Lina Ron, como árbol caído

El árbol, robusto y agitado, se vino al suelo. Un hachazo certero y contundente, dado por el vital y prodigioso guardabosque, ocasionó aquel acontecimiento. Roedores y reptiles que en su espacio procuran que el aire limpio, clima para la estadía feliz y los productos de distinta naturaleza y fines, el bosque todo, sean para ellos, no habían podido con aquel; no obstante, por un ramalazo inadecuado, producto de un dejarse llevar por una corriente de aire nada portentosa, hubo de castigarle el cuidador del bosque.

Sobre ese árbol imprudente, iracundo, desprevenido y de reaccionar desmedido, “debe caer todo el peso de la ley”, sentenció el normalmente generoso cuidador del espacio vital. Antes, descargó su pesada herramienta, con toda la fuerza que atesora y le hizo caer impulsado por su peso de árbol cuajado de ramas, hojas verdes y tallo esbelto pletórico de savia.

Lina Ron, es quizás demasiado celosa y poco tolerante, cuando ha defendido las bondadosas gestiones para cambiar las cosas y las odiosas conductas que en este país boscoso han prevalecido. Tanto que, como pocos, ha dado muestras de estar dispuesta a darlo todo, hasta su vida a cambio de poco o nada, por defender lo que el guardabosque quiere. Hasta quisiera ser su ángel de la guardia. No son tantos, quienes como ella, en los momentos más difíciles, tremolan la bandera, toman sus aperos, se plantan en la primera línea de combate y desafían a quienes pongan trabas en la vía por donde debe transcurrir la vida novedosa y bella que el cuidador quiere para los habitantes todos del bosque.

Es verdad que por esa pasión que le anima, el corazón ardiente que en ella palpita, suele hacer cosas que los sensatos y en veces demasiado pensadores, timoratos, en exceso discretos o calculadores, no hacen. Muchos de estos, prefieren esperar que de la chimenea de la cabaña desde donde el guardabosque vigila atentamente, salgan no una, ni tres, sino muchas señales de humo, tan blanco como la nieve misma. Sólo así gesticulan, parpadean, desentumecen y hasta salen desaforados.

Uno mismo, más de una vez, se ha incomodado, tanto como ahora, por esos gestos o acciones impensadas e impolíticas, rubieras o metidas de pata, como dice el pueblo, en los que con frecuencia, tanta como cuando acciona con pertinencia y valentía, incurre la dirigente del partido UPV.

Ahora, Lina ha sido acusada de atentar contra los derechos de Globovisión; de ser la responsable de actos de violencia en los alrededores de esa planta de televisión. El guardabosque ha actuado y hablado conforme lo demanda la obligación del Estado. No puede proceder de otra manera. Además, debe desmontar la patraña inmediatamente puesta a circular que lo acontecido fue el resultado de una orden expresamente emitida por él.

Globovisión, utiliza y utilizará – sabrá Dios hasta cuándo - este gesto visceral de Lina Ron, para intentar inútilmente cubrir con manto de impunidad sus abusos, ilegalidades y transgresiones a unas cuantas leyes. Y hasta Zuloaga, sometido a juicio por presunto acaparamiento, asunto de sobra conocido, como Ravel, llega al descaro al expresar que “si en este país hubiese un gobierno serio, la señora Ron estuviese en la cárcel”. Lo que es como un escupir para arriba en un bosque tupido.

Está bien que el jefe del estado haya dicho lo que dijo, por algo es el presidente de todos los venezolanos y debe velar por el orden y respeto del derecho de la gente.

Pero no parece nada meritorio y digno de aplauso que, después del primer hachazo, ya el apreciado árbol tirado en el suelo, del bosque salgan tirios y troyanos, con sus afiladas hachas, a hacerlo leña.

Parece más bien como un acto de venganza y no un intento de hacer que las ovejas vuelvan al redil.

Es verdad que el desliz de Lina, ha servido y servirá para que los depredadores del bosque, intenten cubrir su desnudez y de victimarios persistentes se exhiban como víctimas.

Pero, porque el presidente dijo lo que dijo y hasta está obligado a decir, no es muy revolucionario salir hacha, cuchillo y hasta arcabuz en mano, detrás de Lina.

Ojala meditemos sobre el asunto. Hagámosle la crítica que haya que hacerle con toda honestidad pero con ponderación. El presidente habló lo que le corresponde sobre Lina; no es la primera vez.

Pero, quienes no estamos obligados por razones de Estado a hablar sobre Lina y su importuno gesto en los términos que lo hizo el presidente, no hagamos coro a quienes delinquen con mayor envergadura, como desafiar la estabilidad de la república, amenazar la paz y salud mental de los venezolanos, violar sistemáticamente el derecho penal cometiendo abundantes delitos comunes y hasta alabándose por ello. A ellos digamos como Jesús, “quien no haya pecado, tire la primera piedra”.

damas.eligio@gmail.com


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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

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