Eso quisieran: callarme

Es muy lamentable, que grupos que se llaman a sí mismos “revolucionarios” no puedan esgrimir siquiera un argumento, una opinión que no sea simplemente la expresión de una visceralidad enfermiza, que les hace ver enemigos de la revolución y desestabilizadores en cualquiera que se atreva a no opinar como ellos, a disentir en alguna forma, a señalar errores o, simplemente, a opinar. Pareciera que no han entendido aquello de la democracia participativa y protagónica o, en su primitivismo político, creen que sólo ellos pueden opinar y que tienen el derecho, consagrado no se sabe por quién, de insultar, ofender, descalificar, sin tener que presentar ninguna prueba. Así, se ha comportado recientemente la Fundación Cultural Simón Bolívar, en artículo referido a mi persona y a mis opiniones sobre el reciente cambio de autoridades en la UBV.

La rabia o el dolor que se pueda tener por la destitución de la rectora de la Bolivariana no deben pagarla conmigo. Yo no la destituí; no tengo el poder para hacerlo. La destituyó el presidente Chávez; a él deben dirigir sus preguntas y sus angustias. Él tendrá sus motivos. Por el momento hemos leído al ministro diciendo que no se logró la articulación de la Misión Sucre y la UBV, que era lo que se quería cuando se designó a estas autoridades. Si fue así, hay responsables, y la destitución de las autoridades apunta hacia ellos en lo que a responsabilidad se refiere. Estoy hablando con los hechos por delante. No estoy en la OPSU para que me acusen ahora de ser el responsable del fracaso de Orieta; como tampoco me pueden acusar de no haber construido desde julio de 2004 ni una sola “aldea”, pues este programa nunca estuvo en mis manos, sino en las de la Misión Sucre. A buscar responsables en otra parte, compañeros.

No he estado en la Bolivariana y no se cuáles fueron los entuertos que dejó la profesora María Egilda. Lo que sí sé, y es además evidente por el desenlace habido, es que la profesora Orieta no pudo enderezar nada y las cosas como que se agravaron tanto con su gestión, que el Presidente debió destituirla. Ustedes mismos lo reconocen en su escrito cuando firman que poco se logró y que, a pesar de todos los despidos, todavía quedan profesores trabajando contra la municipalización. Eso es lo objetivo; lo otro son rabias, odios, llantos, sentimientos, insultos y calificativos que no hablan muy bien de ustedes.

Que las autoridades actuales no tienen las credenciales para esos cargos no es algo para continuar con las ofensas. Simplemente, no las tienen. Ni para la universidad de la cuarta república y mucho menos para la de la quinta república que requiere, para ser soberana e independiente y poder enfrentar la amenaza imperialista, ser de mucho mayor calidad, más exigente, más académica y más dedicada, opinión que no se debe a ningún complejo pequeño burgués ni obedece a una posición elitesca de mi parte. Pregunten cómo es la universidad en Cuba, para que dejen de lado ése sí complejo populista, que ve en toda posición que reivindica la excelencia educativa una maléfica influencia burguesa.

En la izquierda revolucionaria he estado siempre, desde los años sesenta cuando la lucha armada. Fui protagonista del despertar del movimiento popular a finales de los ochenta y los noventa. El 27 de febrero me encontró en la calle, al lado del pueblo. Apoyé a Chávez desde el golpe de Estado del 4 de febrero, cuando nadie daba nada por él. Tengo nombre propio en las filas revolucionarias y no necesito “colarme” en ningún sitio. Soy académico, me enorgullezco de ello y puedo mostrar una abundante obra científica y humanística publicada, la mayoría de las veces arbitrada, tanto en el pasado como en los más de seis años que lleva este proceso. Para mí la lealtad es una cosa y la adulación otra muy distinta. Sería muy largo enumerarles y explicarles todo lo que se hizo durante el tiempo que ejercí como Director de la OPSU y pienso que no vale realmente la pena.

Rechazo todos los calificativos y acusaciones que gratuitamente se me hacen sin presentar siquiera una mínima prueba. Esa es la forma clásica en que los puntofijistas acusan al gobierno del presidente Chávez. Sólo epítetos y calificativos, nada más. ¿Qué yo atraso la municipalización? Nunca estuve a cargo de la misma. El rector actual de la UBV sí, a él deben preguntarle por las aldeas y la municipalización. Es siempre fácil, culpar de las fallas propias a otro y señalar a seres medio fantasmagóricos, que creamos para no encarar nuestras fallas, inconsecuencias, debilidades y miserias.

Una última cosa. Seguiré escribiendo, hablando y actuando en función de lo que creo justo. Ustedes no son quienes para adueñarse de este proceso revolucionario, ni para decir quién lo es y quién no lo es. Tienen en él los mismos derechos que tengo yo y no pienso renunciar a los míos, a pesar de que sigan pataleando e insultando. No se adueñen tampoco del pueblo, porque éste no tiene dueño.


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Luis Fuenmayor Toro


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