“A ver si a esta me le das contestación”

Por la carta de eufemia que dejó caer Capriles

Nota: Hoy domingo, en el “Quiosco Veraz”, el talentoso Earle Herrera, hizo mención a varias cartas famosas, entre ellas “La carta a Eufemia”, de Pedro Infante. Este artículo que fue colocado tres días atrás en “Blog de Eligio Damas”, estaba previsto a ser enviado hoy a Aporrea. Gracias.

            Como Pedro Infante me cantó,  por aquellas cartas que me envió, de las cuales el pana Eduardo Liendo nada dijo en la obra sobre la vida del cantor, cosa que no le agradezco,  ahora con palabras del charro mexicano, así es la vida, te escribo a ti para reclamarte:

            “No me escribiste,

              Y mis cartas anteriores no sé si las recibiste.”

            Te hablo así, de manera descarnada, con el corazón puesto en la mano, con “palabras arrancadas de esta vida mía misma”, porque esta mañana, oyendo el reporte de la radio, con profundo dolor me he enterado, que mis cartas fueron encontradas tiradas en la calle, en un rincón, para ser más puntillosa, envueltas en caca de perro.

           Nada hice, a menos que cambies de parecer y actitud, con haberme levantado con el cantar de gallos y sin siquiera un buche de guarapo, dirigirme al único, “solitario camino” donde siempre me aguardabas y por donde ahora transita el bus que conduces, con una pila de muchachos dentro.

          Estuve paciente y esperanzada esperando que por allí pasaras, para por lo menos entregarte aquellas cartas; aunque no te viera por causa de tus nuevas compañías y la pesada carga que te has echado encima; tu tan flaco y debilucho para todo, tanto que nunca terminas nada. Te decía que contaras conmigo y que aunque te quedaras solo después del 7 de octubre, porque bien sé que Chávez es un avión, tu bus tose, corcovea y tus compinches nada dignos de confianza son, me tendrías a tu lado “como una sola mujer.”

        Pasó tu bus, dando brinquitos y tan preocupado ibas que al extender la mano para tomar mis cartas, sólo vistes a ellas y quizás una mano anónima, salida de la pequeña multitud y aquello nada te dijo. Ni siquiera el calor de mi mano, la emoción que puse al escribirlas, y que cualquiera podía detectar por el agitar y convulsionar de letras, palabras y frases allí impresas con todo mi amor y fe, pudiste percibir.

        Fue por eso, que en la primera curva del camino, aquel poco habitual acto de insensibilidad tuya o de tu más cercanos, mis cartas cayeron al suelo, justo en donde unos perros estaban arrejuntados, o una de tus acompañantes, muy cuidadosa ella, puso sus mascotas para que dejasen tirado por allí lo que debió colocar en buen recaudo.

      Al escuchar la radio que hablaba de mis cartas, entre otras encontradas en aquel estado humillante, acongojante y mal oliente, comprendí de un tirón todo lo malo que de ti dicen y que:

              “Tu me olvidaste

                Y mataron mis amores el silencio que les diste.”

          ¿Quieres saber que más decían mis cartas anteriores, esas que no leíste y se embadurnaron de excremento?

           Te lo diré de un solo platanazo. ¡Cuídate de lo que te viene encima! que yo que te conozco, se bien que aquél es mucho hombre para ti. Que en el pueblo donde vivo, donde para más señas gobiernas, se han aposentado todos los problemas; mientras tú, sin saber aquello, porque te lo ocultan tus panas, no te bajas nunca de ese autobús, ni hay quien te saque de ese “mismo camino”, que te hace creer que todo cacao es dulcito y decir naderías. Te hablé de mis necesidades y de la muchachita que es tuya, hasta que me atreva a decir la verdad verdadera, a quienes el río les llevó los corotos.

         Te advertía que en tu frente se están formando unos nubarrones y Juan Primito, salta de casa en casa, avisando que están saliendo en bandadas los rebullones. Nosotras mismas, estamos a punto de saltar la talanquera porque contigo no hay vida.

        No obstante, en esta carta nueva, por despecho o decepción no voy a decir con ligereza que:

            “Ya sabrás que entre nosotros todo terminó.”

       Porque pese a aquella cosa fea, espero:

            “A ver si a ésta me le das contestación.”

           Es un chance que te doy, para luego no digas “nadie me avisó”.

           Para que lo sepas y ponerte los mangos bajitos, no tengas para donde coger y muestra de mi lealtad por ser del pueblo, quien no traiciona alegremente, te diré que quienes se encontraron mis cartas, vinieron a ofrecerme lo poco que pedía y más, como “mi casa equipada”. Hasta ahora no he aceptado, porque aunque te cueste comprenderlo, todavía estoy prendada y la lealtad no se negocia, pero tampoco se le embarra de pupú de perro. Y conste que esto es muestra:

          “Del amor pa´ que te escribo.”

          Por él, que pareces no haber sentido nunca, ni tampoco estar en condiciones de sentirlo, yo espero que me cumplas, de lo contrario, lo que es muy probable que suceda:

        “Ya sabrás que entre nosotros todo terminó”

        “Te devuelvo tu palabra,

           Te la devuelvo sin usarla

           Y conste en esta carta que acabamos de un jalón.

           Tu afectísima y atenta y muy segura servidora.”                             

        Hay quien le hace cuenta a mis cartas, sin ruego ni remilgos y al pueblo todo. Porque es distinto, ¡no eres como él!

                                   Eufemia.

damas.eligio@gmail.com



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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