Carta abierta a Hugo Chávez

Yo siento que la energía de mi alma se eleva, se ensancha y se iguala siempre a la magnitud de los peligros. Mi médico me ha dicho que mi alma necesita alimentarse de peligros para conservar mi juicio, de manera que al crearme Dios permitió esta tempestuosa revolución, para que yo pudiera vivir ocupado en mi destino especial.

Simón Bolívar.

Así comienzo esta introducción llena de un gran sentimiento que me embarga desde hace varios días en cada una de mis tareas diarias en mi humilde aporte a la Revolución Bolivariana.

Posiblemente compatriota y compañero de armas, amigo del pobre, del enfermo, del olvidado, del señalado, a quienes hace tanto tiempo nos ocultaban en el ser la ignorancia, y la maldad de quienes se hacen llamar aun es estos días “demócratas” no leas directamente este humilde escrito, porque el mundo esta convulsionado, no tanto por tu enfermedad, por la alevosía de quienes aun saborean su partida física y política, sino por esa gallardía, ese valor, de decir lo que te está ocurriendo en tu condición física.

Con el gran cuidado y atención, el mundo y en especial su amado y valeroso pueblo venezolano, el que le ha dado grandes satisfacciones, muchas muestras de apoyo y amor, oraciones, misas, escritos, mensajes por medios de comunicación, hombres, mujeres, niños, niñas, personajes de toda índole, siguiendo cada episodio de su transitar por ese sendero que nuestro creador puso como una alerta a su cuidado.

Sin desmerecer cada acción hecha a lo largo de estos más de 15 años en la preparación de la refundación de nuestra Venezuela.

Aun así, somos nosotros los que nos hacemos llamar “revolucionarios” socialistas, comprometidos por el proceso, ese Poder Popular que usted ha defendido y ha puesto como punta de lanza en cada acción social y política de la transición de un estado netamente capitalista, mercantilista, consumista, explotador, y lleno de tanta avaricia por parte de quienes no creen en la igualdad, en la formación y la necesidad de un pueblo que es una potencia en toda su expresión, quienes debemos seguir y mantener cada orden suya a través de las misiones, planes, pero lo más importante devolverle algo de lo que tanto nos ha dado, son tantas las cosas que pudiéramos decir, reclamar, señalar, pero aquí hoy con un nudo en la garganta, sintiendo un poco el dolor y la angustia suya, de no estar en su despacho, en una de nuestras sabanas caminando y saludando al campesino con su taza de peltre y un buen café, visitando un barrio, entregando viviendas, créditos, visitando los cuarteles, pero aun así nuestro pueblo que sigue formándose, construyendo con espíritu y amor patrio, el Poder Popular, el sueño del padre Bolívar, liberándonos en cada plato de comida que se da en el programa de Alimentación Escolar, en cada camisa y pantalón que cosa la mujer en la bombilla, por cada semilla sembrada en los llanos de nuestro país, dándole un hogar digno a quien está allí mirando con esperanza que su vida está cambiando, el abuelo que va al banco a retirar su pensión, la sonrisa de una madre, el ímpetu de Pastor Maldonado y esos tantos deportistas que hoy son ejemplo para todos y todas.

Pero no estás solo, aquí estamos quienes creemos en un verdadero cambio social, que surge desde las bases del pueblo, estudiantes, campesinos, obreros, empresarios, somos muchos, sabemos que no somos indispensables, pero usted camarada, es indispensable para concretar la crianza de la niña que gatea horita y ya se para y da varios pasos, esa criatura llamada Socialismo Bolivariano.

Recupérate Chávez, Dios te está dando fuerza, serenidad, paciencia, y mucho pero mucho amor, para poder darle más alegría a Rosa Virginia, María Gabriela, Rosa Inés, el gallito, y la gabi, los viejos allá en tu amada Barinas y a tu pueblo quien espera tu regreso.

A ese pueblo cubano a quien amo tanto, quien también con su sabiduría, cariño y vocación me ayudaron a superar un cáncer físico y mental, y aquí sigo luchando para ser mejor hijo, padre y revolucionario cada día más.

Yo también nací en La Habana cuba hace 06 años, y siento lo que tal vez usted siente compañero.

Me queda solo decirle en este humilde y sincero escrito, que no se detenga, que desde la tierra hermosa donde se encuentra pueda ver y definir que hace tu pueblo para seguir liberando la inconformidad y egoísmo de muchos que aun no saben que es revolución, porque se les secaron los sentimientos por el prójimo, y no hay sino la ansia de ser poderosos.

Gracias presidente por todo lo que ese amor, ese ímpetu, ese valor que nos enseña cada día.

Dios está presente en cada paso que das.

(*)Misión Sucre

rufinazam@hotmail.com









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John Antonio Duarte Zambrano(*)


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