He ahí al Alí Primera de Argentina, Facundo Cabral y a Aguasanta Celedonia.

El cantante es más importante que la canción

Aguasanta Celedonia quería que yo fuera sastre y yo sólo quise pescar; en cierta manera la complací porque terminé tejiendo y/o remendando redes para faenar, lo que considero una variante de la sastrería y, por todo lo demás también considero haberla complacido con creces puesto que hasta el Sol de hoy he sido un completo desastre (más que sastre).

Ella me acostaba en sus piernas para sacarme los piojos y las garrapatas, al tiempo que me cantaba canciones indígenas bien bonitas pero que yo no entendía, no obstante que oír una canción y no entender la letra es casi como sólo oír la mitad de la canción pero, me bastaba.

Tanto es así que a la distancia en el tiempo yo evoco ese Orinoco de ternura que ella me hacía vivir cada vez que me cantaba sus cancioncitas tan buenas al tiempo que me cuidaba con sus manos dulcitas.

Y, canté salomas, inspirado en sus canciones lindas. De yo haber sido un verdadero cantante, estoy seguro que las muchachas de otrora, ancianas hoy, habrían exclamado ¡Qué porte, qué apuesto, se parece a Nat king Cole o, acaso, se da un aire a Louis Armstrong!

Hasta ahora, nada sabía yo del cantante y autor Facundo Cabral; me ha consternado el lamentable desenlace de su vida. Empiezo a saber de sus canciones y me ha fascinado. Esperaré a conocer suficientemente su obra para poder opinar al respecto con propiedad, mas, no será lo mismo la huérfana canción de un Cabral amistoso con la paz, pero que ya no está porque la violencia se lo llevó en los cachos.

El cantante es más importante que la canción, pero más frágil.

Todos somos frágiles como un cristal, hemos de saberlo. Nada es más importante que luchar por la paz y por la libertad, sin paz y sin libertad no hay propiamente vida, ni es posible llevar a cabo los desarrollos democráticos, por ello, debemos apegarnos a los más acendrados valores del humanismo revolucionario tales como la solidaridad y la coexistencia pacífica, entre otros, en oposición a los modos del sistema capitalista, éste, ostentoso del humanismo burgués en el que, como bien parodiara Pedro Infante, que “La vida no vale nada / No vale nada la vida /Comienza siempre llorando /Y así llorando se acaba…

Pero, hay que corregir las letras de las canciones e impregnarlas de significados esperanzadores, debemos sacudirnos de fatalismos inducidos y avanzar guiados por sublimes referencias como Alí Primera o como Facundo Cabral.

No pasa un segundo de tiempo que en alguna parte del mundo no suene una melodía, hagamos que la melodía esté impregnada de esperanzas, hagamos esfuerzos porque así sea, de ahí que en lo particular yo estime en alto grado a los cantantes revolucionarios.

La poesía tiende a llevarnos a un mundo ideal y eso me encanta siempre que no despegue los pies de la Tierra; sí uno se pone a cantarle poesías a un pueblo enfermo y con hambre, pierde su tiempo sí antes no coadyuva la satisfacción de sus necesidades, no obstante, por ahí reza el aforismo de que no solo de pan vive el hombre sino de la buena palabra que su voz pronuncia; luego, hay que trabajar y cantar.

Esgrimo de mi parte, el canto de salomas durante faenar. Daba gusto ver a los pelícanos salir despavoridos durante la saloma tan buena, es que se asustaban los pobrecitos o acaso se enojaban porque la pesca de arriba, la menuda, se espantaba.

Uno de los actos del canto, más conmovedor y profundo que hasta hoy he presenciado, es el canto de pilón a cuatro manos, en el contexto de la intrincada montaña, allá donde tú puedes beber agua en el hueco de la mano y, agua extraída del incipiente manantial.

El canto de pilón es de un significado estremecedor, revela la fortaleza de la mujer campesina y su esperanza de redención; para un verdadero revolucionario, es un serio compromiso descifrar la expresión del canto del pueblo especialmente durante el trabajo.

El canto de pilón es en cierta manera una evasión de la mujer campesina a la esclavitud de moler el maíz o a caso sobrellevar ese pesado trabajo artesanal, por eso yo me conmovía cada vez que tenía ocasión de presenciarlo.

Hay que impulsar la revolución hasta liberar de la esclavitud a todos y cada uno de los trabajadores; para bien o para mal se dice mucho con el canto. Por ejemplo, no es cierto que el trabajo sea un enemigo como lo pregonase Rolando Laserie con “El negrito del Batey”.

De ahí que saludo a los cantantes que dicen canciones apropiadas al pueblo pero, a los pesimistas, yo les daría una patada en el culo.

Hay que parar tanta locura, el mundo no debe seguir bajo el imperio de la violencia, es sobrecogedor e imperdonable saber que un apóstol de la paz como Cabral-tal se le dice-perezca bajo esa égida perversa.

Es indispensable tomar sus banderas y no dejarlas decaer hasta que el mundo viva en paz para todos; la locura criminal tiene origen, hay que voltear los ojos hacia ese origen, la violencia no es problema de unos sino de todos pero algunos ignorantes se hacen la vista gorda.

No desestimemos que la primera guerra surgió a la par de la primera propiedad privada; no hay testimonios de guerras, antes de tal etapa humana. La avaricia, la codicia, la acumulación de objetos que tú no necesitas, el dinero, son los fines del capitalismo depredador y de ahí la violencia.

La violencia en Centroamérica es directamente fomentada por el gobierno norteamericano. Todas las guerras de USA son fuera de su territorio. USA se sostiene mediante la industria de la guerra. Hasta tanto los pueblos no se percaten a conciencia acerca del origen de la violencia, será cuesta arriba erradicarla, paños tibios no sirven.

El capitalismo lleva a la guerra; el socialismo lleva a la paz.

oceanoatlanticoguillermo@gmail.com


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Guillermo Guzman


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