Letra desatada

Mar vinotinto

En anteriores comentarios me he referido a la autoestima del pueblo venezolano. Al comentario más antiguo, según el cual sólo nos conocen por ser un país petrolero, se le han sumado las misses y las telenovelas. En los últimos veinte años nos hemos “destacado” a escala planetaria por los índices de inseguridad y, en los últimos diez, por Chávez y los logros de la Revolución Bolivariana. Imagino la cara de los compatriotas de oposición cuando en el exterior las mujeres bonitas fueron sustituidas por: ¿Ah, es usted de Venezuela? ¿Qué tal Chávez?

En nuestra segunda colonización, después de la del imperio español, nos convirtieron junto a Latinoamérica en el “patio trasero” de Estados Unidos. Colonizados por esta nación aprendimos a apasionarnos por el beisbol, excelente deporte lleno de alternativas, numeritos y hazañas que emocionan a multitudes y desatan rivalidades, que despiertan fanatismos y, con ellos, alegrías, tristezas y verraqueras en nuestro país. En la pelota gringa hemos ganado Cy Young y somos buenos productores de guantes de oro y jonroneros.

Nos bandeamos en el siglo pasado con los “héroes del 41”, Morochito Rodríguez, algunas medallas olímpicas en Natación, y en los últimos diez años nuestro país ha multiplicado sus subidas al podio en decenas de competencias internacionales, gracias a la inversión del Gobierno revolucionario. En los deportes de conjunto, no profesionales, nuestro fuerte ha sido siempre el volibol, el básquet y ahora el fútbol. El Mundial de Beisbol aún es una aspiración, mediatizado y dominado por la pelota gringa.

Nos acostumbramos, pues, entre otras cosas, a ver los mundiales de fútbol sin Venezuela y a tomar “partido” por alguna camiseta distinta a la vinotinto. Por parejeros, diría mi mamá. Tengo recuerdos de mundiales desde Argentina 78, el de la selección de Mario Kempes. Y de ahí para acá mis preferencias, a falta de la vinotinto, iban hacia cualquier país de América o África. Y mi “desprecio” dirigido a las selecciones de Alemania, Inglaterra, Italia y España. Pura geopolítica deportiva, tampoco es que la cosa, en mi caso, llegaba al extremo de batir crema pastelera.

Les cuento todo esto porque quiero hacer un juramento: juro solemnemente que nunca más haré mío el triunfo de algún país que no sea Venezuela, juro que nunca más irrespetaré mi bandera y mi patria, juro que seguiré apoyando a nuestros deportista, juro que no dejaré de ver ni un solo juego de la vinotinto, juro que lloraré si en el 2014 lleno un álbum de barajitas con los jugadores de nuestra selección, juro que aunque perdamos me sentiré orgullosa y juro que haré lo imposible: ahorrar, por ejemplo, algo que nunca he logrado hacer, para ir a ver a la vinotinto jugar por primera vez en una copa del mundo. ¿Cuántos juran conmigo? ¡Magallaneros, magallaneras y fanáticos todos de la vinotinto, ¡juren conmigo!


mechacin@gmail.com
@mercedeschacin


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Mercedes Chacín


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