El intento de magnicidio

En la madrugada del 25 de Septiembre de 1.828, al sentir Manuelita algún bullicio y la manera de tocar la puerta de la habitación se supone que algo muy malo esta sucediendo,  por lo que aconseja al Libertador Simón Bolívar  no atienda al llamado por cuanto presiente vienen con la intención de asesinarle, más bien le indica a Bolívar salte por la ventana fuera de la casa para que salve su vida, después que Bolívar salta por la ventana y manuelita lo ve alejarse va y abre la puerta  y cuando le preguntan por el general Bolívar le dice que no está allí, y por el nerviosismo de las personas que vienen por él Manuelita se da cuenta que la orden impartida por los jefes de la conjura era de darle muerte en el sitio. De manera que fue la valentía de Manuelita al enfrentarse a los autores materiales del atentado determinante en esos momentos por lo que más adelante Manuelita es llamada por el propio Bolívar, la Libertadora del Libertador. Durante el juicio a los conspiradores Bolívar se da cuenta de lo profundo de la traición de muchas personas a quienes consideraba sus amigos, y sumamente conmovido por todo aquello le escribe el 16 de de Noviembre de ese mismo año a su leal amigo, General Pedro Briceño Méndez, desde la misma ciudad donde se perpetró el frustrado magnicidio, Bogotá; capital de la hoy República de Colombia.

“Mí querido amigo: No he recibido carta de usted en este correo, pero yo lo haré para decirle algo de lo que pasa por acá. Con respecto a la convocatoria de la representación nacional que he ofrecido en mi decreto orgánico, y que parece no ha gustado a la mayor parte, por lo aburridos que están de los Congresos, el Consejo de Estado se halla actualmente tratando sobre cuanto y como deba reunirse; y aunque yo he deseado que se forme el reglamento de elecciones, el Consejo no ha tenido a bien esta medida. Las cosas han llegado a un punto que me tienen en lucha conmigo mismo, con mis opiniones y con mi gloria. Usted verá, en prueba de esto, el resultado final de la conspiración. La gaceta de hoy que le incluyo, le impondrá del resultado y condena de los conspiradores y asesinos. Mi existencia ha quedado en el aire con este indulto, y la de Colombia se ha perdido para siempre. Yo no he podido desoír el dictamen del Consejo con respecto a un enemigo público, cuyo castigo se habría reputado por venganza cruel. Ya estoy arrepentido de la muerte de Piar, de Padilla y de los demás que han perecido por la misma causa: en adelante no habrá más justicia para castigar el más feroz asesino, porque la vida de Santander es el pendón de las impunidades más escandalosas. Lo peor es que mañana le darán un indulto y volverá a hacer la guerra a todos mis amigos y favorecer a todos mis enemigos. Su crimen se purificará en el crisol de la anarquía, pero lo que más me atormenta todavía es el justo clamor con que se quejarán los de la clase de Piar y de Padilla. Dirán con sobrada justicia que yo no he sido débil sino a favor de ese infame blanco, que no tenía los servicios de aquellos famosos servidores de la patria. Esto me desespera, de modo que no sé que hacerme. Mañana me voy para el campo a refrescarme y ver si me consuelo un tanto de tan mortales cavilaciones. Sin embargo, me consuela mucho el espíritu que muestra la nación por todas partes y espero que la buena conducta del gobierno y la ausencia de estos asesinos, mejores todavía más el espíritu público. No es creíble el entusiasmo con que me han felicitado todos los pueblos de Colombia”

Es muy probable que Bolívar por ser un hombre de honor, en su reflexionar pensara que era preferible haber recibido la muerte en el atentado que recibir otra decepción de las personas que consideraba eran sus grandes  y fieles amigos y a quienes él había favorecido con tanta complacencia. Sin duda alguna que a Bolívar aquella traición le pegó muy duro en el alma y seguro que en adelante este dolor le impidió actuar animosamente, haciéndole decaer su espíritu combativo con el cual transformaba las derrotas en victorias; como otrora muchas veces lo hiciera.   Como sería la frustración y congoja de aquel hombre que su salud se debilitó de tal modo que en un poco más de 2 años el Libertador muere desengañado.  La miseria humana está tan arraigada en algunos hombres que ejercen funciones públicas, que da la impresión de que la corrupción terminará de imponerse en este mundo, pero no, ya llegará el tiempo que la mayoría de los seres humanos honestos y decentes triunfarán sobre la horrible perversión.


joseameliach@hotmail.com



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José M. Ameliach N.


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