O como la realidad nos educa

La contraloría social es a tiempo y a destiempo

Nos acordamos de Santa Bárbara cuando llueve es un refrán popular que nos hace entender que miramos los problemas solo en momentos críticos y difíciles. 3 meses de lluvia, y sabemos el impacto y alcance que tiene la fuerza de la lluvia en la tierra y en las construcciones humanas. Los resultados son evidentes miles de damnificados, sin casa y sin sus pertenencias, carreteras dañadas, represas destruidas, heridos o muertos victimas ya sea por la falta de precaución o de alerta que falto cuando la tierra cedió y sus casas se vinieron abajo.

Sin deseos de enajenarme de la realidad, me viene a la memoria aquel cuento de los tres cochinitos, que dice así:

En el corazón del bosque vivían tres cerditos que eran hermanos. El lobo siempre andaba persiguiéndoles para comérselos. Para escapar del lobo, los cerditos decidieron hacerse una casa. El pequeño la hizo de paja, para acabar antes y poder irse a jugar.

    El mediano construyó una casita de madera. Al ver que su hermano pequeño había terminado ya, se dio prisa para irse a jugar con él.

    El mayor trabajaba en su casa de ladrillo.

- Ya veréis lo que hace el lobo con vuestras casas- riñó a sus hermanos mientras éstos se lo pasaban en grande.

    El lobo salió detrás del cerdito pequeño y él corrió hasta su casita de paja, pero el lobo sopló y sopló y la casita de paja derrumbó.

    El lobo persiguió también al cerdito por el bosque, que corrió a refugiarse en casa de su hermano mediano. Pero el lobo sopló y sopló y la casita de madera derribó. Los dos cerditos salieron pitando de allí.

    Casi sin aliento, con el lobo pegado a sus talones, llegaron a la casa del hermano mayor.

    Los tres se metieron dentro y cerraron bien todas las puertas y ventanas. El lobo se puso a dar vueltas a la casa, buscando algún sitio por el que entrar. Con una escalera larguísima trepó hasta el tejado, para colarse por la chimenea. Pero el cerdito mayor puso al fuego una olla con agua. El lobo comilón descendió por el interior de la chimenea, pero cayó sobre el agua hirviendo y se escaldó.

    Escapó de allí dando unos terribles aullidos que se oyeron en todo el bosque. Se cuenta que nunca jamás quiso comer cerdito. FIN

Yo creo que si no acabamos aprendiendo de la realidad y de los golpes que cada tanto tiempo nos da la naturaleza, debíamos hacerlo a partir de este cuento tan ilustrativo y cercano al problema habitacional que afecta a nuestra familia venezolana, después de estos graves acontecimientos climatológicos.

Observamos tres maneras de conductas frente a una misma realidad, el lobo: Uno hizo una casa de paja, el otro de madera y el último de ladrillo. Uno lo movió, la diversión para salir pronto de hacer su casita de paja, el segundo, no queriendo quedar atrás e incorporarse con el otro para jugar, termino a como diera lugar su casa de madera y el último, construyo con ladrillo, pero también le dio tiempo para alertar a sus hermanos lo que podría pasar con ese tipo de edificación ante la amenaza del lobo que quería comérselos.

El lobo aquí personifica la amenaza de las lluvias, de una tempestad, de un terremoto. Lo importante reconocer que las amenazas están siempre latentes, aunque no sean evidentes.

Tanto el Estado, como los que construyen y los usuarios de las viviendas pueden asumir estas actitudes y comportamientos sociales (la superficialidad, el facilismo, el cortoplacismo, la falta de planificación, el vivir el presente sin importarnos el futuro, etc.) que obstaculizan no solo la producción de una verdadera cultura preventiva y de corresponsabilidad, sino que se deriva en una “bomba de tiempo” que explota en circunstancia como la que vivimos actualmente.  

El Estado desde una política habitacional debe establecer y exigir respeto a normas, procedimientos, permisos de construcción, tanto los constructores como los usuarios de las viviendas debe ser corresponsable con este hecho. Y mucho más los últimos, pues a la larga somos los que vamos habitar la vivienda y seremos los primeros afectados en caso de las amenazas antes mencionadas, por muy buena voluntad política de los dirigentes para “dignificarnos” ante la situación trágica de perder la vivienda.

El ser humano no es un animal. El animal se adapta y el ser humano se adecúa a las circunstancias. Si bien es cierto que necesitamos viviendas, como un derecho, es un deber que estas se construyan como debe ser, conforme a criterios establecidos y que sean respetados por todos los involucrados.

Tomar el camino de adaptarnos es seguir haciendo más de lo mismo, es no asumir el problema climatológico de nuestra región, que se ha arreciado en los últimos tiempos. Es llevarnos por la filosofía de Eudomar Santos de la novela “Por estas calles”: “Como vaya viniendo vamos viendo” Improvisación que no es más que mantener el caos y la inercia. Debemos preguntarnos ¿Cuál es el costo social y económico de nuestros errores como ciudadanos, como comunidades y como país? Es imposible contabilizar, sobre todo cuando hay un saldo de muertos y heridos.

Un pueblo junto a sus instituciones no puede estar ingeniándosela para sobrevivir. Se trata de vivir dignamente, sin sobresaltos y angustias que aminoran su calidad de vida como ciudadanos. Se trata de hacer las cosas a partir de lo que sabemos y conocemos por la experiencia alcanzada. Y llegar a acuerdo sociales para adecuarnos a la realidad (por ejemplo el factor climatológico) y construir las viviendas en base a esto.

Estamos hablando de un pueblo contralor de sí mismo y de la realidad y para ello tenemos que hablar a tiempo y a destiempo, como decía Pablo de Tarso. Ya sea para denunciar o para proponer, pero sobre todo para hacernos responsables de nuestro propio destino. Si no viviremos en el tormento de Sísifo, que según la mitología griega los dioses le condenaron a empujar perpetuamente una roca hacia la cima de la montaña para que cayese de nuevo cuesta abajo cuando estaba a punto de llevarla hacia el otro lado. Debemos aprender de nuestras propias tragedias y superarlas colectivamente y solo lo haremos cuando asumamos responsablemente ser contralores de nosotros mismos y nuestro entorno.

(*)Profesora de la UBV

alicesocorro2000@yahoo.es


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Alice Peña Maldonado(*)

Profesora de la Universidad Bolivariana de Venezuela. Lic. en Comunicación Social Magister en Comunicación Organizacional. Dra. en Ciencias para el Desarrollo Estratégico.

 alicesocorro2000@yahoo.es

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