávez.

C) LOGROS DE LA ACCIÓN DE GOBIERNO:

Sería absurdo suponer en los hechos que hay que caer en la demanda opositora de separar tajantemente campaña electoral con proyección de los logros de la gestión de gobierno. Un gobierno que pretende reelegirse debe mostrar avances, logros, resultados, conquistas, balance positivo de gobierno como elemento de campaña electoral. Esto significa que en los actos de campaña hay que hacer mención constante a los logros positivos, a lo que falta por hacer, a los correctivos que hay que tomar, y asumir un tono dialogante con el pueblo para implicarlo en la gestión de gobierno porvenir.

La constante referencia del candidato derechista de que "Este gobierno no tiene nada nuevo que ofrecer", debe contra-restarse con la frase: “Este gobierno tiene mucho por hacer para consolidar la independencia y construir el socialismo”. Es evidente que el candidato opositor trata de cabalgar sobre concepciones sobre lo viejo muy comunes entre los venezolanos y venezolanas; y que pretende hacer resonar las populares frases de "Ya dio lo que tenía que dar", "No se le puede pedir más", "Está cansado". Se trata de una estrategia discursiva planificada, que intenta dialogar con el malestar ante problemas insatisfechos o expectativas nuevas, descalificando la gestión del gobierno, en cambio, como agotados, cansados, inoperantes, ineficientes. Posiblemente la mejor respuesta a esta estrategia (en términos de campaña masiva) sea también el recurso a frases comunes y humorísticas que desacrediten lo nuevo y revaloricen al gobierno (pero sin acoger la palabra "viejo").

Chávez debe impulsar su propia línea de entusiasmo y politización hacia su gestión de gobierno, proyectando imágenes concretas que serán realizadas en el avance de la revolución, además de defender los logros y conquistas hasta ahora alcanzadas. No puede permitir que Capriles intente controlar los marcadores temporales del futuro y de la esperanza, pues Capriles sabe que no le conviene hablar del pasado cuarto-republicano ni de la historia del país. Por eso Capriles se concentra en el futuro, en la colonización del imaginario con un mensaje de “progreso”.

Respecto del asunto de la necesidad de hacer visible la obra de gobierno, sobre todo aquellas acciones de profundo impacto en la justicia y la inclusión social, es muy oportuna la argumentación que hace Chávez justificando las cadenas presidenciales. Decimos oportuno porque, después de todos estos años, parte de la población puede haber llegado a “olvidar” que éstas tienen su razón fundamental de ser en la violación sistemática del derecho a estar informados del pueblo venezolano que perpetran los medios privados, con claros fines políticos. Por supuesto, Chávez no podría afirmar (como no lo ha hecho) que no le quedó otra alternativa, porque sería adoptar un tono defensivo que no viene al caso. Al contrario, lo que corresponde es emplazar con firmeza a los medios privados, más o menos en los términos siguientes: ¡Digan la verdad! ¡Reconozcan los logros del gobierno bolivariano! Sin embargo, hay que apuntalar una campaña comunicacional sobre logros sociales del Gobierno Bolivariano, independientemente de cualquier chantaje de “ventajismo oficialista”.

D) ORGANIZACIÓN POLÍTICO ELECTORAL:

En este aparte, queremos ser breves y precisos. El PSUV aparece aún desdibujado como partido-eje de la revolución. Desconocemos las razones por las cuales al PSUV le esta costando presentarse incluso como una gran maquinaria electoral, pero esta es la percepción común de los simpatizantes bolivarianos. Se percibe la ausencia de fases previas de agitación, sensibilización y propaganda antes de los actos del Presidente. No hay convocatoria a asambleas populares abiertas no del PSUV ni del Gran Polo Patriótico. Se percibe un preocupante espíritu de desmovilización y de fallas organizativas, lo cual nos lleva a proponer revisar para un aprendizaje político los éxitos en estas materias de organización y movilización en los años 2004 y 2006.

Incluso, convendría que Chávez se reuniera en formato taller con su comando de campaña, para evaluar las razones de la victoria en los años 2006 y 2004, extrayendo lecciones positivas y pro-positivas. Revisar estrategias, tácticas, operaciones, actores, videos, discursos y extraer orientaciones y directrices para re-impulsar el aparato-maquinaria político, que repetimos luce “encasquillado”. Falta mucho aceitar la maquinaria de organización y movilización, impidiendo fraccionalismos, divisiones, sectarismos y conflictos internos. La unidad política a todo precio es el instrumento político de la batalla electoral.

Reconocemos que estos aspectos son aún insufientes, y que tenemos que avanzar en:

Proyección de liderazgo hacia segmentos de votantes específicos, con especial énfasis en sectores claves: estratos populares, capas medias, mujeres, jóvenes, sectores históricamente excluidos y vulnerables; así como hacia grupos-objetivos estratégicamente seleccionados; por ejemplo: lideres de opinión internacional, empresarios nacionalistas, pequeños y medianos productores de la ciudad y el campo, sectores profesionales, líderes de opinión, dirigentes políticos de izquierda, lideres de diferentes sectores: militares, funcionarios públicos, religiosos, indígenas, campesinos, estudiantiles, sindicales, intelectuales, artistas, científicos y deportistas.

Proyección de liderazgo en manejo de temas, imágenes y discursos específicos de campaña.

Mensaje electoral y construcción de hegemonía mayoritaria: uso de campaña positiva y negativa frente al campo adversario: mensajes positivos, de contraste, negativos, reactivos, pro-activos, mensajes de exaltación, de ataque y de defensa.

Fortalecimiento de la identificación partidista y de las organizaciones con fines políticos que apoyen la candidatura bolivariana.

Logística y recursos económicos

Gestión de sistema de medios para posicionar la percepción positiva de la gestión de gobierno y su impacto en la situación personal y de la situación del país.

Mapa Geográfico y tendencias históricas-electorales.

VIII.- EJERCITARSE EN LA CORRELACIÓN DE FUERZAS ELECTORALES:

El chavismo burocrático y cupular sigue preso de la ilusión del triunfalismo, sigue suponiendo que las situaciones en la correlación de fuerzas no han variado, ni que la oposición a aprendido a no cometer los mismos errores de los años 2002, 2003 y 2005, como si estuviesemos aún en las elecciones del año 2006, e incluso (lo que es todavía más increible) mejor que en el año 2006.

Todavía en segmentos importantes se sigue preso de la fantasía ideológica marcada por un relato de auto-engaño: la “Victoria contundente” del año 2010 (http://www.aporrea.org/actualidad/a109201.html).

Lo mismo ocurre con las valoraciones de las primarias de oposición del 12 de febrero de 2012, al igual que el 26 de septiembre de 2010. Ambos eventos traducen sintomáticamente que las suposiciones y apreciaciones situacionales de la alta dirección del PSUV son erradas: la oposición ha logrado avances importantes para impedir imaginar y proyectar expectativas de una holgada victoria bolivariana por 20 puntos de ventaja, o por 4 millones de brecha.

No se trata, por cierto, de profetizar el desastre sino de impedirlo a tiempo, recordando siempre que el tiempo político es un recurso escaso, que cuando ya no hay ni espacio ni oportunidad para la maniobra, las opciones se convierten en fatalidades.

Ante el revés tactico del año 2010 había que ser muy humildes, asumir la crítica descarnada, con lealtad a los principios del proceso constituyente activado en 1998, sin felicitadores ni servilitudes. Ante las primarias de oposición había que pasar a afinar la unidad popular de movimientos sociales y partidos políticos del campo bolivariano, construir la unidad política cívico-militar y la hegemonía popular democrática, dejando atrás el sectarismo cupular y tantas maniobras de bajo vuelo para preservar cuotas de poder constituidas.

Como carecemos de memoría, o nos sugestionan para que no la ejercitemos, es preciso comenzar recordando nuestra más inmediata contienda electoral, para reconocer un punto de partida real, no una encuesta pagada no se sabe a que ganapanes. Si tomamos en cuenta el resultado en porcentajes relativos de las votaciones del año 2010 al parlamento latinoamericano y si lo proyectamos a los cambios actuales del REP, tendríamos el siguiente cuadro electoral: son aproximadamente 3,42 % de ventaja a favor de la opción bolivariana.

Eso ocurrió ante nuestros ojos en el año 2010 y lo llamamos “victoria contundente” a nuestro favor, simplificando el debate de fondo con formalismos jurídicos que afectaron los circuitos electorales. Ciertamente, allí no estaba en juego Chávez, como les gusta decir a mis amigos, amigos que descarnadamente analizamos la situación del país y que a pesar de nuestras explicitas diferencias de criterio en una que otra situación, podemos llegar a conclusiones y consolidar un criterio de respeto, responsabilidad y lealtad que no se confunde con adulancias ni lisonjas.

En el año 2010 hubo un gran campanazo de alerta. El asunto es si la alta dirección del proceso revolucionario la escuchó en su “jaula de cristal” o si la proceso con las teorías de auto-ayuda del vaso medio vacio o medio lleno. Lo cierto fue el crecimiento de la oposoción y el estancamiento de la opción bolivariana. Lo cierto fue que no obtuvimos la mayoría calificada en el parlamento burgués, como gusta decir a ciertos radicales que perifonean desde ciertas frecuencias de radio. Lo cierto fue que desde ese resultado no se podía avanzar hacia una asamblea nacional de izquierda radical. Lo cierto es que a medida que se equilibran catastróficamente las fuerzas electorales, se ha recurrido a las fórmulas habilitantes y a la entronización del Presidencialismo. A la debilidad del momento del protagonismo popular, enntonces se recurre a la centralidad del momento del Líder. Asi no hemos superado los límites de las experiencias históricas nacional-populares, lo que Ianni denominó el “populismo de las clases dominadas” ( [5].

Veamos los dos ultimos resultados electorales para establecer algunos criterios más allá de las encuestas:

Resultados votos en porcentajes relativos al Parlamento Latinoamericano año 2010

ESTADOS

CON MAYOR REP

2010

2012

Oposición

Chávez

Oposición

Chávez

ZULIA

12,66

12,47

55

43

6,86

5,36

MIRANDA

10,58

10,4

57

40

5,93

4,16

DIST.CAPITAL

8,86

8,56

50

46

4,28

3,94

CARABOBO

7,98

8,01

57

43

4,57

3,44

LARA

6,34

6,28

58

39

3,64

2,45

ARAGUA

6,2

6,12

48

49

2,94

3,00

ANZOATEGUI

5,33

5,29

54

43

2,86

2,27

BOLIVAR

4,94

4,96

49

47

2,43

2,33

TACHIRA

4,35

4,32

58

40

2,51

1,73

SUCRE

3,3

3,29

47

50

1,55

1,65

FALCON

3,3

3,33

47

50

1,57

1,67

MERIDA

3,09

3,05

50

47

1,53

1,43

MONAGAS

3,05

3,13

40

56

1,25

1,75

PORTUGUESA

3

3,04

33

63

1,00

1,92

BARINAS

2,7

2,77

43

55

1,19

1,52

TRUJILLO

2,6

2,64

37

62

0,98

1,64

GUARICO

2,6

2,63

40

57

1,05

1,50

YARACUY

2,1

2,13

43

53

0,92

1,13

NUEVA ESPARTA

1,7

1,74

58

39

1,01

0,68

APURE

1,6

1,63

37

61

0,60

0,99

VARGAS

1,4

1,4

44

52

0,62

0,73

COJEDES

1,2

1,17

33

62

0,39

0,73

DELTA AMACURO

0,6

0,59

26

72

0,15

0,42

AMAZONAS

0,5

0,51

53

42

0,27

0,21

Embajadas

0,53

70

30

0,37

0,16

Total

99,99

50,07

46,65

REP 2012

18903143

Ventaja

3,42 %

Ciertamente con Chávez en juego, la situación cambia, pero no tenemos un criterio matemáticamente exacto de cuanto cambia la realidad electoral. Intervienen numerosas variables de un sistema con final abierto, que encadena situaciones favorables aunque fluidas para el campo bolivariano; y sobre el cual hay que monitorear sus condiciones; como gustan de decir ahora: fortalezas, debilidades, amenazas y oportunidades. Sin duda una matriz DOFA bien aplicada es una herramienta util, pero lo es informada por una teoría más amplia del cambio revolucionario y de la geopolítica internacional, de la cual los instrumentos de formación de cuadros habituales carecen. Por tanto, hay que hacerse algunas preguntas no tan elementales si analizamos en contraste los resultados de la enmienda constitucional del año 2009.

La ventaja en el año 2009 puede proyectarse sobre el REP 2010 como de 10,15 %. Esta misma variaría de acuerdo a diferentes estimaciones de abstención, pero lo cierto es que en el año 20o9 podiamos decir que la opción bolivariana ronda el 55 % mientras la opsición estaría en 45 %, mientras en el año 2010, la opción bolivariana ronda 50 % y la opción de oposición ronda mas o menos cerca de 47 %. Si estimamos la abstención para el año 2012 en un 20 %, no es lo mismo afirmar que ganamos por 509.916 votos que ganar por 1.534.303 votos. Se trata de una proporción de 1 a 3 en la brecha entre el año 2010 y el año 2009. Allí (2009) tal vez si hubo una victoria más holgada, y ese sería un piso o mínimo deseado para el 7-O-2012. De allí que sea imprescindible asegurar 8.291.015 votos.

Resultados votos en porcentajes relativos de Enmienda Constitucional año 2009

ESTADOS CON MAYOR REP

2010

2012

Oposición 2009

Chavez 2009

Oposición

Chávez

ZULIA

12,66

12,47

53

47

6,57

5,90

MIRANDA

10,58

10,4

53

47

5,47

4,93

DIST.CAPITAL

8,86

8,56

48

52

4,11

4,45

CARABOBO

7,98

8,01

48

52

3,81

4,20

LARA

6,34

6,28

44

56

2,79

3,49

ARAGUA

6,2

6,12

39

61

2,42

3,70

ANZOATEGUI

5,33

5,29

48

52

2,52

2,76

BOLIVAR

4,94

4,96

42

58

2,08

2,88

TACHIRA

4,35

4,32

57

43

2,48

1,84

SUCRE

3,3

3,29

32

68

1,04

2,25

FALCON

3,3

3,33

45

55

1,48

1,85

MERIDA

3,09

3,05

51

49

1,54

1,51

MONAGAS

3,05

3,13

36

64

1,13

2,00

PORTUGUESA

3

3,04

28

72

0,85

2,19

BARINAS

2,7

2,77

40

62

1,10

1,73

TRUJILLO

2,6

2,64

32

68

0,86

1,78

GUARICO

2,6

2,63

35

65

0,92

1,71

YARACUY

2,1

2,13

40

60

0,85

1,28

NUEVA ESPARTA

1,7

1,74

51

49

0,88

0,86

APURE

1,6

1,63

34

66

0,55

1,08

VARGAS

1,4

1,4

40

60

0,56

0,84

COJEDES

1,2

1,17

31

69

0,36

0,81

DELTA AMACURO

0,6

0,59

26

74

0,15

0,44

AMAZONAS

0,5

0,51

28

72

0,14

0,37

Embajadas

0,53

Total

99,99

44,68

54,83

18903143

-10,15

Ahora bién, esto implica consolidar y expandir bastiones territoriales de la opción bolivariana y debilitar bastiones territoriales claves de la oposición:

ESTADOS

CON MAYOR REP

Fortaleza OPO

Debil OPO

Lucha c-a-c

Debil BOLIV

Fortaleza BOLIV

ZULIA

ZULIA

MIRANDA

MIRANDA

DIST.CAPITAL

DISTRITO CAPITAL

CARABOBO

CARABOBO

LARA

LARA

ARAGUA

ARAGUA

ANZOATEGUI

ANZOATEGUI

BOLIVAR

BOLIVAR

TACHIRA

TACHIRA

SUCRE

SUCRE

FALCON

FALCON

MERIDA

MERIDA

MONAGAS

MONAGAS

PORTUGUESA

PORTUGUESA

BARINAS

BARINAS

TRUJILLO

TRUJILLO

GUARICO

GUARICO

YARACUY

YARACUY

NUEVA

ESPARTA

NUEVA ESPARTA

APURE

APURE

VARGAS

VARGAS

COJEDES

COJEDES

DELTA

AMACURO

DELTA AMACURO

AMAZONAS

AMAZONAS

Cuando se habla de consolidar brechas se trata de conquistar ventajas amplias decisivas en Amazonas, Delta Amacuro, Cojedes, Vargas, Apure, Yaracuy, Guárico, Trujillo, Barinas, Portuguesa y Sucre.

Cuando se habla de expandir brechas se trata de reconquistar ventajas decisivas en Aragua, Bolívar, Falcón, Monagas, Mérida, Anzoátegui y Distrito Capital.

También se habla de sorprender en Carabobo, de igualar o superar, así sea por mínima brecha, en Zulia, Miranda, Táchira y Nueva Esparta, pués estos últimos cinco estados han constituido las fortalezas territoriales opositoras.

Cuando analizamos la realidad geográfica del voto podemos reconocer cuál sería la estrategia opositora:

a) Ampliar la brecha decisivamente a su favor en el corredor electoral principal del país: Zulia, Miranda, Carabobo, Distrito Capital, Lara, Mérida, Falcón, Táchira, Anzoátegui y Bolivar.

b) Disminuir significativamente la brecha de ventaja de la opción bolivariana en Amazonas, Delta Amacuro, Cojedes, Vargas, Apure, Yaracuy, Guárico, Trujillo, Barinas, Portuguesa, Sucre, Aragua y Monagas.

Logrando ambos objetivos pueden sorprender el 7-O. De allí la importancia de estados como Falcón, Lara, Guárico, Anzoategui, Amazonas, Bolivar, Monagas, Mérida y Distrito Capital, donde podrían aprovechar zonas de malestar y desilución en las bases sociales de apoyo bolivarianas.

El triunfalismo proyecta magicamente sus deseos en resultados de encuestas por muestreo, con un patrón que oscila entre 1500 y 2500 encuestas distribuidas por regiones, edades, sexo, estratos y otras dimensiones relevantes. Sin embargo, y como se ha repetido, son fotografías del estado de la opinión, con sus fortalezas y debilidades, aciertos y falencias. No se trata de llevar agua al molino de la llamada “guerra contra las encuestas” y menos a la llamada “guerra de encuestas”, sino de dar cuenta de una realidad: es la campaña política la que puede afectar finalmente el cuadro histórico de inclinaciones electorales. Las encuestas no suben cerros decían altos voceros del gobierno bolivariano en los años 2002, 2003 y 2004. Ahora, los mismos altos voceros dicen que son instrumentos científicos confiables. Eso muestra ductilidad de opiniones, flacidez en los argumentos.

Hay que poner a las encuestas en su lugar, sin sub-estimarlas ni sobre-estimarlas. Las encuestas no votan, votan venezolanos y venezolanas. Hay que ponerle seriedad a la campaña política, incluso a una desdibujada maquinaría electoral bolivariana. Hay que evitar sorpresas desagradables, aliñadas de servilitud y felicitadores de bajo vuelo argumentativo. La encrucijada a la que se enfrenta la revolución bolivariana, sin exageración alguna, es de extremo riesgo político.

Desde nuestro punto de vista, los escenarios más probables del voto para el evento del 7-O de 2012, de acuerdo al análisis de las tendencias histórico-electorales son los siguientes:

A diferencia de las encuestas triunfalistas, consideramos que la brecha máxima podría estar cerca o superar ligeramente el histórico 60 /40 % de otros eventos electorales. Esto no es nada nuevo, pero nos impone un límite a la idea de que las eleccione son como “soplar y hacer botella”. El problema es que los escenarios de techo y de piso muestran una amplia zona de incertidumbre electoral, lo cual supone que los polos ideológicos ya definidos en porcentajes de apoyo y rechazo a cada una de las opciones electorales no son suficientes para determinar los parámetros entre los que se moveran los resultados electorales. Allí entra toda la discusión sobre los indecisos y los Ni-Ni, que no constituyen un segmento electoral despreciable para cualquiera de las estrategias de campaña. Veamos:

Lo reconozcan o no, esta área de incertidumbre es la que le esta rompiendo la cabeza a las empresas encuestadoras que saben que ambas candidaturas podrían ganar si Vg: F(x1,x2,x3,x4,x5…xn), donde muchas variables escapan a la precisión del dato cuantitativo, generando un modelo de simulación de comportamiento de un sistema con finales abiertos y variados, incluso contradictorios. Imaginemos a un vocero de opinión que sostenga que Chávez pueda ganar con una brecha de 20 % y que al mismo tiempo diga que pueda perder con una brecha de – 4 %. ¿Qué esta diciendo realmente? Que tiene mayores ventajas para ganar, pero que puede haber sorpresas y puede perder. Sólo este mensaje pudiera ser suficiente para demoler con contundencia el triunfalismo. Pero es un dato frío, no incorpora variables políticas cualitativas, no comprende el fluidez de las situaciones políticas en situaciones de alta incertidumbre, no asimila los efectos acumulativos de la campaña para afectar las fotografías, no entiende los factores ocultos que transcurren entre un cuadro y otro cuadro fotográfico; en fín no entiende que la política tiene una trama, con condiciones, intencionalidades y azares que escapan a las predicciones numéricas irresponsables. Y lo peor, las encuestadoras comienzan a ser aprendices de brujo, intervienen activamente en la campaña como operadores políticos para avalar efectos de arrastre mayoritarios o minoritarios.

Incluso algunas voces cercanas o identificadas con el Chavismo, comienzan a sentir cierto vertigo ante la hiperrealidad de las encuestas; es decir, ante la pretensión de sustituir la realidad electoral por sus simulacros y proyecciones. Por ejemplo, hay que tomar nota de las siguientes opiniones de Eleazar Díaz Rangel, José Vicente Rangel y de Miguel Ángel Pérez Pirela para detectar este sentido vertiginoso ante la nueva hiper-realidad de las encuestas.

Comencemos por José Vicente Rangel quien ha señalado (http://www.noticias24.com/venezuela/noticia/116714/jose-vicente-rangel-hay-sectores-que-pretender-desconocer-encuestas-para-negar-una-realidad/) que “hay sectores que pretenden desconocer encuestas para negar una realidad”. Con esta frase que connotativamente equipara “realidad = encuestas” nos encontramos ante la hipótesis de una guerra contra las encuestas y no entre ellas. Para JVR hay una marcada tendencia de irreversibilidad de intención de voto a favor del candidato presidencial Hugo Chávez. La tesis de la irreversibilidad de la intención del voto es parte del dispositivo de las profesias autocumplidas y del efecto de arrastre mayoritario, simplemente se trata de una acción psicológica para desmoralizar a la oposición y remoralizar al Chavismo. Sin embargo, sólo el incierto “ojo de Dios” puede asegurar la irreversibilidad de la intención del voto si analiza los ultimos cinco procesos electorales en el país. Frente a sistemas de comportamiento sociales de alta incertidumbre no se pueden avalar ideas de oráculos y curanderos. Ciertamente la auto-reflexividad de los actores cumple papeles (por demás paradójicos) en estas situaciones. Pero lo más sintomático de esta opinión de JVR es otorgarle un rigor de predicción científica que ningún encuestador serio puede atribuirse. Es como las Ciencias Sociales pudieran efectivamente equipararse a los pronósticos de los experimentos fisicos en espacios sin fricciones: “Hay sectores que pretenden desconocer un trabajo de campo, en el que se verifica el comportamiento de la sociedad, para negar una realidad que los desfavorece”. ¿Dónde se ha visto esto que el trabajo de campo verifica el comportamiento de la sociedad? ¡Por favor!, estas opiniones no serían serías en una comunidad de cientificos sociales en los actuales momentos. Hay razones epistemológicas, teóricas y metodológicas para adelgazar estas certezas. Pero JVR no habla como un científico social sino como un operador político en pleno desempeño performativo.

También sostuvo JVR [6] que cuando los resultados de las encuestas comienzan a producirse, ante un panorama electoral de especial relevencia como las presidenciales del venidero 7 de octubre, “quienes se sienten afectados reaccionan de manera irracional”. Este segundo argumento es todavía más interesante, pués analizado el primero pareciera comportar un efecto paradójico: ¿Quién se comporta irracionalmente, el que proyecta intenciones electorales irreversibles y triunfalistas sin base estadística e histórica suficiente, o el actor político que intenta minimizar el resultado desfavorable de una encuesta de opinión? ¿Quién asume un cálculo político de la situación?

Pero veamos una tercera afirmación: “Las encuestas responden a una realidad, indican el curso de las tendencia, la forma en que se mueve la opinión pública, y por consiguente, son un método científico utilizado en todos los países y procesos electoral. Pero pareciera que en Venezuela no es así y lo que procede para ciertos sectores es desconocer su importancia y su existencia”. Parece un argumento serio, pero no lo es. Las encuestas no indican el curso de las tendencias, porque las encuestas no miden tendencias. Las encuestas miden estados, fotografias, no procesos ni peliculas. Son los analístas los que se ponen a “comparar” encuestas, muchas veces desconociendo que trata de comparar peras con manzanas. Si la ficha técnica no es exactamente la misma y para el mismo período, cuesta mucho realizar inferencias exactas para fines predictivos. Podríamos comparar las encuestas de una misma empresa encuestadora si repite su trabajo de campo bajo los mismos parametros de estudio de manera diacrónica, pero esto no indica una predicción 100 % correcta, porque vendría el tema de la escogencia de la muestra, la técnica utilizada para indagar las respuestas de los opinantes y el error muestral. Rangel supone que el “método científico” es uno sólo uno y que da respuestas uniformes, de manera repetida, utilizando los protocolos de las ciencias básicas. Sin embargo, omite por completo el asunto de la validez y la falibilidad de los resultados. Esto es lamentable, pués lo que está haciendo es endosandole su credibilidad como periodista a un “método científico” inexacto de las Ciencias Sociales.

Luego, apela a la separación entre encuestas serias y poco serias (“encuestas vendidas o sacadas de maletín, sin tomar en cuenta que las empresas encuestadoras tienen grandes experiencias en el ramo”). ¿Gran experiencia en el ramo: cuales, en que contextos?. Ciertamente, hayq ue denunciar que el país hay un sector con tendencia opositora que no acepta nada diferente a las que piensa, pero esto también ocurre en el chavismo y eso es lo que no estamos poniendo en la balanza de las autoreferencias. Tambien el Chavismo se vuelve tautológico y autista, cuando se muestra preso del sectarismo, el dogmatismo y el triunfalismo. El “encierro segado” es parte de la polarización política y cualquier psicológo social puede explicarle a JVR el tema de la formación y legitimación de estereotipos y repersentaciones sociales en situauciones de conflicto social. Lo que no dice JVR es que el encierro sesgado es parte constitutiva del “triunfalismo”: “Hacen lo que suele decir de los avestruces: meten la cabeza bajo tierra cuando presienten peligro”.

Lo más insolito es finalmente que JVR desconozca por perograllada que “las elecciones se ganan en las urnas”, cuando sabe que en Venezuela se ha practicado como subcultura la tesis del “acta mata voto”, y que aún tomando como supuesto el exitoso proceso de modernización del CNE, sabemos que quien no tiene testigos en las mesas puede presentar vulnerabilidades que son aprovechadas por sus adversarios.

Lo que resulta patético de toda esta argumentación es no aceptar que las encuestas se han equivocado y tienen márgenes de error, como es posible constatarlo en los procesos electorales desde el año 1998 hasta la actualidad. No se puede sostener que “se pretende negar los resultados de la opinión pública generados por un método científico utilizado en todos los países del mundo en momentos electorales”, si lo que se pretenden negar son los resultados efectivos de procesos electorales anteriores.

Las encuestas deben contrastarse con las tendencias electorales históricas, esto es lo serio para evaluar su grado de validez y confiabilidad. La medición de las tendencias de opinión sólo generan hipotesis falibles, no prediccones exactas en Ciencias Sociales. No es “profesional” el que afirme lo contrario. Y no es consistente afirmar primero que hay una marcada intención electoral irreversible para luego decir que “nada en la vida es irreversible. Incluso se puede dar el caso de que el actual resultado favorable a Chávez decrezca o se incremente en los próximos meses.” El triunfalismo de JVR puede desmoronarse, como ocurrió, por cierto, con las predicciones sobre las primarias de oposición, o cuando como operadores políticos desconocían los resultados de las encuestas en los años 2002, 2003 y 2004 porque “no subian cerro”.

No hay que pontificar sobre irreversibilidades. Aquí bastaría señalar la pregunta hecha por Fidel Castro cuando interrogó a una perpleja audiencia: ¿Es irreversible la revolución cubana? Pues no, estimados y estimadas, como dice JVR finalmente: “nada en la vida es irreversible”. La flecha del tiempo de Prigogine [7], tal vez ilumine tardiamente a algunos.

Por otra parte, Elezar Díaz Rangel ha planteado recientemente (http://www.aporrea.org/actualidad/a147561.html) que hay que tener “Ojo con las encuestas”(Domingo, 29/07/2012). Leámos con atención sus argumentos:

“Quisiera llamar la atención sobre las últimas encuestas que dan sólida ventaja a Hugo Chávez frente a Capriles Radonski. Realizadas en momentos similares, se supone que recogen la opinión de los electores y si la muestra, el trabajo de campo y su procesamiento están bien hechos, deberían, en lo fundamental, coincidir.”

Como sabemos, algo se aprendió del evento impulsado por el Diario Ultimas Noticias en el mes de febrero de 2012 sobre las encuestas y las encuestadoras: “Se estima que son suficientes 1.500 personas, seleccionadas tomando todos los factores demográficos y socioeconómicos. Por supuesto, la mitad deben ser mujeres, distribuidas geográficamente.”

“Lo más difícil es seleccionar según la posición socioeconómica; entre los de más alto nivel (A), residentes en La Lagunita y el Country Club, por ejemplo, se escogerá 1% de la muestra de 1.500, es decir, quince; de la clase inmediatamente inferior (B), 6,5%; de los tres segmentos de la clase media: alta, media y baja (C), 13,35%; de sectores populares, obreros, etc., 35,73%, y, finalmente, del sector de pobreza crítica, desempleados, etc. 43,35%, unos 645. (Esa estructura de la población venezolana es de Fundacredesa, luego de largos estudios, y debe haber sufrido algunos cambios, de relativa importancia).”

“Las encuestas deben hacerse en hogares. Imagínense a un encuestador tocando el timbre en una mansión de Valle Arriba o de La Lagunita, o convenciendo a un vigilante en el Country Club para que le dejen entrar. Difícil, pero no riesgoso como el acceso a barrios como Las Quintas, de la Cota 905, o en El Guarataro. Existen otros métodos de consultar la opinión de la gente: por teléfono, y por intercepción de los potenciales encuestados en la calle, plazas, etc. Pero sólo cuando se hace en hogares es posible verificar los resultados.”

Ya de entrada hay una serie de consideraciones correctas sobre el “trabajo de campo” y el “diseño de la muestra” que contrastan con las afirmaciones del también acucioso periodista JVR. También sería interesante conocer el perfil de quienes hacen efectivamente las encuestas, así como el diseño del instrumento. En fín hay una serie de variables que condicionan los resultados de las mismas. Ahora Bién Eleazar Díaz Rangel nos plantea lo siguiente:


“Lo primero que salta a la vista es la coincidencia en casi todas las mediciones en asignar a Capriles porcentajes similares (31-32), que en números absolutos significan un pelín mas de seis millones. La excepción es GIS XXI, que lo baja a 23%. (cuatro millones 600 mil). Grande la diferencia. ¿Dónde está la verdad? También sobresalen Ivad e Hinterlaces, por la similitud de sus resultados.”

Sin embargo, Eleazar Díaz Rangel habla de numeros absolutos calculando 6 millones como valor absoluto de un porcentaje de 31-32 %. ¿Pero cuál es la población? Los casi 19 millones del REP 2012. Pero ¿acaso la abstención no cuenta en estos análisis?. Supongamos que la abstención es de 20 %, un valor relativo de 31-32 % favorable a Capriles no equivalen a 6 millones, sino a 4.712.000 votos válidos. ¿Son estos los votos estimados de la oposición en los recientes procesos electorales? Imaginemos este dato de GIS XXI de 23 % a favor de Capriles con una abstención de 20 %, serían nada mas y nada menos que 3.490.000, casi 400.000 votos que en las primarias. ¿Este es un dato realista de proyección electoral? Sin tapujos diría que se está subestimando el potencial del voto opositor.

El mismo problema se presenta con el llamado análisis de brechas. Se pasa por alto el ejercicio numérico de calcular escenarios de abstención. Dice Díaz Rangel: “Detengámonos un momento en Datanalisis; la brecha es de 15% (tres millones es una amplia ventaja), pero Chávez no llega al 50%, mucho menos de lo que obtuvo en 1998, en su primera elección (56,7%). Existirían mas de cuatro millones de indecisos (23%), que a estas alturas no saben por quién votar, o no votarán, suponiendo, como es lógico, que quienes tengan intención de votar por alguno de los otros cinco candidatos y candidatas, sea un número insignificante. ¿Cómo se repartirán entre los dos candidatos? ¿Lo harán proporcionalmente, según quienes se definieron? ¿O seguirán la tendencia de sumarse al ganador?”

Sin embargo, una brecha de 15 % no representa 3 millones de votos necesariamente. Con una abtención de 20 %, una brecha de 15 % corresponde aproximadamente a 2.280.000 votos. Son casi 800.000 votos menos. Por tanto hay tomar encuenta los escenarios de abstención. Así mismo, lo más dificil es calcular el efecto de los indecisos (23 %) porque hay que saber cuantos de ellos definitivamente no irian a votar. Luego, no sabemos cómo se distribuyen a ciencia cierta estos indecisos hacia las opciones de Chávez y la oposición en un escenario polarizado (sólo dos candidatos) y otro no polarizado (con más de dos candidaturas). Lo interesante de esto es que el porcentaje de indecisos ronda los porcentajes de lo que he denominado en el trabajo “la zona de incertidumbre”. ¿Qué significa esto? Que la brecha real depende de la inclinación de los indecisos, nada más y nada menos. Además, sin un análisis de la brecha real, nadie puede estar hablando de irreversibilidades, sobre todo si el porcentaje de indecisos es mayor que la brecha entre los candidatos según las encuestas. Llama la atención el siguiente vértigo (Hinterlaces), para unos encuestadores, los indecisos no modificarán decisivamente la brecha, para otros (Datánalisis) sí lo harán. Ambos juegan a la ruleta de un Casino, juegan con el azar.

También dice Diáz Rangel: “Según Consultores 30-11, los indecisos son apenas uno de cada diez: dos millones, la mitad de los estimados en Datanalisis. Una de las dos debe estar equivocada, o las dos, si la abstención se aleja de esos porcentajes.” Vértigo electoral, puro vértigo e incertidumbre. Diáz Rangel siguiendo a Aristóteles plantea que las dos no pueden tener validez al mismo tiempo. Y continúa Diaz Rangel sacando cuantas sin contar con los escenarios del voto válido:


“Veamos otros contrastes significativos. Mientras en Datanalisis Chávez aparece con 46% (más de nueve millones) en Consultores 30-11 se eleva a 58,6% (unos 12 millones); la diferencia es de tres millones: 12,6%. Es evidente que las dos no pueden estar reflejando la verdad de la votación chavista, aunque sorprendentemente coinciden en el 31% para Capriles. ¿Cómo explicarlo?”

“Observen como dos encuestadoras, Ivad e Hinterlaces, coinciden en la intención del voto por uno y otro candidato; Consultores 30-11 y GIS XXI tienen porcentajes similares por Chávez, y una de ellas, Datanalisis, sólo coinciden en el 31% a Capriles, pero se diferencia sensiblemente en la intención del voto a Chávez. ¿Por qué?”


Eleazar Días Rangel trata de pescar diferencias, contradicciones e interrogantes, y señala algo imposible: “los responsables de esas empresas deberían aclarar”. De ninguna manera lo van a aclarar, porque estamos comparando peras con manzanas, dependiendo de la unidad de criterios en la ficha técnica. No olvidemos este “pequeño” detalle: existencia o inexistencia de un código común. Imaginemos volar en un avión bajo una tormenta con diferentes sistemas de navegación, con parámetros distintos, con diferentes metodologías y lenguajes. ¿Combinaremos sus medidas para calcular la dirección, altura, velocidad y presión atmosférica? ¿Cuál será el resultado?


Veamos lo que dice finalmente el amigo Miguel Ángel Perez Pirela (http://www.aporrea.org/actualidad/a147561.html) en “Mosca con las encuestas”.

“Hace algunos meses, cuando todavía la campaña electoral no había comenzado formalmente, y en una conversación telefónica que sostuve con el presidente Chávez en mi programa Cayendo y Corriendo, alerté sobre las encuestas.”

“Confieso que desde ese momento sucumbí al frenesí de dichas mediciones preelectorales. Y cómo no hacerlo si la mayoría de ellas tiene una visión bien clara y específica sobre el resultado electoral del próximo 7 de octubre.”


“Consultores como Hinterlaces, Ivad, Datanalisis, Gis XXI, 30.11, VOP, ICS, etc., dan ganador al presidente Chávez con un margen que va de 15 a más de 30 puntos. Tienen razón pues, tanto aquellos que dicen que existe una guerra de encuestas como quienes plantean una guerra contra las encuestas. Pero lo cierto es que hemos colocado los estudios de opinión pública no solamente en el centro del debate político-electoral, sino como protagonista indiscutible de las elecciones presidenciales.”

En estos tres parrafos se resume el discreto encanto del “triunfalismo”: sucumbí al frenesí de dichas mediciones preelectorales. Un reconocimiento que debe ser valorado para salir del marasmo. “Hemos colocado los estudios de opinión pública no solamente en el centro del debate político-electoral, sino como protagonista indiscutible de las elecciones presidenciales”. Segundo reconocimiento que tiene una centralidad clave. “Tengo la extraña y preocupante sensación de que hemos puesto a las empresas encuestadoras incluso por encima del candidato al cual ellas mismas dan ganador. Nada puede ser más importante que un candidato presidencial, ni siquiera las encuestadoras que lo dan victorioso. Y ello por un motivo, sencillo y difícil de entender al mismo tiempo: no hay pueblo que vote por una encuestadora, no hay concentración popular en torno a una consultora de opinión pública, no hay fervor electoral que pueda sustentarse en los fríos números de un trabajo estadístico.” Tercer reconocimiento, la hiper-realidad nos está devorando: “no hay pueblo que vote por una encuestadora”, el fervor de la campaña electoral no es equivalente a los fríos números. Además perez Pirela nos recuerda los casos Mockus en Colombia, sandinistas en Nicaragua y Lionel Jospin en Francia, en los que “las encuestas los daban por ganadores en la recta final antes de las elecciones y terminaron perdiendo, ahora advierto sobre un protagonismo desmedido de las encuestadoras, incluso por encima del candidato socialista Hugo Chávez”. Muy bién Perez Pirela, aunque el aterrizaje desde el frenesí de las mediones preelectorales requiere de un paracaidas de emergencia, por si acaso: “Así como considero que la victoria de Chávez es irreversible, creo que el “triunfalismo” en torno a Chávez, fruto del exceso de protagonismo de los resultados de las encuestadoras, podría restarle votos a su triunfo efectivo.”

Como entramos en el terreno de las matizaciones es importante hacer las siguientes consideraciones sobre la potencial victoría de Chávez en las elecciones del 7-O:

A Pérez Pirela le preocupa que el “triunfalismo” le reste votos a un triunfo efectivo, lo que desde mi perspectiva llamaría una “victoria contundente”. Sin embargo, Péres Pirela no se pasea por el peor escenario, lo descarta. ¿Y si no reconocen los resultados y entramos en una dinámica situaucional no electoral?, o peor aún: ¿Y si perdemos?.

Si las informaciones no són de mala fuente la oposición maneja encuestas en las cuales la brecha entre ambos candidatos estaría cerca de entrar en la “zona crítica” (Varianza, Datanalisis, Consultores 21). Mientras, el gobierno insiste en proyectar una brecha que corresponde con una “victoria contundente”. ¿Disonancia cognitiva? ¿Vértigos electorales? ¿Incertidumbres?


Pérez Pirela termina su significativo artículo diciendo: “Prefiero pasar por pesimista aguafiestas en julio, que ser un optimista decepcionado en octubre. Discúlpenme los optimistas de oficio, es ésta mi posición.” Pero el aguafistas no es el que dice “Victoria suficiente” sino el que insiste en la pregunta: ¿Y si perdemos producto del triunfalismo, un mal diseño y ejecución de campaña? Amigo Perez Pirela, hay que evitar una catastrofe electoral. Los optimistas de oficio son en este caso unos felicitadores, como decía Pio Gil. ¡Cuídate de ellos!

IX.- ALGUNOS PRINCIPIOS ESTRATÉGICOS CON APLICACIONES ELECTORALES:

¿Se manejan acaso desde el campo bolivariano, principios estratégicos, tácticos y operacionales que contribuyan a un aprendizaje sociopolítico permanente para apuntalar los escenarios de victoria en una situaución de alto riesgo político?

Se trata de principios y criterios que no pueden dejar de manejarse a la hora de realizar una apreciación de conjunto de una situación en la que están involucradas probabilidades ciertas de enfrentamientos o encuentros entre fuerzas propias y fuerzas oponentes:

A) ¿Está claro el principio de FIJACIÓN DE OBJETIVOS?: ¿Se reconocen y manejan con sencillez, oportunidad y precisión (para toda la geografía electoral del país), en todos sus niveles y escalas, la fijación del objetivo principal y de los objetivos secundarios, tomado en consideración que el objetivo principal es decisivo, claramente delimitado y alcanzable? ¿Se están cumpliendo mediante acciones y operaciones políticas todos los objetivos intermedios para alcanzar el objetivo terminal: la victoria del 7-O por un ámplio margen, margen que será la condición necesaria para neutralizar planes y estrategias de destabilización nacional o internacional? ¿Si ó No?

El control de recursos de poder y su aplicación en cualquier grado necesario de fuerza psicológica o material para alcanzar propósitos políticos, es parte del flujo y reflujo del proceso de acumulación de fuerzas. Las acciones y operaciones tácticas deben dirigirse hacia objetivos operacionales claramente definidos, decisivos y alcanzables que contribuyan finalmente a la consecución de objetivos estratégicos. Obviamente, se deben evitar la presencia de objetivos contradictorios, y en la medida de lo posible conflictivos. Por ejemplo, ¿es conveniente abrir el tema de las candidaturas regionales y locales del campo bolivariano en las actuales circunstancias, cuando aún no se ha asegurado una integración política operacional y táctica del campo de partidos políticos y movimientos sociales para asegurar la victoria, ahora si contundente, de Chávez y de la Revolución Bolivariana?

¿Muestra acaso el PSUV la capacidad de liderazgo intelectual y moral para devenir partido-eje-aglutinador de la alianza nacional-popular bolivariana, “centro de luces y de todos los intereses revolucionarios”? ¿Por qué se ha desdibujado el rol articulador del Gran Polo Patriótico, conviertiéndose en una operación política secundaría, subordinada a los intereses sectarios de las principales formaciones partidistas de la revolución? ¿Por qué se enlazan directamente criterios de tribunal disciplinario con criterios de unidad revolucionaria? ¿No son acaso los síntomas de ausencia de maduración orgánica e ideológica de las estructuras políticas de la revolución bolivariana? ¿no estarán predominando objetivos secundarios, teñidos incluso de intereses mezquinos y sectarios, sobre el objetivo principal? ¿Cómo se hace visible y posible que se este trabajando desde los diferentes niveles políticos y escalas territoriales para conquistar una victoria por amplio margen de ventaja sobre la candidatura de la oposición de derecha? ¿Contribuyen nuestra proyección de encuestas a salir del autoengaño del espejismo triunfalista en las tareas políticas de campaña?

B) ¿Está claro el principio de UNIDAD DE MANDO?: ¿Reconocemos que toda acción u operación que tiene como propósito alcanzar objetivos estratégicos y tácticos, requiere de un centro de dirección, del logro de la unidad, integración y coordinación de medios y esfuerzos bajo una responsabilidad claramente definida y aceptada bajo la imagen de una jefatura aceptada y legitimada? Unidad de mando significa entonces, dirigir y coordinar la acción de todas las fuerzas hacia un fin u objetivo reconocido como común. El principio contribuye a garantizar que todos los esfuerzos deban coincidir en un objetivo común bajo la responsabilidad de un Comando Político. ¿El Puesto de comando efectivamente conduce la estrategía de campaña?

Los propósitos políticos permiten elaborar los objetivos estratégicos de los planes tácticos y operacionales. El objetivo común determina las fuerzas psicológicas y materiales necesarias para alcanzarlo. Dependiendo de la escala de las organizaciones o equipos de base para la acción, la coordinación de operadores, recursos de poder y recursos de apoyo requiere de unidad de esfuerzos que se concreta en la unidad de una jefatura con legitimidad, de sus órganos de asistencia, del estado mayor político conjunto, de los comandos unificados o específicos, de fuerzas de tarea conjunta en los niveles tacticos y operacionales.

En la dimensión táctica es axiomático que se requiera de unidad de mando para el empleo de fuerzas psicológicas y materiales de manera que desarrollen por completo su poder de combate político. La unidad de mando implica mando táctico integrado con la autoridad suficiente para dirigir y coordinar todas las fuerzas empleadas en la persecución del objetivo común. En ausencia de mando táctico integrado se requiere cooperación para la unidad de mando entre componentes distintos, capacidad de integración y coordinación de acciones específicas, bajo el principio de reconocimiento de la diversidad de componentes y de su unidad de acción.

En el terreno de la revolución, es posible constatar la diversidad de corrientes ideológicas, de matices interpretativos, de estructuras partidarias. El asunto clave es su convergencia y coordinación bajo un mando táctico integrado, tal como ocurrio en el año 2004, con la experiencia del Comando Maisanta.

Muchos suponen que la presencia de Chávez por si mismo asegura la unidad de mando, sin tomar en consideración que sus anillos principales y el manto tactico-operacional presenta divisiones y tensiones que debe ser resueltas con urgencia. Chávez garantiza lo estratégico, pero no garantiza ni lo táctico ni lo operacional.

La batalla en lo pequeño y en las bases es la que asegura la acumulación de brechas y ventajas para alcanzar una victoria contundente. Si hay fallas en estos niveles y escalas, podemos estar frente a un “gigante con pies de barro”. Esto hay que evitarlo a toda cosa. Una cabeza sin pies ni brazos no conquista la victoria. Y los pies y brazos son el frente amplio revolucionario con claras unidades de mando tácticos integrados, más allá de las siglas y nomenclaturas sectarias, que lleven por ejemplo a la constitución de testigos electorales en todas mesas de votación para el 7-O así como equipos políticos con grupos de tareas por cada centro electoral, así como en cada área o zona de combate electoral: parroquias, municipios y estados.

C) ¿Está claro el principio de INICIATIVA U OFENSIVA estratégica?: las acciones y operaciones políticas tienen como propósito implícito el apoderarse, retener y explotar la capacidad de iniciativa en un encuentro, combate o conflicto de cualquier carácter. El “espíritu ofensivo” es inherente en la tareas de conducción o ejecución de las operaciones, incluso las acciones u operaciones defensivas (principio de defensa activa).

No hay espacio para la defensiva estratégica (antesala de la derrota) en terminos de realismo político, pués solo hay defensa táctica, ya que el oponente representa un riesgo, un peligro u amenaza. Sin importar el nivel (estratégico o táctico) mantener la iniciativa forzará a los oponentes a reaccionar, incrementado la probabilidad de fracaso, más que a actuar inteligentemente.

Un indicador de pérdida de la iniciativa es el comportamiento reactivo, inconexo, desorganizado. Al mismo tiempo, se trata de desgastar al oponente en el curso de la lucha. El mayor o menor desgaste son indicadores del desarrollo de la lucha. Si el balance de cada encuentro o combate implica mayor desgaste propio que del oponente, es que hemos errado en la conducción de la lucha. Conforme pasa el tiempo, la voluntad que se debe erosionar es la del oponente. Si la línea de desgaste opera en contra, hay que realizar correctivos, rectificar y relanzar la inciativa desde otras coordenadas.

El mantenimiento de la iniciativa o de la acción ofensiva es el camino más efectivo y decisivo para perseguir y ganar los objetivos, estratégicos y tácticos. Adoptar una actitud defensiva en el combate o lucha política es solo una necesidad transitoria en una situación temporal específica, hasta tanto estén disponibles los medios necesarios para re-asumir acciones y operaciones ofensivas. Quien se duerme en los laureles puede pasar sin saberlo a una actitud defensiva y reactiva.

El principio hace explícito que no se debe perder nunca la capacidad de iniciativa, que está estrechamente vinculada a la superioridad estratégica y táctica. Incluso, una aparente pasividad debe ser parte de operaciones ofensivas; en fín, de simular pasividad. Hay que evitar que los temores y miedos se conviertan en una suerte de disuasión auto-impuesta para entregar la capacidad de iniciativa al adversario. Al mismo tiempo, no hay que olvidar viejas máximas: “cuando el enemigo sufre, no le des cuartel, presiónalo más.” Hay que evitar gradualismos que permitan en el oponente un cálculo anticipado de acciones, la aplicación de fuerzas psicológicas y materiales debe hacerse sobre la evaluación de áreas de vulnerabilidad, para aprovecharlas decisivamente. Aunque puede por condiciones objetivas perderse transitoriamente la inciátiva, es preciso reconocer esta situación y retormar las operaciones ofensivas para condiciones de superioridad. Obviamente, si se esta en desventaja psicológica o material, no hay lugar para acciones temerarias.

La iniciativa no puede ser confundida con el aventurerismo o la temeridad. ¿Quién tiene la iniciativa política y electoral en las actuales corcunstancias? ¿Quién está imponiendo la agenda de temas, las imagenes y mensajes predominantes en la opinión pública? ¿Quién asume comportamientos reactivos? ¿Cuál fuerza aprende y corrige, y cuál fuerza mantiene hábitos reactivos? ¿Quién conserva la ventaja estratégica y táctica? ¿Quién se desgasta y quien tiene la ofensiva? ¿Cuál fuerza está acumulando recursos de poder y cuál está desacumulandolos? ¿Cuál fuerza posiciona su iniciativa en el terreno y en el campo de batalla política? ¿Quién gana tiempo y espacios a través de su iniciativa?

D) ¿Esta claro el principio de SORPRESA?: En situaciones de relativo equilibrio estratégico o táctico, la sorpresa puede ser el factor decisivo, el llamado factor X. La sorpresa trastoca todos los sistemas de percepción y generación de inteligencia situacional. El uso de engaños, estratagemas, máscaras, fintas, rodeos y maniobras distractivas, puede anticipar un factor de sorpresa. Si toda acción política tiene por objetivo afectar decisivamente al oponente en el tiempo y en el lugar oportuno, definiendo estas coordenadas de oportunidad como el espacio-tiempo de las operaciones propias para las cuales el oponente no está suficientemente preparado, ni posea capacidad de anticipación y que generan el máximo desconcierto. Hay una relación estrecha entre sorpresa, desconcierto y desmoralización. Se trata de controlar la incertidumbre de los oponentes hasta el punto de paralizar su capacidad de reacción o de iniciativa. Cualquiera puede revisar a fondo que el sistema de decisiones depende del manejo optimo de grados de incertidumbre. A mayor desconcierto, confusión, ambigüedad e incertidumbre mayor dificultad para pasar a la acción dirigida a alcanzar un objetivo. Pueden ocurrir situaciones de parálisis estratégica o parálisis tácticas, o incluso de llevar a la fuerza oponente a errores forzados, calculados o inducidos.

En la dimensión estratégica, la sorpresa es difícil de conseguir de modo absoluto, aunque esta dependa de las tecnologías de vigilancia, de la capacidad estratégica de despliegue del poder de lucha y combate y de factores psicológicos del oponente.

En la dimensión táctica, un rápido despliegue de poder de lucha o combate dentro de un área crítica, teatro de operaciones o terreno, puede desquiciar y anticipar los planes y preparativos de un oponente. Lo fundamental es intentar negarle a la fuerza oponente toda capacidad de iniciativa o respuesta ordenada, desde el punto de vista psicológico y material. No hay que desaprovechar la oportunidad de introducir ruido, desinformación o ambigüedad en el campo perceptivo del adversario para crear condiciones para la sorpresa.

¿Acaso sorprendieron los resultados del referendo de la reforma constitucional? ¿Acaso sorprendió el 4-F? ¿Acaso fue una sorpresa el desarrollo de los eventos del 27-F? ¿Acaso fue una sorpresa el resultado conquistado por la oposición en el año 2010, o en las primarias de oposición el 12 de febrero de 2012? ¿Habrá nuevos eventos sorpresivos? ¿Se retirará la candidatura de la oposición para el 7-O? ¿Se retirará la candidatura de Chávez? No debemos olvidar que lo que consideramos imposible, virtual, oculto o inexistente en un momento determinado, puede ser posible, efectivo y presente en otro.

E) ¿Esta claro el principio de SENCILLEZ?: Si los planes no son claros y sencillos, con órdenes concisas para asegurar el completo entendimiento para todos los involucrados de los alcances de las mismas, entonces hay vulnerabilidades. En las dimensiones estratégicas, tácticas y operacionales, nada de ambigüedades y confusiones. Acciones ambiguas, desarticuladas, inconexas y confusas no llevan a ninguna parte, a amenos que se trate de un plan sistemático de confusión contra la fuerza oponente, para simular debilidad, desintegración o vulnerabilidad.

Los planes, guías y órdenes deben ser tan simples y directos como lo permita el alcance del objetivo. En el arte político y milita, comprometer vidas y recursos de poder en cualquier acción implica que se debe entender con extrema claridad el propósito que se alcanzará, además la claridad del propósito permitirá contar una evaluación precisa del apoyo público para el mismo objetivo. Si la población o la base social de apoyo entiende con sencillez el objetivo puede involucrase en los planes, proyectos, acciones o tareas políticas.

Es sumamente importante en un conflicto, encontrar su “centro de gravedad”, sus nudos críticos, sus puntos y líneas verdaderamente decisivos para obtener la superioridad estratégica y táctica. La sencillez permite aprovechar conjuntamente y al máximo otros principios como el de masa crítica, la economía de fuerza y el arte de la maniobra. Además la senciilez se articula al proceso de movilización y concientización en el proceso mismo de lucha política. El circuito de los momentos de formación, concientización, organización, comunicación, movilización y lucha se realimentan entre sí. Si hay sencillez en los planes, operaciones y acciones, hay mayor sinergía entre ellos.

No hay que hacer dificil lo que puede hacerse facil, ni complicado lo simple. Muchas veces lo más complejo es encontrar la ruta de la simplicidad eficaz. Actuar sobre los nudos críticos de un problema, o sobre las vulnerabilidades de las fuerzas oponentes, es mucho más sencillo y eficaz, que actuar sin reconocer la diferencia entre lo principal y lo secundario, entre lo sustantivo y lo accesorio, sin clarificar prioridades.

F) ¿Está claro el principio de MASA CRÍTICA?: en el arte político y militar, las acciones y operaciones tiene que cumplir con el requisito del poder concentrado de combate sobre el punto de máxima vulnerabilidad o debilidad, para usar la superioridad de fuerzas psicológicas o materiales, en el tiempo y lugar decisivos. El poder concentrado de combate involucra tanto operadores como recursos de poder, con apoyo disponible de reserva donde la amenaza a los intereses vitales sean mayores.

Operadores, recursos de poder y recursos de apoyo forman la trilogía para la concentración de poder en tiempo y lugares decisivos. Concentración de poder de combate para la ventaja estratégica y táctica, que cuente con suficiente apoyo de opinión es la clave del principio de masa crítica. Toda operación requiere de una variedad de bases de apoyo, pero en las actuales circunstancias la opinión publica nacional e internacional, junto a la capacidad de movilización de fuerzas organizadas constituyen soportes del principio de masa crítica de maniobra. No se puede caer en el error de suponer que masa crítica significa sólo opinión pública, también significa capacidad de movilización de poder social concentrado en el tiempo y el lugar requerido. También es relevante considerar el balance contrastante de bases sociales de apoyo de fuerzas que se enfrentan, sus aspectos cualitativos y cuantitativos. Por tanto hay operaciones de acumulación de masa crítica propia, como de debilitamiento o neutralización de la masa crítica de la fuerza oponente. Por ejemplo, ¿se valora adecuadamente el poder concentrado de la masa crítica de votantes antichavistas en las actuales circunstancias? ¿Cuáles son las variables de rechazo de ambas candidaturas, además del apoyo? ¿Cuánto balance de apoyo/rechazo tiene cada fuerza en el campo de batalla? ¿Quién controla los dispositivos polimediáticos de mayor audiencia, cobertura, penetración y eficacia para modelar la opinión pública en un momento determinado? ¿Quién es más eficaz en términos de mensaje, imagen proyectada, capacidad de lograr empatía e identificación, en conquistar el imaginario con una narrativa política que le de sentido a las experiencias vitales de los diferentes grupos, sectores y clases sociales? ¿Quién cuenta con una masa crítica más cohesionada, integrada, entusiasta, organizada y dispuesta a movilizarse para determinadas tareas políticas?

G) ¿Está claro el principio de ECONOMIA DE FUERZAS?: toda acción política y cualquier operación en un campo de batalla tiene que cumplir con el requisito de aplicar el mínimo esencial de poder de lucha, uso de recursos de poder y de combate para esfuerzos u objetivos secundarios. En la dimensión estratégica, la presencia de recursos limitados y escasos implica que se deben tomar previsiones y estar preparado para asumir algunos riesgos en terrenos, áreas o arenas de conflicto donde los intereses vitales no estén en peligro inmediato.

En la dimensión táctica, el principio de economía de fuerzas requiere que un mínimo de medios (actores, operadores, recursos de poder y recursos de apoyo) sean empleado en otras áreas, arenas o terrenos; y un máximo disponible de medios sea empleado en aquellas donde el esfuerzo principal intenta ser empleado; es decir, que representen los intereses vitales. No hay lugar para el despilfarro o el udo poco eficiente de recursos. El desgaste depende de criterios de eficacía, eficiencia y efectividad en la aplicación del principio de economía de fuerzas. La logística de las campañas políticas debe administrarse de acuerdo a un cronograma con claros y sencillos tiempos de ejecución.

También el calculo de proporciones forma parte de la agenda prioritaria y del plan de acciones inmediatas e mediatas. Sin una economía de fuerzas, se puede llegar a un estrangulamiento logístico en áreas críticas de campaña. De hecho, afectar los factores claves de éxito de la economía de fuerzas de los oponentes implica llevar a una situación de desventaja a los adversarios. Crearles deseconomías, afectar su línea de suministros, su capacidad logísitica es parte de una estrategia de desgaste y de bloqueo de su capacidad operacional. ¿Quién financia a quién? ¿Cómo se contratan medios de acción? ¿Quién administra que y cómo lo hace? ¿Cuánta economía de recursos tiene cada fuerza que se confronta? Estas preguntas no son nada inocentes.

H) ¿Está claro el principio de SEGURIDAD?: En el arte político y militar, la información asimétrica es clave. Toda operación tiene que impedir que el oponente adquiera una ventaja inesperada de información, contra-información, inteligencia y contrainteligencia. La seguridad requiere de medidas activas y pasivas para protegerse del espionaje, subversión y recolección de inteligencia estratégica y táctica de los oponentes. Desde este punto de vista, un conocimiento y entendimiento completos de la estrategia, táctica y doctrina del oponente, así como la necesidad de contar con planes estratégicos detallados del estado mayor o la jefatura, deben proporcionar seguridad y reducir la vulnerabilidad ante lo sorpresivo. En el nivel táctico, la seguridad es esencial para proteger y economizar fuerzas de combate, para reconocer la masa crítica disponible en el oponente, para minimizar la sorpresa.

En el ámbito del arte militar, se reconoce que la seguridad depende de planes y operaciones de inteligencia y contrainteligencia, donde se establezcan con la mayor precisión, sencillez y fiabilidad posible los siguientes aspectos en el orden de batalla que se presentan en los diversos teatros de operaciones:

a) carácter o naturaleza del oponente,

b) características de su comando,

c) composición del oponente,

d) fuerza o poder de combate, tanto moral como material

e) estrategias y tácticas,

f) dispositivo de lucha,

g) comunicaciones,

f) logística,

g) seguridad,

h) adiestramiento,

i) efectividad en el combate,

j) bases de apoyo o masa crítica de maniobra.

Algunos de estos criterios también se utilizan en el terreno político, con mayor o menor énfasis. Sin embargo cuando el contexto del conflicto es la lucha entre oponentes inteligentes, que calculan y anticipan reacciones del adversario, el principio de seguridad, puede ser comprendido en su relevancia como un principio de inteligencia y contrainteligencia política.

I) ¿Está claro el principio de CAPACIDAD DE MANIOBRA?: toda operación tiene el propósito de colocar al oponente en una posición de desventaja o inferioridad, a través de la aplicación flexible de poder de combate, combinando fuerza psicológica o fuerza material. Frente al cambio rápido de circunstancias hay que saber acoplarse y tener flexibilidad en la respuesta. En la dimensión estratégica, este principio contiene tres aspectos inter-relacionados:

a) Flexibilidad estratégica o necesidad de un “criterio abierto” en los planes u operaciones,

b) movilidad estratégica para responder con sentido de oportunidad, y para concentrar y proyectar el poder de combate en el objetivo principal a través de un ágil e invulnerable sistema de transporte y comunicaciones,

c) maniobrabilidad estratégica en el teatro de operaciones para lograr concentrar el máximo potencial de fuerza psicológica y material contra los puntos más débiles del oponente, ganando ventaja estratégica.

En la dimensión táctica, la maniobra es un elemento esencial del poder de combate político. Contribuye significativamente a mantener la iniciativa, explotar el éxito, preservar grados de libertad de acción y reducir la vulnerabilidad, Se requiere flexibilidad de pensamiento, planes y operaciones, aplicación del principio de masa crítica y economía de fuerza, así como capacidad de disuasión, poder de fuego y de movimiento en el área, terreno o arena de combate.

Revisando cada uno de estos principios, podemos concluir afirmando que es indispensable desechar todas las ilusiones triunfalistas. No todos los escenarios son favorables, incluso ganando el proceso electoral por estrecho margen hay que demoler la doxa triunfalista, pués es probable que se incien acciones de desconocimiento de los resultados, tanto bajo presión internacional como de factores de pode nacionales.

Chávez tiene un piso mínimo de 8.5000.000 votos el 7-O, para garantizar una fase de profundización hegemónica y consolidación de la revolución, siempre y cuando los escenarios de baja abstención favorezcan al gobierno.

Si la revolución no llega a los 7.500.000 votos y la oposición logra superar los 6.500.000 el proceso de radicalización y de profundización quedaría prácticamente bloqueado y el 7-O nos enfrentariamos al manejo de luchas en una zona de riesgo y de no reconocimiento. La trayectoria más viable sería un capitalismo de estado, o un socialismo reformista con amplias concesiones y negociaciones a los actores sociales y políticos de la oposición, que quedaría diluido por las presiones geopolíticas del ingreso mismo a Mercosur.

Un exceso de confianza y triunfalismo coloca a la meta de 10.000.000 de votos bajo la necesidad de una reducción nunca vista de la abstención (< 20 %) y de una conquista nunca vista de indecisos, con un techo de la oposición en 6.000.000 de votos; y por tanto una canalización nunca vista de nuevos votantes y de no alineados hacia la opción bolivariana. En las actuales condiciones y bajo los parametros desarrollados por la campaña bolivariana, este resultado es actualmente una quimera, le guste o no a los felicitadores.

La situación de salud del Presidente, dado el carácter del sistema de conducción del proceso bolivariano, es una variable determinante de cualquier resultado en juego. Aparece sobre el horizonte una amplia zona de incertidumbre sobre el reconocimiento o no de los resultados electorales, lo cual obliga a reforzar de modo urgente la autoridad electoral del CNE y del resto de la institucionalidad del Estado, incluyendo al Plan República, la Defensoría del Pueblo, la Fiscalía General de la República, la Asamblea Nacional y el TSJ.

Sin embargo, el mayor garante para neutralizar cualquier acción de no reconocimiento es una participación masiva de votantes para incrementar la brecha a favor de Chávez, así como el pueblo bolivariano organizado, conciente de sus tareas políticas, sin caer en los planes de agitación de oposición y efectivamente movilizado para el 7-O.

El reciente acuerdo promovido por el Consejo Nacional Electoral demostró la imposibilidad de viabilizar políticamente unos parametros mínimos de diálogo y concertación sobre reglas de juego electorales claras, respetadas por los actores que participan en el conflicto sociopolítico venezolano. La oposición en su debate entre grupos que apoyan la línea del denuncia del Fraude (Peñaloza, Poleo, Quiróz Corradi, Ezequiel Zamora entre otros) y los que apoyan la línea de la denuncia del “ventajismo” (La Colina, MAS y algunos dirigentes de PJ) refurza la tesis de fortalecer el llamado “Comando antigolpe”, pués si hay efectivamente escenarios no electorales, incluso de potencial de “Guerra Electrónica” sobre el CNE el día 7-O, ebventos extraordinarios y apagones que provoquen pánico y zozobra en la población, impidiendo el ejercicio del voto, o la totalización y comunicación institucional oportuna de resultados.

Sigue siendo preocupante que no se haya aprendido lo suficiente de la experiencia del “golpe mediático” del 11 de abril, para impedir que condiciones como las que se presentarán sin duda el día 7-O, sean aprovechadas como estructuras de oportunidad para activar un Plan-A que tiene como blanco fundamental la manipulación de percepciones y la distorsión informativa. Es falso, por ejemplo, que si la oposición conquista el corredor electoral del país gana las elecciones nacionales. Hay que desactivar esta trampa a tiempo.


[1] Ranciere. El Desacuerdo. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=93321

[2] Carta a Fernando Peñalver. (Estuvo preso con Francisco Miranda en las bóvedas de La Guaira. Fue quien entró a la imprenta para imprimir el Correo del Orinoco y luego presidió el Congreso de Cúcuta en 1821)

[3] http://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_L%C3%B3pez_Rega

[4] http://es.wikipedia.org/wiki/Poor_Laws

[5] La formación del Estado populista en América Latina.

[6] http://www.ultimasnoticias.com.ve/opinion/firmas/el-espejo---jose-vicente-rangel/palabra-de-encuestador.aspx

[7] http://www.thecult.es/Divulgacion/prigogine-y-la-flecha-del-tiempo-de-ilya-prigogine.html

jbiardeau@gmail.com



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Javier Biardeau R.

Articulista de Opinión. Promotor del Pensamiento Crítico Socialista. Profesor de Estudios Latinoamericanos-Sociología UCV.

 jbiardeau@gmail.com      @jbiardeau

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