Madres Trabajadoras, lapidaria realidad

Las luchas que a lo largo de medio siglo han emprendido las mujeres venezolanas por el derecho al trabajo, la familia y la maternidad no cesa, a pesar del Título VI de la protección de la familia en el proceso social del trabajo establecido en la novísima Ley del Trabajo, de los Trabajadores y las Trabajadoras LOTTT; antes por el contrario, algunas de las reivindicaciones alcanzadas solo indican el comienzo de largas batallas en los tribunales e inspectorías del trabajo, así como a lo interno de la sociedad venezolana.

Si bien es cierto que el capitalismo requirió, a mediados del siglo pasado, la incorporación activa de la mujer al proceso productivo y al mercado de consumo, no previó las desigualdades implícitas que ambos roles contenían. Es así como, en la década de los setenta, una mujer apenas tenía derecho a un descanso post natal de seis semanas, ningún derecho a licencia por enfermedad de sus hijos menores de edad, ni por lactancia materna. En esa época, las mujeres con problemas simples con sus hijos, como hospitalización por asma o diarrea o graves como el rechazo a la fórmula infantil o enfermedades congénitas o graves, tenían que decidir entre la familia y el trabajo. Siempre ganó la Familia.

Las conquistas han sido muchas, hoy en día cuentan con protección integral de la familia con rango constitucional, con inamovilidad hasta dos años, con un postnatal de veinte semanas, y tres horas de permiso mientras dure el período de lactancia (aún cuando la ley no fijó la duración de este período), sí quedó establecido en doce meses, con limitaciones, de acuerdo con la resolución Nº 475-1, suscrita entre el Ministerio de Salud y el del Trabajo y la Seguridad Social, publicada en la Gaceta Oficial Nro. 38.528 del 22/09/2006. No obstante la realidad es otra y hoy igual que ayer las madres trabajadoras deben decidir entre la familia y el trabajo.

El patrono, a igual que la sociedad en su conjunto, considera la maternidad como un grave problema laboral, existen casos realmente patéticos donde se discrimina la madre trabajadora, se le considera un ser flojo que utiliza el embarazo o lo hijos como una excusa para el bajo rendimiento y la ausencia laboral, y lo que es peor, el IVSS, también lo concibe así. Por esta razón solo existe un Pediatra en Caracas, de acuerdo con la jefe del Puesto de enfermeras del Centro de Especialidades Médicas de IVSS, que valida reposos por cuido de niños enfermos, sólo a tres madres por consulta. Ni la LOTTT ni la reforma de la Ley del Seguro Social regulan este aspecto. Los médicos lo dicen en cada consulta pediátrica, la madre debe cuidar al niño mientras esté enfermo, las guarderías no se hacen responsable del cuido de niños enfermos, pero estos reposos no son validados en el Seguro social y entonces?, como hacen las madres con niños hospitalizados para justificar su ausencia al patrono, como hacen las madres de niños con cáncer, leucemia, deficiencias renales, hemofílicos. Simplemente, renuncian.

De esta situación soy testigo de excepción cuando una Junta de Condominio decidió salir de una Conserje que acababa de enterrar a su única hija de siete años, solo porque podía quedar embarazada. La Junta le hizo la vida de cuadritos hasta que la pobre mujer, renunció.

Así mismo, la LOTTT extendió la inamovilidad de la madre trabajadora hasta dos años, inamovilidad que contiene tres variantes: despido, traslados y desmejoras laborales, ayer en el seguro social, se encontraba una mujer joven, con una bebe de 7 meses, que estaba vomitando sangre, producto de una situación laboral de acoso suave y permanente, por parte de su patrono, quién cada día desde hacía tres semanas, le informaba verbalmente su cambio de sucursal; ella estaba desesperada, todos sabemos que no existen guarderías nocturnas, trabaja en Catia y la sucursal queda en Petare, la situación le había producido stress laboral y para colmo, fue a la Inspectoría del Trabajo y a la Defensoría del pueblo y le dijeron que si el traslado era en la misma jurisdicción el patrono lo puede hacer, unilateralmente. Como si trabajar en el Centro de Caracas, en Petare o en Catia fuese lo mismo, además, me decía ella, como cambiar de la noche a la mañana las costumbres de mis hijos, el recogido a la hora de salida de la guardería, la lactancia a la cinco de la tarde, la revisión de tareas del mayorcito, la cena familiar, entre otras cosas importantes para el rol de madre, aunque inexistente para el patrono. Colocada en una posición en la cual debe decidir entre la familia y trabajo, por supuesto, la chica en cuestión va a renunciar.

Hace unos cinco años conocí una profesional que laboraba bajo el régimen de honorarios profesionales en un Ministerio, pero cumplía horario y estaba subordinada a un jefe en particular, quién se negaba a concederle el reposo pre y postnatal correspondiente, alegando que ella no era empleada formal del organismo, la chica peleó por sus derechos y le reconocieron su licencia., sin embargo, al reincorporarse no tuvo más ascensos, y fue dejada a un lado en los proyectos ambientales más importantes de la institución. Al final renunció y se fue a trabajar con la UNESCO. Existen también casos de empresas contratistas y organismos que obligan a la mujer a renunciar desde que va a entrar en período prenatal, con la promesa que una vez éste concluya la volverán a contratar.

En una sociedad donde el fenómeno del endoracismo está presente, la maternidad discrimina y descalifica, por tanto la madre trabajadora es desconocida en sus derechos y humillada al colocar sus licencias en una posición de dádiva o favor personal del patrón. Me pregunto que pasará entonces en las fuentes de poder, es decir, la Oficina del Presidente de una Empresa pública o privada, o los Despachos Ministeriales, si éstos deciden trasladar “dentro de la misma Jurisdicción” o si deciden un cambio de horario “por razones de servicio”, a estas madres trabajadoras. Lo pueden hacer?, creo que ese no es el espíritu de la Ley. Pero el caso es que Poder mata el Derecho, o no?. Basta con un acoso suave y disimulado, un poco de presión aquí y allá, un ascenso que no se cumple, un bono que se deja de cancelar y la trabajadora simplemente, renunciará o en el mejor de los casos aceptará el traslado bajo las condiciones que los patronos quieran, para no perder su empleo y, peor aún, terminará agradeciendo la oportunidad que éstos le han brindado, o en el mejor de los casos hará como una funcionaria que me entrevistó mientras amamantaba a su pequeña niña de dos meses de nacida..

La inamovilidad por maternidad es especial durante los dos primeros años de vida del niño porque, precisamente, protege los Derechos del Niño (as), entre otros el de ser atendido por sus padres, si esto no fuera así, los padres pueden ser acusados de conducta negligente. Como derecho, es inalienable, no es negociable, por ello la lucha es dura; el patrono, público y privado, buscará y rebuscará cualquier artilugio legal para no contratar a mujeres en edad fértil, para lograr la renuncia o el traslado de mujeres en período de postparto, muchas renunciarán para no enfrentarse al todopoderoso patrono, otras demandarán una respuesta de los tribunales del trabajo, respuesta que durará años, mientras tanto hay que cubrir las necesidades familiares, el día a día de los hijos, ese es el único Rol que no admite renuncias ni despidos.

Es un problema societal, de concepción del rol de la maternidad dentro de una sociedad machista, siempre han existido y existirán patronos que consideran minusválida a una mujer en período de gestación y/o de lactancia. Quiénes piensen que la maternidad está reñida con la eficiencia y por ello, hay que salir de ellas, como se sale de un virus o de la peste. El patrono seguirá en su búsqueda de la máxima eficiencia con el menor gasto, burlando la voluntad del legislador, utilizarán todos los recursos legales e ilegales disponibles, no hay moral que frene esta lógica capitalista.

No son suficientes las regulaciones legales en la materia, si no se ejercen los derechos terminan convirtiéndose en letra muerta, por ello se conquistan peleando, haciendo frente al atropello patronal, denunciando el acoso laboral y, diciendo un no rotundo a la discriminación por el simple hecho de ser madre. No debe haber concesiones, ni aceptar prebendas ni humillaciones de los patronos o de los compañeros de trabajo; el trato debe ser igualitario y digno de respeto. Basta ya de decidir entre la familia y el trabajo, ambos pueden coexistir si dejamos el tabú a un lado y emprendemos un verdadero camino hacia la reivindicación de ambos roles.

Que nadie nos silencie. Nadie, Carajo

rusa200@gmail.com


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Rusalki C. Alvarado P


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