¿Es la política profesión para decentes?

La bolivariana tuvo su origen, como democracia, durante el siglo V antes de Cristo en aquellas Acrópolis griegas que la hacían tan operante que el pueblo (o al menos, parte de él) era quien maniobraba las secuencias de su propio acomodo a través de un mecanismo gubernativo directo. Los romanos crearían luego la república, sociedad también democrática, pero en todo caso menos que aquella realidad griega, por cuanto el pueblo no participaba directamente en la forja de su destino, sino a través de representantes que eran los miembros del Senado. Es la llamada democracia representativa que también nace burda de tiempo ha, donde sus ejemplos -y no sé si como los más ilustres- pudieran considerarse los de Estados Unidos de América y de Venezuela, esta vez la patria nuestra como colonia altamente remunerativa del otro durante buena parte de la tristemente célebre Cuarta República.

Pero veamos el caso representativo de John Fitzgerald Kennedy, por ejemplo, quien con toda la aureola que lo rodeaba llegó a convertirse, no sólo en un símbolo que sugestionó por lo menos a la mitad de aquel mundo de los sesenta del siglo pasado, sino que no envejeció lo suficiente como para poder llegar a desengañar a toda aquella legión de hinchas que tenía, incluyendo, hasta en lo más íntimo, a uno de los más grandes amores de mi vida de adolescente: a Marilyn Monroe, por quien a menudo me digo: ¡Caramba, Marilyn, caramba, lo bello que hubiera sido!.. Ambos morirían trágicamente: ella tranquila en su cama y desnuda, y no se sabe si de muerte natural, y él alguito más de un año después de un certero balazo en la nuca en un carro descapotado mientras se especulaba acerca de la existencia de un triángulo amoroso junto con Bob, el hermano de John, que también murió tiroteado. Por lo que ella, con su presunta inmadurez proverbial, dizque podía descobijar tales u otros ocultamientos oscuros y resbaladizos, razón por la que según habría de quedar inerte su tan bien proveído, grácil y métrico cuerpecito de mármol, en la fría soledad de su garzonía por efecto de una presunta sobredosis de drogas…

Así la política –y creo que todos estaríamos contestes en esto- es lo que zarandea al mundo incluidos sus variados desniveles, dado que todo lo culminante –aunque no sé si lo válido- pasa obligatoriamente por la dinámica de su enmarañada naturaleza… Al menos así en el mundo democrático, y peor en el otro... Lo que entonces quiere decir que, conceptualmente hablando, en un sistema de democracia representativa, y por el individualismo del cual se impregna el ser, la política se viene a convertir entonces en una profesión, en un oficio que se ejerce mediante una retribución (diría yo que espiritual, primordialmente, aunque no desprovista por supuesto de mensualidad, pero de nada más..) y que tiene como objeto el ejercicio del poder por lo que al parecer como que vendría a ser también la única manera de ejercerlo, no dejando de ser fatalista esto salvo que tomáramos en cuenta la democracia directa a través del autogobierno comunal como el que nos proponemos aquí tal como en aquellas Acrópolis helénicas, y que hoy despierta tanto interés en el mundo,

Y aquel niño rico de Massachusetts pudo resultar tan incontestable para los menos favorecidos en Estados Unidos, que alcanzó convertirse a los 40 años en huésped (y dramáticamente más transitorio de lo previsto) de la Casa Blanca en una encantadora coyuntura que nada al parecer tuvo de moral…

Porque el ejercicio representativo del poder debiera (y no digo debe porque no es lo que universalmente se ve) tener como fin ejemplar el bien común así como también éste lo es del Derecho, porque si a ver vamos, la política viene a ser una rama más de la ética por lo que debe ejercerse por tanto para enderezar los entuertos que las torpes acciones humanas generan, a fin de reglar lo que es correcto o no, por lo que también debiera practicarse a través de actos humanos libres y voluntarios y que, por ser ella parte a la vez de la filosofía, el fin que debiera tener tendría que ser necesariamente último.

Y aquella hombrada de Kennedy, como parece, tuvo el aderezo oscuro de burda de billetes corriendo como riada, de espantosas calumnias, de sombríos sobornos, de un manejo filigranista de los hilos del poder, así como de un impudor de colección. Y si uno se pusiera a indagar un poco acerca de la causa más próxima que ha tenido el envilecimiento de la política de estos últimos tiempos, pudiera considerarse la campaña electoral de Kennedy, de 1960, como un hecho clave en ello. Porque de un lado se encontraba él con el avión que le regalara su pure Joe (personaje mafioso y macartista que, siendo embajador en el Reino Unido, hizo una gran fortuna vendiendo ganado y propiedades, acero, películas -me imagino que porno para hacer más pingüe el negocito-, además de contrabandear güisqui), quien, con su obsesión por hacer de su familia la primera y única dinastía política gringa y tal vez constituyendo la de Bush padre la otra peor, logró arrinconar a muchos de los dueños de los periódicos duros para que se pusieran a favor de su hijito, quien a su vez era muy ducho en eso de jalar bola y hechizar a los periodistas, además de ser despiadado y entender, siempre con refinamiento, por supuesto, el considerable poder de las empresas publicitarias. Y en el otro lado se encontraba Hubert Humphrey, que llevaba una campaña a la vieja usanza, con una esposa que era ama de casa y de manos cuarteadas de tanto fregar lo que fuera y, con unos raquíticos recursos económicos y, para colmo enfermo y, quien para moverse tenía en vez de un avión un autobús con una calefacción chimba, porque los políticos anteriores a Kennedy se mostraban en escenarios cuasi pastoriles mientras que éste sería el primero en vender en política un estilo de vida a lo “todo trapo” o, literalmente, a lo Dynasty…

Pero la verdad es que en un contexto decente, los medios a utilizarse en política deben ser los básicos, medios que no pueden estar viciados porque no da lo mismo el tipo de medio que se utiliza en política para llegar al fin propuesto (dado que no se debe pensar nunca en política por tanto con la concepción maquiavélica de que el fin justifica los medios) porque si los medios para llegar al fin, son intrínsecamente inconvenientes o perversos, o hasta diabólicos, el fin perseguido terminará siendo, con toda seguridad, de la misma calaña. Por lo que unas autoridades electas debieron ser escogidas entonces por haber tenido una recta trayectoria, por ser personas a las que se pudiera imitar por constituir una muestra de probidad y vergüenza, y porque, de otra manera, con personas y luego con autoridades pornográficas e inmundas que viciaron hasta más no poder los medios utilizados y que ejercerán por tanto de manera impropia la autoridad que le hubo de entregar el pueblo, por lógica elemental conducirá a una corrupción propagada de los fines de la política, y así de la política misma. No resultaría por tanto el bien común el objetivo de ella, sino el bien individual o de grupo de tales burócratas ya infectos… No me cabe la menor duda sobre esto.

Pues Humphrey terminó dejado para ser arrastrado por Kennedy tomado por los cabellos, pero no sin antes haber sido difamado con destrozo incluido de su reputación y, sobre lo que los Kennedy lavaron sus manos tal como Pilatos lavó las de él… Humphrey había puesto el dedo en las llagas del crimen organizado y el racismo, cuando era muy peligroso dar la pelea en esos pantanos; y además, parecía entender a la clase media mucho mejor que Kennedy. No dejó la mafia de Kennedy por tanto de aprovechar también su catolicismo para tildar a Humphrey de militar prófugo, para lo que impregnarían de billete gordo y de voluntarios, y de anuncios, el tan enrarecido escenario electoral.

Y no creo que haya que devanarse los sesos para desde ya saber que, para 2012, se vendrán con tales tácticas (y con todos los hierros) contra Chávez. Hay que estar preparados desde ahora para neutralizar tal vileza. Ellos, como bien se sabe, no tienen argumentos; sólo saben pugnar a través de laboriosas trapacerías. Así pues es para ellos la política: no más que pura maña dentro de lo infame. Y nada de principios.

La consecuencia a la sazón pudiera ser, que detrás de esa apariencia de buen tipo que empéñase siempre en construir para sí un político tradicional (profesionalizado y agringado) generalmente se esconde un inmoral… Un truhán… Un bellaco. Y todo aquel que logre por el contrario ser en verdad recatado, decoroso, pudibundo, terminará siendo inevitablemente un genuino revolucionario. Vale decir, un ser de bien y que por tanto pudiera terminar formando parte de un colectivo que se autogobierne con gloria. Ese es el deber moral de cada uno de nosotros. Así lo entiendo, y para ello convoco.

Por eso quién sabe entonces cuál pudo haber sido el gran porqué por el que asesinaron a Kennedy, sobre todo, mediante un crimen tan perfecto, como aquellos que perpetraba Al Capone, o como los que perpetra a diario José María Aznar, o, entre nosotros ese irrecuperable que es Diego Arria, candidatos fijos todos para hinchar el hall de los más grandes y afamados malhechores de la escandalosa novela humana.

canano141@yahoo.com.ar


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Raúl Betancourt López


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