Análisis político

No puede negarse que el análisis, o sea la descomposición de las ideas, sirve admirablemente en muchos casos para darle claridad y precisión al pueblo; pero es necesario no olvidar que la mayor parte de los seres son un conjunto, y que el mejor modo de percibirlos es ver de una sola ojeada las partes y relaciones que le constituyen.
Ya hemos dicho que el mundo de la política está lleno de conflictos y colisiones, además que esta base debe aparecer bajo la forma de un acontecimiento determinado. Pues bien; es en una acción colectiva donde hay que buscar el punto de partida para todo movimiento. Esto es singularmente importante para las primeras situaciones. Lo primero a considerar concierne a la extensión del conflicto de clases. Esta extensión se basa, al mismo tiempo, en el fondo y la forma de la objetividad y la apariencia real, todos los entes políticos de oposición nos ofrecen una forma independiente que el pueblo protagonista se detiene en rechazar, describir o contar. Puede la burguesía desarrollar este aspecto en sus caracteres diarios, mientras que el pueblo concentra y analiza cuanto se aprende en la intimidad del sentimiento, o bien pasa rápidamente sobre ellos, limitándose a reflexiones que los condenan en pocas palabras.

Pero la objetividad de la política tiene por consecuencia inmediata el desarrollo y la multiplicidad valorada de los diversos rasgos. Bajo este aspecto, en ningún otro género como en la política tienen los pueblos el derecho a independizarse hasta el punto de parecer completamente independientes. Pero, sin embargo, deben vincularse al desarrollo de la acción, aunque sólo sea como obstáculos que retarden su curso.

Si examinamos de qué manera es capaz la política de motivar el desarrollo y la marcha de los acontecimientos, observamos que no puede basarse en el carácter puramente individual de movimientos de grupos o de asociaciones, ni tampoco en motivos personales; ello sería entrar en los dominios del individualismo. También bajo este aspecto debe conservar la forma de la objetividad, que constituye el tipo fundamental de la política. En efecto, ya hemos visto varias veces que, en la política, las circunstancias exteriores no tienen menor importancia que los motivos emanados de la voluntad popular y necesidad de los acontecimientos que están en pie de respectiva igualdad. Por consecuencia, el personaje político puede seguir la marcha de los acontecimientos exteriores sin perjuicio para su individualidad, y sus acciones parecen ser un simple efecto de los mismos.
La unidad, tomada en un sentido tan general, ha llegado a ser, un vocablo que se presta a muchos equívocos. En efecto, cada acontecimiento se prolonga al infinito. Se extiende, tanto por el pasado como por el porvenir, en una cadena de circunstancias y de hechos particulares, de forma que no se puede determinar, entre tantas situaciones e incidentes, qué puede ser considerado como realmente vinculado a la acción. Por tanto, si sólo nos atenemos a esta sucesión, siempre se podrá prolongar en ambas direcciones del tiempo.

Pero, tal sucesión de hechos constituye precisamente el carácter prosaico. El simple hecho sucedido debe ser considerado como el aspecto exterior y real de toda acción humana, sin que deba buscarse en él la ejecución de un deseo particular.

Desde luego, considerando el vasto conjunto político que nos ofrece el mundo real según el encadenamiento racional de causas y efectos, de fines y medios, y conforme a las otras categorías del pensamiento lógico en general, siguiendo las relaciones exteriores de lo finito. Cada grupo aparece por una parte en falsa independencia, por otra parte en relación con los demás, siendo solamente relativo e independiente. No se revela en ello esta libre unidad que, a pesar de la multiplicidad de partes y de desarrollos, forma un todo orgánico libre, cuando no son más que el despliegue y la manifestación del principio que constituye su centro, penetrándolo y vivificándolo. Este modo del pensamiento lógico no va más allá de las leyes particulares de los fenómenos sociales; se detiene en la separación y en la simple relación de los hechos particulares con su ley general; de igual modo que estas leyes quedan aisladas y separadas, porque su utilidad siempre está concebida bajo la forma exterior o de lo finito.

Ahora bien, sólo el pueblo puede perseguir y realizar un fin; de manera que identificado con este fin y este motivo queda colocado en lo más alto de la política. Es más, si la acción y el desarrollo de todo el carácter de la burguesía, de donde se deduce el motivo y el fin, sólo se manifiestan en situaciones y acontecimientos que forman una vasta cadena indefinida en cuanto a su origen y fin, por el cual tratan de seguir beneficiándose de todos los recursos del país; mientras que el pueblo por lo tanto identificado con este fin y este motivo queda colocado en lo más alto del poder para lograr sincerizar los medios de producción y la economía.

“Siempre Sancho, lo he oído decir, que el hacer bien a villanos es echar agua en el mar; si yo hubiera creído lo que me dijiste, yo hubiera excusado esta pesadumbre; pero ya está hecho, paciencia y a escarmentar para desde aquí adelante.”

¡Gringos Go Home!
¡Libertad para los cinco héroes de la Humanidad!
Hasta la Victoria Siempre y Patria Socialista.
¡Venceremos!


manueltaibo1936@gmail.com


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Manuel Taibo


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