Conflicto y negociación en la política venezoana

Enrique Capriles y la resurrección del pactismo

Si algo resulta una realidad inocultable es que el mundo de hoy, es un mundo en cambio; por lo que, el mismo, tiene que ser percibido a partir de una reflexión política profunda y de nuevo tipo. El capitalismo, como sistema mundo, con su culto al dios mercado, con su agobio al ciudadano común, al pueblo, con su cada vez mayor destrucción de la naturaleza y el medio ambiente, es la razón que determina la ocurrencia de los conflictos políticos, económicos, sociales, culturales y ambientales en el mundo, saberlo debe conducirnos a imaginar la edificación de ese mundo nuevo, de esa América y de esa Venezuela nueva. 

Los venezolanos podemos decir que estamos en presencia de un “duelo” histórico: entre una cultura de élite y una cultura popular. Un “duelo” entre quienes idolatran el capitalismo neoliberal y quienes nos hemos propuesto construir un modelo de desarrollo en donde la justicia social y la edificación de un sistema político de democracia participativa y protagónica donde el pueblo, sujeto fundamental de la democracia, no siga debatiéndose entre la confusión y la incertidumbre de saber que su rol es el de ser un simple elector, sin saber hacia dónde será conducido el país, construir una sociedad socialista de nuevo tipo.

Quienes idolatran el totalitarismo del mercado siguen creyendo que la “modernidad capitalista” mantiene el auge de sus años aurorales. Siguen convencidos de que esta es una sociedad conquistadora, con visión de futuro; siguen anclados en el cientificismo y el tecnicismo decimonónico; siguen –en definitiva- aferrados a la idea del progreso infinito, como un principio “medio-fin”. No se han enterado que el mundo de hoy es otro. Que el “encanto” con que se presentó el capitalismo  en tiempos pasados, “con las tradiciones y los particularismos en nombre de lo universal, de la razón, de la revolución”, hace tiempo entraron en su ocaso.

En su desespero por retomar el poder en Venezuela, la clase dominante han recurrido a la afirmación de que con el Presidente Hugo Chávez, la nación se ha polarizado. Desconocen nuestro proceso histórico. Ocultan –premeditadamente- que el Pacto de Punto Fijo, fraguó un modelo de sociedad basado en la hegemonía partidista, excluyente e inequitativo. Lo ocultan porque -a través de dicho proceso- la clase dominante venezolana, pretendió hacernos creer que su proyecto político, económico y social era el de toda la nación, que en él se resumía el interés de la nación.

Enrique Capriles, como candidato de la derecha, viene utilizando como propuesta central de su campaña la resurrección del pactismo. Pretende retrotraer la vieja práctica de la negociación política, elitista y excluidora, clientelar y partidocrática, profundamente antidemocrática; utiliza categorías como diálogo y consenso de manera maniquea, alejadas del quehacer cotidiano, de los sentimientos y padecimientos, de las necesidades y expectativas, de los sueños y angustias, del ser social venezolano. No entiende las complejidades de la realidad actual, mucho menos de las incertidumbres que le acechan. Se cruza de brazos ante la injusticia social, la inequidad, la exclusión, la desigualdad, porque esas son injusticias que sufre un pueblo que no es el suyo. Simplemente el suyo no las padece. No logra entender que el conflicto político es un hecho social, resultado de la misma convivencia humana, por tanto dinámico y complejo. Se resiste a entender que el proceso electoral del venidero 7 de octubre, no es un proceso electoral más, que lo planteado con el mismo no es la reforma o la reestructuración del “welfare state”, que la decisión que los venezolanos vamos a tomar es más profunda: regresar al neoliberalismo que el representa o avanzar en la construcción de una nueva sociedad en donde impere la justicia social, la equidad, la igualdad, la felicidad, realidad que -como es natural- radicaliza la toma de posiciones extremas. 

Ante una situación como esta, resulta ilusorio, por decir lo menos, no entender que es natural que los conflictos, las diferencias, entre las fuerzas que pugnan por el control del poder, se agudicen, se intensifiquen, que estas forman parte de una verdadera democracia ya que, como bien lo dijera Aubert: “en donde hay vida, hay conflictos”, por lo que estos no deben ser evadidos utilizando viejas prácticas políticas para su solución como el tactismo, la concertación o el acuerdo burocrático; no por el contrario, hay que entender que el conflicto, al igual que las crisis, depara oportunidades, las cuales se alcanzarán a través de la formulación de nuevas propuestas de organización de la formación social venezolana: la nuestra es la estructuración de una sociedad socialista venezolana. Imaginada y construida por y para venezolanos.

Profesor ULA

npinedaprada@gmail.com


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Nelson Pineda Prada


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