“En política no hay objetividad”

El doctor Bayardo Ramírez Monagas es, sin duda alguna, una de las eminencias jurídicas de este país que más conoce sobre la materia de drogas, de narcotráfico y de cómo juzgarla y combatirla. Bien es conocida, en los medios intelectuales y jurídicos y políticos, su posición de rechazo al gobierno que preside el camarada Hugo Chávez,  y aunque no la comparto, mucho se lo respeto.

El socialismo, como misión fundamental aunque haya quienes no lo crean, se propone crear y desarrollar una cultura y un arte universales, donde todas las personas serán cultas. Existen, hay que reconocerlo, personas cultas en Venezuela y creo que el doctor Bayardo Ramírez Monagas está en la lista de ellas. Sin embargo, eso no quiere decir que siempre los cultos y las cultas tengan la razón en sus exposiciones o criterios o que no se equivoquen jamás. Marx y Engels tuvieron sus equivocaciones como también Lenin y Trotsky que para mí, no sé para cuántos más, han sido los políticos o científicos sociales más cultos que haya tenido el género humano en los diversos tiempos vividos. Pero si algún viviente en este mundo está en la esfera más elevada de cultos de la ciencia social, por lo menos no tengo ninguna duda al respecto, es Fidel y éste ha tenido sus equivocaciones, reconocidas por el mismo.

El doctor Bayardo Ramírez Monagas dijo algo en estos días por televisión que “en política no existe objetividad”. Pienso que en él, como en cualquiera que lo diga, es una equivocación. No poseo el nivel de conocimientos del doctor Bayardo, pero voy agárrame de algunos textos que considero son irrebatibles, por lo menos por ahora, en esa materia.

Comenzando, así lo creo, en política es donde se requiere fundamentarse en la mayor y menos irrefutable objetividad (entendida esta como la realidad verdadera) para poder trazarse estrategia y táctica en la lucha de clases, como motor de la historia. La política, así lo entiendo, viene siendo como la ciencia social de la lucha de clases, que tiene que ver con el campo de las relaciones entre aquellas, los partidos políticos, los gremios, los Estados, los gobiernos, las naciones. Si no existieran clases sociales, Estados, gobiernos, partidos políticos, intereses económicos antagónicos de grupos sociales, no habría ninguna necesidad de la Política, porque hubo una época muy lejana o un largo tiempo de la comunidad primitiva sin la misma como tampoco existió el Derecho como ideología que establece leyes en defensa de determinados intereses económicos a favor de una clase en afectación de otras. Tal vez por ello Marx y Engels dirían “En un Estado moderno, el derecho no sólo tiene que corresponder a la situación económica general, ser expresión suya, sino que tiene que ser, además, una expresión coherente en sí misma, que no se dé de puñetazos a sí misma con contradicciones internas…” Y si alguien, en este país, sabe que eso es así es el doctor Bayardo Ramírez Monagas. Y también, por algo, el camarada Lenin sostuvo que el socialismo era más economía y menos política.

El camarada Lenin decía que “la política es economía concentrada”, a lo cual le agregaba “lo político no puede, pero de hecho alcanza primacía sobre lo económico”. Ante los que no pudieron o no quisieron, por una u otra razón, entender acertadamente lo dicho por el camarada Lenin, el camarada Trotsky se encargó de aclararlo diciendo: “Lo que Lenin quería decir es: cuando las tareas, intereses y procesos económicos adquieren un carácter consciente y generalizado (es decir, <>), entran, en virtud de este mismo hecho, en la esfera de la política, y constituyen su esencia. En este sentido, la política como economía concentrada, surge de la actividad económica diaria, atomizada, inconsciente y no generalizada”.

Si esa definición se acepta como válida, como cierta, entonces, la política sí tiene que ver, fundamentalmente, con la objetividad, con la realidad verdadera, con los factores que, por lo menos, en última instancia determinan el curso de la historia hasta ahora, que son los económicos. La economía determina o decide, pero es la política quien dirige. Y eso pasa por una objetividad socioeconómica irrefutable.

El camarada Trotsky agrega lo siguiente: “Desde el punto de vista marxista, una política es correcta en la medida en que <> profunda y extensamente la economía; esto es, expresa las tendencias progresivas de su desarrollo. Por ello basamos nuestra política, por y sobre todo, en el análisis de las formas de propiedad y de las relaciones de clase…” Y estas dos últimas, queramos o no reconocerlo, es objetividad y no subjetividad. El mismo Trotsky nos dice que la “… claridad es una condición de la política revolucionaria”. Y la claridad, si con algo tiene que ver, es con la objetividad de la práctica social.

Si en política no existiera objetividad, los políticos entrarían en un círculo vicioso como el cuento del gallo pelón que ni tiene comienzo ni tiene fin, es decir, harían sus actividades políticas como Engels lo señala: “de la nada a la nada a través de la nada”. Una política que no se sustente en las concreciones de análisis objetivos de la situación, tanto internacional como nacional, conduce, de manera indubitable, al fracaso. Lenin, por su parte, llamaba a condenar la política errónea para abrirle paso a una política justa, precisamente, que se fundamentara en las circunstancias concretas de tiempo y lugar que no es otra cosa que la objetividad de la vida socioeconómica.

Si la política es una cuestión de táctica y estrategia para la lucha entre clases, partidos, Estados, naciones o grupos sociales, no sólo tiene que adaptarse a los hechos (objetivos y no ficticios como medio o método) sino, igualmente, tiene (como fin) que continuarlos paso a paso como línea de conducta de conjunto orientada hacia la conquista del objetivo supremo. Lo que es más, la política tiene que ser tan objetiva, pero tan objetiva, que como arte de dirigir consiste, precisamente, en “… saber comprender el peligro en tiempo oportuno, es decir, cuando está aún <> y en prevenir la posibilidad de su desarrollo ulterior. Dirigir es prever…” (Trotsky) Si eso no es objetividad, entonces, el subjetivismo –siendo indiferente a la realidad concreta- sería quien decidiera el destino de la historia, es decir, ésta dependiera exclusivamente de la suma de voluntades delos seres humanos, cosa que, hasta ahora, no lo ha podido demostrar absolutamente ninguna ciencia ni social ni natural. La política es, en fin de cuentas, una fuerza histórica. Es cierto que la política es una cuestión de superestructura, pero en el momento en que las condiciones concretas de tiempo y lugar, como premisas objetivas de una situación socioeconómica determinada, se armonizan planteando soluciones radicales lo neurálgico de todo proceso de la historia depende, para su triunfo o derrota, de la política como factor subjetivo. El partido político, elemento indispensable para la lucha política de clases o por cualquier objetivo que se plantee conquistar en una sociedad dividida en clases sociales, es un factor subjetivo pero si no elabora sus políticas sobre la verdadera objetividad de los acontecimientos o de la situación concreta, se desboca y termina en un abismo sin salida completamente derrotado.

De tal manera que creo, con todo mi respeto por el doctor Bayardo Ramírez Monagas, su juicio de que “en política no existe objetividad”, no es correcto salvo que se refiera exclusivamente a las políticas que se fundamentan en un análisis y conclusión imaginativos, irreales, utópicos, soñados fuera de toda objetividad de los hechos pero, también creo, que él no se refirió a eso. Sin embargo, enfrentar con argumentos las disidencias en la ciencia social y, especialmente, en política o en ideología, es un elemento esencial para la búsqueda de la verdad –como arma principal del conocimiento humano- e, incluso, de pensamiento.



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Freddy Yépez


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