Gerencia por crísis vs. Gerencia de premios y castigos

La gerencia pública venezolana de las últimas décadas se ha caracterizado por ser una gerencia por crisis, esto ha significado respuesta inmediatista y poco efectiva a las demandas colectivas. Superada la crisis se regresa a la inercia burocrática que poco o nada genera para la satisfacción de las inmensas necesidades de nuestra pueblo. Con la Revolución Bolivariana se espera la abolición de este estilo gerencial y su sustitución por un modelo de gestión planificado, competitivo, transparente y eficiente.

Han pasado seis años de la llegada del Presidente Chávez al Gobierno, es hora de hacer una primera aproximación teórica a los rasgos que distinguen la Gerencia Bolivariana. En primer término, ha sido acertada en el manejo de crisis coyunturales: Golpe de Estado, Paro Petrolero, Catástrofes Naturales, pero poco o nada en la obtención de los objetivos estratégicos planteados por la revolución, con honrosas excepciones, entre las cuales se destacan: Misión Robinson I; Barrio Adentro; la recuperación del Estado Vargas y la recuperación económica, entre otras. No obstante, los lineamientos estratégicos plasmados en los múltiples documentos, mesas de trabajo, talleres, conferencias y otros medios de difusión, han sido alcanzados en un mínimo porcentaje.

El Ciudadano Presidente reclama, exige, solicita ayuda, diseña nuevas estrategias, pero la revolución bolivariana todavía no alcanza logros significativos en cuanto a sus expectativas de acabar con la corrupción, la pobreza, la desigualdad en la distribución de los ingresos, la marginalidad, la inseguridad social y jurídica, el poblamiento desmedido y descontrolado de las zonas urbanas, el desplazamiento demográfico, la falta de viviendas, la politiquería y la demagogia, males heredados de la cuarta república y reproducidos con fuerza en este proceso.

En segundo lugar, se gesta un peculiar estilo gerencial que gira en torno a las figuras de poder, en cuyo entorno a manera de espiral giran las mismas figuras en uno y otro organismo. Este modelo se puede denominar “Estilo Gerencial de Premios y Castigos”, se caracteriza por considerar a los líderes más prominentes del proceso una especie de supragerente capaz de transfigurarse en el tiempo y el espacio. Dentro de él se observa la multiciplicidad de cargos, funciones, actividades y tareas que cumplen los funcionarios de alto nivel en sus distintos roles: Ministros; Presidentes de Institutos Autónomos; Miembros de Directorios de Empresas del Estado; de Comisiones especiales de prevención o investigación; Fundaciones, Asociaciones dentro y fuera del país. Es sabio el populacho cuando dice: “quién asa dos conejos a la vez, uno de los dos se le quema”...

Sin cuestionar el mérito de estos hombres, en fácil deducir que no pueden realizar un excelente trabajo en todas y cada una de las posiciones que liderizan. Por el contrario, mientras más es la cantidad de tareas que deben cumplir los supragerentes, mayores posibilidades de no atenderlas tienen, por ende mayores fracasos gerenciales tendrá la revolución. esta práctica es caldo de cultivo para que germinen los antivalores institucionales favoreciendo a la derecha dentro de esta guerra silenciosa que pretende acabar con el proceso revolucionario por y desde lo interno de las organizaciones públicas.

Por último y en tercer lugar, este estilo de gerencia promueve el premio y el castigo, por cuanto, cada miembro del gobierno, en cuanto es juramentado en su nuevo cargo, premia a su entorno íntimo designándolos, a su vez, para el ejercicio de varios cargos al mismo tiempo, y si no encuentra un sustituto de confianza, deja el cargo vacante. Es así como se observan designaciones de una misma persona para atender Direcciones Generales de Ministerios; de Institutos Autónomos; Gerentes de Empresas del Estado; Miembros de Comisiones Internas; de Fundaciones y/o Asociaciones adscritas al Ministerios, hasta agotar el espiral de cargos públicos con sus conocidos o recomendados. Por otra parte, se castiga, a quienes trabajaron con el antecesor, sin otra propuesta que su salida del ente.

Este estilo gerencial en la práctica, se ha convertido en una vorágine de sustitución funcionarial que arremete contra todo y contra todos. La oposición, conjuntamente con la quinta columna, organismo adentro, utiliza todos los medios a su alcance para que se sustituya a los más comprometidos. En este sentido, desconoce logros, deslava los avances alcanzados por el trabajo colectivo, descalifica profesionales altamente calificados, planifica para no avanzar en el futuro sino para perpetuar el pasado, reestructura y reorganiza la administración pública para hacerla cada día mas ineficiente y burocrática, aprovecha la creación de nuevas instituciones para igualarlas rápidamente a las existentes, en fin profundiza la descomposición ética y moral que campea libremente a lo interno de la función pública y, reproduce los vicios y corruptelas de siempre.

Son grandes las dificultades que se han tenido que solventar para estar aquí, ahora. Sin embargo, ello no justifica la pretensión de hacer montaña con un solo palo. Sin duda, ha sido poca la capacidad de respuesta de los mecanismos de control diseñados y aplicados para revertir la hipertrofia organizacional de los entes públicos. Se da un salto adelante, para retroceder dos al caminar en círculos. La construcción de una gestión, sea pública o privada, sobre la creencia de dones especiales o poderes extraordinarios para realizarla es absurda desde todo punto de vista. La gerencia la hacen los hombres, simples mortales con errores y aciertos, es por eso, que se debe cuidar a los profesionales comprometidos, cultivar su experiencia en la Institución, aprehender de sus vivencias y formar, al corto plazo, los cuadros gerenciales que necesita la revolución.

Cada uno de los hombres y mujeres del Alto Gobierno debe ser capaz de reconocer los méritos de los funcionarios en cargos gerenciales que encuentra al asumir un cargo, evaluar su gestión en función del logro de los objetivos de transformación estratégicos planteados por la Revolución, en la satisfacción de las demandas del colectivo, sin tomar en cuenta el modo o medio de ingreso al organismo. Detectar a los saboteadores y enemigos para desecharlos. La estrategia debe estar enfocada a corregir el rumbo y, afianzar un estilo de gerencia bolivariana basada en la ideología revolucionaria, la solidaridad, el respeto a los derechos humanos, la calificación profesional, en los nuevos valores constitucionales, y en la participación del colectivo. Ese es el camino, una gerencia que transforme a los mejores en insuperables y, transforme, a quiénes crean tener deficiencias ideológicas, académicas, culturales y éticas, en más y mejores revolucionarios.


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Rusalki Alvarado


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