Trincheras de Ideas

¿Hasta cuándo CAP y tanta necrofilia adeca?

Carlos Andrés Pérez, el presidente genocida del pueblo caraqueño aquellos aciagos días de febrero y marzo de 1989, donde cayeron asesinados entre mil y tres mil hombres mujeres y niños ante las balas asesinas de un ejército y una policía ahítos de sangre, comandando por Estados Mayores militares y políticos, de querer cobrarle a ese pueblo su valentía de haber rechazado en las calles el nefasto paquete económico neoliberal que el traidor presidente le impuso al país a los pocos días de haber tomado posesión del cargo, por instrucciones del Fondo Monetario Internacional o FMI.

Pero CAP no fue expulsado de AD el 20 mayo de 1994 por aquellos crímenes, donde una mayoría de 21 votos del CEN contra 7, aprobó la expulsión de CAP, por ladrón, porque finalmente se le comprobó que se había robado de una partida secreta (manejada “discrecionalmente” por el presidente) cerca de 250 millones de bolívares (17 mil dólares de la época), el 30 de mayo de 1996, la Corte Suprema de Justicia lo condenó por "malversación genérica agravada".

El hundimiento del presidente tránsfuga, ex agente de la CIA (su maestro en norteamérica fue el ex jefe de la CIA yanqui, Adlai Stevenson), protector incondicional de la mafia de criminales cubanos que tomaron por asalto la dirección de la Digepol/Disip y otros organismos de inteligencia venezolanos, comenzó desde que fue nombrado ministro de relaciones interiores de Betancourt. Su vocación de torturador, de quién avaló las torturas y crímenes del gobierno de su maestro Rómulo Betancourt, comenzó cuando se legitimó el crimen político en Venezuela con la frase ruin de neto corte fascista de: “Disparar primero y averiguar después”. ¿Cuántos venezolanos y venezolanas quedaron en los caminos de la Patria después de aquel decreto de guerra recién comenzado el gobierno adeco en 1959.

Un historial de corrupción institucionalizada, de crímenes horrendos y genocidio, de entrega de la riqueza y la soberanía del país a capitales trasnacionales norteamericanos, de corrupción masiva del pueblo y desmembramiento del país, arrastra CAP a través de por lo menos 40 años de vida política. Se vino hacer justicia política el 4 de febrero de 1992. CAP cae en desgracia en su partido que lo expulsa y se acelera su salida del poder, su prisión por dos años por el delito menos graves de un insignificante robo de 250 millones de bolívares cuando traficó miles de miles de millones de bolívares, por el efecto descomunal y megatónico de la insurrección militar que dirigió Hugo Chávez y otros militares patriotas.

La historia de la huida del país, su exilio dorado con su también delincuente amante y posteriormente esposa, es la de un hombre herido de muerte, caído en desgracia que lleva tras de sí el pesado fardo de sus crímenes y entreguismo.

La puja familiar por traer sus restos o enterrarlos en los Estados Unidos del Norte, no parece ser precisamente ni por amor a la patria por parte de los de aquí ni de los de allá. Nos parece que en esa lucha crematística, por la heredad y las riquezas mal habidas que atesoró el infame hombre que mal gobernó Venezuela por dos períodos, enterrarlo en esta tierra o en la otra donde falleció, es la apariencia, un litigio legal no por cadáver sino por la riqueza del cadáver, es la verdad de fondo según nuestra apreciación.

Otra razón es, evidentemente, de carácter político. La macabra dirigencia de ese cascarón que queda del otrora poderoso partido acción democrática, ha querido comenzar a revivir políticamente, como si fuera un Cid Campeador contemporáneo, al ex presidente CAP, muerto hace 10 meses, más concretamente el 25 de diciembre de 2010. AD, franquicia política donde toda aspiración política se cobra en dollares, partido que tiene un magro 5% de aceptación en la opinión pública, concibe la insania de pretender preparar o lanzar matrices de opinión para recibir un cadáver como un héroe, como su estuviese vivo y, muchos de aquellos que los expulsaron del partido, le sobresee su condena política por los muchos delitos cometidos, y no faltó quien dijera que había que recensar al expresidente.

Evidentemente el pillo de Ramos Allup ha tratado de aprovechar políticamente la imagen de CAP en el marco del proceso electoral en ciernes, en la puja política en la MUD, en la recomposición del partido y la búsqueda del fortalecimiento a través de la amnistía para los que fueron expulsados –CAP entre esos– o se fueron en alguna de las tantas fracturas que esa organización sufrió en los últimos años. Por supuesto elevar la imagen de una persona muerta al cenit de la política como si fuese un líder vivo parece entrar dentro del surrealismo más extremo, sobre todo si se toma en cuenta que AD no tiene líderes de envergadura que impacten las masas, los más ancianos están muriendo, otros se retiraron de la política. Al partido AD lo derrotó CAP con su neoliberalismo de febrero de 1989. A AD lo derrotó Salas Römer en 1998, cuando los pateó, los escupió, cuando defenestraron al anciano Alfaro Ucero, que fungía como secretario general. Se arrastraron ante el oligarca valenciano porque se comieron la coba de que podría ganarle a Chávez y finalmente el chavismo los barrió.

No podía una letrina como globo terror dejar de sumarse al sainete de querer lavarle la imagen a CAP y presentarle los infames diez años de sus dos gobiernos como lo mejor logrado políticamente en la Cuarta República. Periódicos basura como El Nazional, la charca de El Viejo País o El Universal, llenaron sus páginas de infames loas que no se compadecieron con la realidad de aquellos dos períodos de gobierno represivos y criminales del hoy fallecido presidente.

Se auto engañaron los cuatro adecos que quedan y dirigen la franquicia y creyeron que miles y miles de venezolanos bajarían a recibir a la momia del expresidente. La realidad de la Venezuela de hoy es otra y el pueblo hace 12 años tomó una decisión bien clara cuando el 27 y 28 de febrero de 1989 se insurreccionó y ese estallido social fracturó e hirió de muerte el Pacto de Punto Fijo, alianza tripartidista organizada por la oligarquía ya reordenada antes de la caída de Marcos Pérez Jiménez y clara en sus objetivos estratégicos de frustrar las luchas populares que dieron al traste con la dictadura el 23 de enero de 1958 y reordenar la economía venezolana en las coordenadas de los interés del imperialismo yanqui.

Finalmente CAP ha sido enterrado, al parecer la bulla no dio los resultados políticos que esperaban los adecos y los sectores de la oligarquía que amamantan la franquicia e invirtieron en publicidad para generar una matriz de opinión donde pretendieron vender como un buen gobernante, patriota y hombre de su pueblo. Propaganda dirigida a la juventud que no vivió esa época y poco conoce de la historia contemporánea de Venezuela, pero el tiro les salió por la culata.

Entierren a la momia de CAP, crémenlo, rieguen sus cenizas por el río Guaire, que el polvo desaparezca y su recuerdo se borre como las pestes o desgracias que le toca padecer a los pueblos porque CAP y ADF han sido eso, una desgracia para Venezuela.

( www.revistacaracola.com ) (Con Hugo Chávez y la revolución, todo) (Movimiento Social de Medios Alternativos y Comunitarios –MoMAC-) (Libertad para los 5 héroes cubanos presos en las mazmorras del imperialismo yanqui)


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Humberto Gómez García

Director de la revista Caracola. Pertenece al Movimiento de Medios Alternativos y Comunitarios (MoMAC). revistacaracola.com.ve

 humbertocaracola@gmail.com      @hgcaracola

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