La invasión fidelista

El dirigente copeyano Timoteo Zambrano, para descalificar las críticas a SUMATE y su dirigente María Corina Machado, se refirió a “la invasión fidelista” a Venezuela como una injerencia cubana en nuestro país. Una metáfora desafortunada indicadora de la pobreza mental de quien la usa. Comparar la presencia en el país de unos cientos de cubanos dedicados a labores sociales, con la existencia de un ejército de ocupación como el que actualmente actúa en Irak, es simplemente un desaguisado. Un hecho irracional que tal vez resulte de una proyección de la acción que su partido, en el ejercicio del gobierno nacional, realizó en Centroamérica en la década de los 80. En aquella oportunidad, actuando como agente de la democracia cristiana alemana, clandestina e inconstitucionalmente, el triste gobierno de Luis Herrera usó unidades militares venezolanas para apoyar el gobierno de su correligionario José Napoleón Duarte en El Salvador, y reprimir al Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional, en combinación con Washington. Fue una conducta reveladora del inconsciente represivo “falangista” de los copeyanos, materializada en el país con el genocidio de Cantaura durante ese mismo gobierno.

Ciertamente hay que admitir que el apoyo copeyano a Duarte entra en las prácticas normales de la política, lo que obligaría a Zambrano, que no ha condenado esa “desviación de su partido”, a aceptar la colaboración del gobierno cubano con el venezolano. Estaría dentro de las reglas del juego político. Por lo que la realización de este ataque merece un “penalti”. Prácticamente es un autogol, como los tantos que se han metido para convertirlos en genuinos perdedores. Con un agravante. Ahora con su falta política esta condenando una “invasión” ficticia para propiciar una autentica, muy dentro del alma de esta facción confesional, llena de fundamentalismo católico, con todo su carácter represivo dentro de su más pura tradición inquisidora. Un hecho de una torpeza inaudita, pues olvida que los pírricos éxitos logrados por Copey en nuestra vida política, se originaron cuando esa organización usó la llamada “opción por los pobres”. Pero ya para esa época, en su intervención en Centro América, mostraban su verdadero rostro al participar en el asesinato de curas y monjas que aceptaban la “teología de la liberación”. Una forma de comportamiento que, por cierto, no tienen los actuales “invasores” cubanos en Venezuela. Por ello, no puede extrañar que en estos momentos esa organización política este en el rincón del olvido de los venezolanos. Una sociedad laica, que indudablemente prefiere las posiciones abiertas que las sibilinas muy internalizadas en las prácticas del clero católico, en su manifestación ultraconservadora, que siempre estuvo detrás de ese movimiento político.


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Alberto Müller Rojas


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