Sr. Cardenal Arzobispo de Caracas, Jorge L. Urosa Sabino

No me es grato dirigirme a usted, pero las circunstancias me obligan a contestarle la carta que le envió a Miguel Henrique Otero, donde le manifiesta su solidaridad, ante los continuos ataques que ha recibido ese señor y su señora madre en un programa transmitido por la televisora del Estado venezolano, la que no expresa cuál es como si le diera piquiña lingual para decir el nombre del canal al que se refiere, pero como su odio es holocáustico brutal que le revienta las hinchas del alma, se desahoga en una dirección una vez que las tripas pensantes de su cerebro se le alborotaron de rabia y como es bien visto dentro de la oposición hablar mal lo que huela a gobierno –usted se dijo, vamos a darle y salió con su carta pública tan mal redactada que da sudoración gramatical leerla, pero cardenal es cardenal, aunque esté alejado de dios por sus maldades perversas que no esconde, porque no tiene dónde, porque el saco de concordia se le perdió.

No sé quién lo invitó a usted a ese entierro de lástima, pero como un buen sinvergüenza a fin con su modo de pensar se da a la tarea de echarle más leña al fuego como si estuviera en el purgatorio destilando considerandos que aúpen la discordia de la dicha de la maldad a la que está bien acostumbrado a disfrutar a costillas ajenas –su disfrute diario como malvado consumado y con el buen tino que ya tiene pedestal en el cielo de los ruines. ¡Amén!

Usted dice: “Nadie tiene derecho a insultar, ofender y agraviar a ninguna persona en ninguna ocasión”. Pareciera un mandamiento. Hombre por dios si ese es el pan nuestro de ustedes los representantes de la CEV en toda ocasión en que intervienen y a dios le caen a patadas como a un balón de fútbol y siempre se dispersan para un solo lado, el que a ustedes le convenga mejor y eso lo hacen con la mayor naturalidad del mundo y los curitas no se quedan atrás en su monserga dominguera y, mas adelante escribe: “Las opiniones y posiciones políticas deben confrontarse en el campo de las ideas y no con insultos y ofensas de baja estofa”. ¿No cree usted cardenal que hubiera sido más espirituoso entrarle a su frase de otra forma más armoniosa? No. Bueno, quizás, si hubiera aconsejado a su destinatario, algo así como, mira Miguel Henrique, tú tienes un periódico donde se ofende y se difama a las personas todos los días con una vileza que ya es norma en ustedes, porqué no te revisas y mejoras lo que debas mejorar sin bajar tu intención de mantenerte escuálido, pero amigo, no le hagas a otro lo que no quieras que te hagan a ti y  a tu familia –coño, aplausos para el cardenal, porque está ejerciendo el papel que debe jugar la iglesia. Lo felicito cardenal por su ecuanimidad cristiana. ¡Yo te aviso!

Y sigue: “Sin duda alguna, las autoridades del Estado deben actuar al respecto, a fin de impedir que se utilice la libertad de expresión como escudo para agraviar y someter al escarnio público a quienes disientan de las políticas del actual Gobierno Nacional” ¡Qué bello te quedó cardenal! ¡Qué vaina tan hermosa! Esa es la iglesia de mi país una verdadera dictadora y mire cardenal que si eso que usted dice, nos atenemos, se tendrá que cerrar todos los medios, por supuesto que los del Gobierno ni de vaina los de la oposición. No. Eso no. Sr. Cardenal -¿vive usted en Venezuela? O ya está en el infierno de sus paradigmas.

Y lo más hermoso de la carta, la despedida: “Con mis votos por su paz y bien en el Señor, me es grato suscribirme, Muy atenta mente, + Jorge L. Urosa Sabino, Cardenal Arzobispo de caracas”. Así aparece Caracas con minúscula y su rango eclesiástico con mayúscula, pero eso es lo de menos, sino sus votos de paz -¿cuál paz, cardenal? Y bien en el Señor. Ése tampoco sé cuál es o si es el señor del dinero o de la oligarquía. Claro que le es grato hablar mal del régimen, si esa es la intención de la carta, porque ese cardenal es más revoltoso e hipócrita que fariseo cargando a dios y debe tener una picazón maligna que le escarba las impudicias que lo tienen loco y es tan pecador que ya no se confiesa.

Bueno cardenal, reciba un abrazo de desolación y duerma en paz qu bastante falta le hace.


estebanrr2008@hotmail.com



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Esteban Rojas


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