Entonces CAP llamó a Washington y dijo: “-Yo no puedo con esto, díganme qué hago”

Con las reservas internacionales del país en trescientos millones de dólares, solo le quedaba al gobierno pedirle cacao al Fondo Monetario Internacional. Entonces a CAP se le cayó la horrible máscara que andaba mostrando por el mundo mientras mentía como un bellaco, que él nunca se sometería a los mandatos del FMI. Ahora todo su equipo de gobierno explicaba que someterse al FMI era la única salida por cuanto Venezuela estaba inmersa en el sistema financiero internacional y carecía totalmente de capacidad de maniobra, y que ningún país del mundo occidental entrega una locha a menos que el FMI apruebe esas solicitudes de crédito.

El 28 de febrero de 1989 pidió con urgencia una cadena de radio y televisión y dijo: “No quiero una popularidad que se cifre en que mi voz se silencie, o en que no me atreva a tomar medidas que puedan en alguna forma disminuir el aprecio o la confianza que en mí se tenga. Por eso les dije: yo no les pido que me lleven en hombros a Miraflores, mi orgullo y mi ambición es a que me saquen en hombres de Miraflores.”

Cansado de llamar a Washington sin que le dieran una fórmula medianamente salvadora, se resignó con la salida de la represión. En 2 de marzo de 1989, Pérez trataba de respirar un poco más tranquilo, y nueve mil jóvenes soldados entrenando equipos militares nuevos salieron a controlar las calles de Caracas. En los gabinetes de gobierno Pérez hablaba sin cesar, y sus ministros –escogidos para que fuesen mirones de gallinero– no se atrevían a criticar el desastre provocado por unos muchachos muy inteligentes para dar clases en una universidad, como el Miguel Rodríguez, pero que experimentaron con el país como si fuese un conejillo de indias. Entonces, para Pérez tener un pequeño diálogo con sus callados ministros, lo hacía interpretando sus miradas, el rictus de la comisura de los labios, sus silencios. No sabía qué pensar, y un día, cansado de tanta sorna silenciosa, dio un golpe a la mesa con la mano y gritó: “— Coño, aquí nadie me ayuda. Me han dejado todas las cargas a mí solo. Fedecámaras se hace el loco. A mí se me injuria si se me dice que yo soy un neoliberal. A este país se lo está llevando el diablo y yo no tengo ninguna culpa”.



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José Sant Roz

Director de Ensartaos.com.ve. Profesor de matemáticas en la Universidad de Los Andes (ULA). autor de más de veinte libros sobre política e historia.

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