Tigres de acero

Recientemente, el presidente Chávez rechazó amenazas de EEUU y declaró que este país terminará por ser lo que Mao Tse Tung decía: un tigre de papel, mientras nosotros, refiriéndose a Venezuela, Cuba, Nicaragua y Ecuador, países visitados por el líder iraní Ahmadineyad y por tal razón amenazados por una portavoz del Departamento de Estado, seremos “pequeños tigres de acero” y concluyó diciendo “para allá vamos”.

Por supuesto que en lo conceptual estoy totalmente de acuerdo con el Presidente. Un país soberano no puede aceptar ningún tipo de amenazas de nación ninguna, mucho menos por haber recibido soberanamente la visita de un Jefe de Estado. Respaldo también, sin ningún tipo de dudas, el derecho de cualquier país al desarrollo pacífico de la energía atómica y rechazo las amenazas de intervención armada del imperialismo en Irán, Siria o cualquier otro país, sea cual fuere la causa invocada.

Dejando lo anterior bien claro, debo decir que me preocupa que lo dicho por el Presidente, de que estamos en la vía de ser “pequeños tigres de acero”, sea más un deseo o parte de un emotivo discurso que una realidad. Quisiera sinceramente que estuviéramos en el camino de la construcción de ese tigre de acero, pequeño en cuanto a su modesta extensión territorial y al número de sus habitantes, pero fuerte en la unidad de los mismos y su férrea decisión de ser libres y soberanos.

Sería una nación de gente instruida, con preparación técnica, profesional y formación ciudadana con todo el rigor de la palabra; un país con un gran desarrollo industrial, dominio del conocimiento y producción de riquezas, que lo hagan realmente independiente, con una población unida en torno a los intereses nacionales y preparada para defender sus libertades, su cultura, su territorio y sus elevadas condiciones de vida.

Pero ésa no es la senda que recorre actualmente Venezuela y posiblemente tampoco la que recorren los otros países amenazados. Lamentablemente, la afirmación presidencial es una aspiración, un anhelo, pero nada más que eso. Estamos muy lejos, no sólo de la meta planteada, sino también de la ruta para alcanzarla. La abandonamos hace más de medio siglo y no la hemos reencontrado todavía. No. No vamos para allá; vamos en la dirección contraria...         

lft3003@yahoo.com

Últimas Noticias, pp 34, 25-1-2012, Caracas




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Luis Fuenmayor Toro


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