“El hombre nunca es demasiado viejo para aprender”
Thomas Middleton (1570 – 1627)
En primer lugar sería conveniente comenzar con algunos datos extraídos de Internet, para saber de qué vamos a hablar:
El asfalto es un material con una alta viscosidad, adherente (pegajoso) y de color negro, que es utilizado como un aglomerante para la construcción de carreteras, autopistas y calles. De la misma manera se usa en impermeabilizantes. Está presente en el petróleo crudo y compuesto casi de manera exclusiva por bitumen (como nos quiso hacer creer la PDVSA de la Cuarta República, respecto a la Franja Petrolífera del Orinoco, llamada Faja Bituminosa y explotada de manera no convencional, sino a través de famosa “ORIMULSIÓN”). Su nombre recuerda al Lago Asfaltites (el Mar Muerto), en la cuenca del afamado Río Jordán.
El Lago Guanoco, en el Estado Sucre, en Venezuela, es el depósito natural más extenso del mundo, con un área de cuatro Kilómetros cuadrados y 75 millones de barriles de asfalto natural (mezcla de hidrocarburos sólidos). A pesar de su fácil explotación y su excelente calidad el asfalto natural no es explotado, pues se obtiene más económicamente como subproducto sólido del craqueo o fragmentación producida en las torres de destilación al igual que sucede con el gas, obtenido cuando se produce la gasolina (es risible recordar que igual sucedía con la gasolina cuando no se había inventado el automóvil y era reinyectado en los pozos petroleros luego de la destilación para obtener gas de alumbrado en el siglo XIX).
Debido a que el asfalto es altamente impermeable, adherente, cohesivo y capaz de resistir altos esfuerzos instantáneos, fluyendo bajo la acción de cargas permanentes es ideal para la construcción de pavimentos, puesto que cumple las siguientes funciones:
Impermeabiliza la estructura del pavimento, haciéndolo poco sensible a la humedad y muy eficaz contra la penetración del agua que proviene de las precipitaciones.
Proporciona una íntima unión y cohesión entre los componentes (agregados), capaz de resistir la acción mecánica de disgregación que producen las cargas de los vehículos. De igual manera aumenta la capacidad portante de la estructura, lo cual permite la disminución de su espesor.
La llamada mezcla asfáltica se trata de una combinación de asfalto y agregados minerales pétreos utilizando “proporciones exactas”. Las proporciones relativas de dichos minerales determinan las propiedades físicas de la mezcla y por tanto su rendimiento como mezcla terminada para determinado uso.
La mezcla asfáltica debe ser duradera: debe resistir las acciones como el despegue de la película de asfalto del agregado por efecto del agua, abrasión del tránsito y otras eventualidades. Debe ser resistente al tránsito a través de su estabilidad. La mezcla debe ser impermeable para que sus componentes no se encuentren bajo la acción directa de los agentes atmosféricos y debe ser manejable para su fácil colocación y compactación en el terreno.
Dichas mezclas deben ser confeccionadas en plantas y con los equipos apropiados para esta labor. Según sus propiedades y espesores de capa, se considera que aportan capacidad estructural al pavimento.
Sin duda alguna en nuestro país existe un gran problema con el asfaltado de las vías públicas, sean estas calles, avenidas, autopistas, caminos vecinales o rurales (estos generalmente engranzonados).
Para quienes poseemos vehículos automotores es un sufrimiento transitar a cualquier hora del día o peor si es en horas nocturnas por cualquiera de éstas vías pues generalmente se encuentra un desperfecto (hueco) que hace pensar en la posible reparación que en muy poco tiempo deba realizarle al vehículo a causa de la caída en dicho cráter que probablemente dure lo que la famosa novela de Gabriel García Márquez: Cien años, aunque no de soledad.
Para solventar esta situación, sin ser un experto, se deberían aplicar a nivel de las municipalidades o gobernaciones, una serie de medidas bastante fáciles de emplear si existiera suficiente “voluntad política” y deseos de prevenir más que reparar los daños al pavimento:
1°) Una de las sustancias que daña más el asfalto es el agua, sobre todo si contiene detergentes. Por tanto antes de realizar cualquier construcción debe planificarse no sólo el suministro de agua potable, sino la recolección de las aguas servidas. En las estadísticas siempre ha existido una desproporción entre la población que posee servicio de agua potable versus la que disfruta de la recolección del agua después de ser usada (siendo importante tanto un aspecto como el otro para la salud del ser humano y para evitar la creciente contaminación del planeta). Igual importancia tiene el tratamiento de las aguas servidas (industriales o domésticas), puesto que las Alcaldías y Gobernaciones no se preocupan en realizar obras de infraestructura adecuadas (plantas de tratamiento de aguas servidas) para evitar la contaminación de los suelos y los cursos de agua superficiales y peor aún las aguas que están en el subsuelo (que también sufren los embates de los desechos sólidos (basura).
2°) En el interior del país no se contempla la canalización de las agua de lluvia y estas corren libremente por las calles, produciendo un gran congestionamiento del tránsito cada vez que ocurre una fuerte lluvia (por encima de lo habitual). Lo adecuado es construir paralelamente a las cloacas que sirven para llevar las aguas servidas de la industria y de las residencias hacia las plantas de tratamiento, conductos mucho más amplios (de mayor capacidad), para conducir las aguas de lluvia, puesto que se puede calcular en forma bastante aproximada la cantidad de agua servida por vivienda o por industria, pero jamás se podrá predecir (sobre todo en un país tropical como el nuestro) la cantidad de lluvia que puede caer en un momento dado. En prácticamente todas las poblaciones del oriente de Venezuela no existe la canalización de las aguas de lluvia y sólo se efectúan unas cunetas extremadamente profundas para conducir el agua por encima de las calles hacia las quebradas o ríos, causando la contaminación de los cursos de agua debido al arrastre de toda la basura que generalmente se encuentra en las calles.
3°) Otro gran problema que existe sobre todo en el Estado Bolívar y por ende en el resto del país hacia donde se conducen los materiales (metálicos y no metálicos) producidos en este Estado, es el exceso de carga que es transportado en los camiones y peor aún en las gandolas que salen de las llamadas Empresas Básicas (siempre exceden la capacidad de carga de dichos vehículos) y ello incide negativamente en las rutas que deben recorrer puesto que las vías terrestres no están diseñadas para soportar sino una cantidad de carga limitada y todo exceso además de pagarlo el vehículo que se deteriora más rápidamente y requiere un mantenimiento más continuo (que generalmente no le es dado) lo “capitalizan” nuestras carreteras, calles y autopistas que son destruidas más aceleradamente.
4°) Por supuesto que existe en toda construcción de una obra la posibilidad de corrupción. El asfaltado (según lo que he podido investigar) es una ciencia de la ingeniería bastante exacta y requiere de un conocimiento técnico preciso, adaptado al uso y debería durar un tiempo determinado si se planificara, diseñara y construyera con los requerimientos más adecuados a los actuales parámetros de ejecución de dichas obras. Pero esto no es así y en lo expuesto al inicio se puede deducir que existen muchas posibilidades para individuos corruptos y sobre todo corruptores de funcionarios públicos, para esquilmar al Estado mediante la economía en los componentes más costosos de las llamadas mezclas asfálticas, disminuyéndolos y suplantándolos por los más económicos y sobre manera reduciendo el espesor de la capa asfáltica en centenares o miles de Kilómetros de vías pavimentadas. Hay que recordar que la pavimentación de una vía es un conjunto de capas de diferente espesor y constitución que requiere toneladas de materiales: tierra con alta composición de arcilla (tierra rojiza), que sirve de capa impermeable para el agua, piedra picada gruesa (granzón), piedra picada más fina, arena y la capa de rodamiento con su composición adaptada según las especificaciones técnicas provenientes del estudio de las condiciones del terreno y del estudio del tránsito que va a soportar la referida vía (frecuencia de paso y tonelaje previsto).
Habría que figurarse lo que sucede cuando el constructor y el Ingeniero que debe ejercer el control, se ponen de acuerdo para economizar en los materiales o en el espesor de las capas respectivas por Kilómetros y Kilómetros de vías, en daño para la nación y en gastos de mantenimiento de las referidas vías, muchas veces a cargo de esa nefasta combinación por tratarse de sus predios (de su territorio).
5°) Otro exabrupto que se observa muy a menudo es la ruptura de las vías para conectarse a las redes de aguas servidas desde las viviendas que se construyen o se reparan a continuación del asfaltado y que en ocasiones producen un efecto de columna vertebral con sus respectivas costillas, pues en el centro de la vía se sitúa la cloaca principal con un ligero hundimiento o elevación y de lado y lado las respectivas costillas que son las numerosas zanjas realizadas por los dueños de las viviendas con la finalidad de conectar su vivienda al colector principal rompiendo la calzada y por supuesto dejándola así o con una infame reparación. Para combatir esto debería realizarse la llamada acometida de aguas servidas a cada vivienda cuando se realiza la cloaca principal (sin olvidar la recolección de aguas de lluvia con su respectivo alcantarillado) y de haber lotes de terreno vacíos dejar las tanquillas a nivel de las aceras para la conexión a futuro, todo esto previsto por quienes se ocupen de ejecutar el trabajo (no hay que olvidar que una inversión hoy siempre será más económica que la que se efectúe mañana).
Está en manos
y en la voluntad de las “autoridades competentes” regionales o locales
que legislen en esta materia o muchas veces hagan cumplir la legislación
ya existente, puesto que este es uno de los problemas que se pueden
resolver con relativa facilidad si sólo existiera la llamada “voluntad
política” que en nuestro país pareciera no existir.
“Hay tres silencios: un silencio de palabra, otro de deseo y otro de pensamiento”.
juanstaback@gmail.com