A la Cubana

Durante la campaña del Referéndum por la Reforma del Estado, los medios se anotaron su primer éxito cuando aprovecharon la tolerancia oficial a invasiones de terrenos ociosos y edificios abandonados, mas algunas expropiaciones legales, para lanzar una campaña mediática que creó en la población la paranoia de perder sus propiedades privadas, a la cubana.  Indudablemente que les dio resultado.  La famosa cuña de la humilde carnicería expropiada fue demoledora.  A pesar de que nuestro presidente invocó acciones concretas dirigidas al fomento y facilitamiento de la propiedad privada en el país, no pudo revocar la matriz.  No le fue suficiente la pública concesión de créditos hipotecarios a bajo interés, ni el otorgamiento de títulos de tierras urbanas y rurales, no, nada, el miedo irracional ya había sido inoculado.  Y tanto surtió efecto que ni siquiera la oferta de reducción de la jornada laboral, contenida en el mismo proyecto de reforma, impidió la derrota electoral.  

Los medios obtuvieron así su primera victoria. Se percataron de que Chávez era derrotable y que la manera de lograrlo era exacerbando los miedos ante la “semejanza” de la Revolución Bolivariana con la cubana.  Veamos:      

Es un hecho bien conocido que la gran prensa mundial y nacional casi nunca ha concedido crédito a la Revolución Cubana por sus avances en materia de salud, educación, deportes, etc., y que, por el contrario, siempre ha enfilado sus baterías hacia la magnificación de los problemas que le ha traído el bloqueo, obviamente, sin mencionar el bloqueo.  De esta manera ha logrado instalar, en el subconsciente del público en general, un estereotipo denigrante de la Revolución Cubana, estereotipo que no es nuevo, y que ha trascendido hasta filas ideológicamente frágiles del Pueblo Bolivariano.   

Para derrotar El Proceso, solo había entonces que reproducirlo en la realidad venezolana, y como ya Chávez se había declarado “hijo político de Fidel, y había gran presencia de médicos y otros profesionales cubanos en nuestro país, sólo bastaba con continuar abonando el terreno y esperar.  Así se decidió. 

La orden impartida por el Departamento de Estado a los medios y la Contrarrevolución en general fue y sigue siendo asombrosamente simple: Hay que crear las condiciones “objetivas”  para establecer en la mente de todos que la Revolución Bolivariana es un espejo del estereotipo de Revolución Cubana ya incubado mediáticamente desde tiempos inmemoriales.  Para ello hay primero que repetir hasta el cansancio que ése el camino en que nos ha metido Chávez, y luego, y para crear las condiciones objetivas,  hay que descartar u obviar sus numerosos aciertos, y lograr por cualquier vía que efectivamente experimentemos los mismos apagones a la cubana, las mismas colas para adquirir productos de primera necesidad, a la cubana, la supuesta “falta de libertades personales”, y de acceso a la propiedad privada que “sufren” los cubanos.  Muy importante, es indispensable que el pueblo piense que la Revolución Bolivariana es la única responsable de que la inseguridad en Venezuela sea la más alta del mundo, y que cualquier medida de uso de la fuerza o inteligencia civil o militar, para combatir su “desborde” debe considerarse como un intento de control social comunista, también a la cubana.   

Muy importante también, por supuesto, es que todas estas cosillas debían hacer crisis en el 2010, año de las elecciones parlamentarias. 

Comenzaron desde entonces las acciones de infiltrados que condujeron al estudiado descuido del mantenimiento de las instalaciones de la Planta Hidroeléctrica del Guri de cuyo suministro de energía depende casi todo el país. Ello, y el bajo nivel del Caroní, condujeron a la emergencia.  Pero, como siempre,  había que descartar el asunto del río y concentrarse en la “falta de previsión” de El Gobierno.   Para tener éxito, el problema debía resultar grave. 

Les ahorraré detalles, el plan tuvo éxito: Hubo apagones, a la cubana. Y el impacto en la población fue devastador.  Efectivamente mucha gente repitió que cada vez nos parecíamos más a los cubanos. 

Paralelamente debía haber escasez de productos de primera necesidad, “justificada” en la “imposibilidad” de obtener divisas.  Para ello contaron con el acaparamiento por parte de las empresas productoras de estos rubros y de distribuidoras y expendedoras al mayor y detal, y por supuesto contaron también con las operaciones de casas de cambio, bancos privados y, obviamente, instituciones financieras tipo Econoinvest.  Lograron así vaciar los anaqueles de supermercados y bodegas y elevar los precios como nunca.  Sabotearon por distintas vías la reacción del gobierno, incluyendo PDVAL, y lograron su cometido:   Hubo escasez de alimentos, y sobre todo, hubo colas, a la cubana.  Y así lo repitió mucha gente. 

Simultáneamente, la expropiación y nacionalización de empresas acometidas por el gobierno para combatir el acaparamiento y la especulación con precios y divisas, reforzó la noción de ataque a la propiedad privada, a la cubana. Esto también lo repitió bastante gente. 

Ahora bien, el tema de la inseguridad era más complicado, implicaba la participación masiva de delincuentes y la “ineficiencia” de la policía y todo el entramado legal de abogados, fiscales, jueces, etc.   Se abordó con la contratación de paramilitares importados, la compra de funcionarios, y por supuesto el gran centimetraje de páginas rojas de los periódicos, y tiempo y tono en antena de radio y TV.  Como se insinuó antes, se trataba de un tema distinto, porque Cuba tiene los más altos índices de Seguridad Ciudadana, y en eso nos diferenciamos;  claro, según los medios, a punta de “control social comunista”, de la acción del G2, el paredón y la continua violación de los DDHH, prácticas relacionadas, siempre según estos medios, con la falta de libertades.  Este último era precisamente el punto. Teníamos que aparecer como el país del mayor índice de inseguridad del mundo; por encima de Colombia, México, e incluso Irak y Afganistán. Pero aun cuando nos diferenciáramos de Cuba en este aspecto, podíamos terminar pareciéndonos si recurríamos a la fuerza militar y al “control social comunista”, o al G2.  Y lo lograron, los medios hasta fotografiaron la morgue, satanizaron todos los intentos de desplegar la fuerza militar y armaron un inmenso escándalo con la ley de Inteligencia.  De los paramilitares escasamente hablaron, sólo se burlaron de los señalamientos del gobierno en este sentido.  Lo que sí hicieron fue destacar la “masiva presencia” del G2 en Venezuela, a la cubana.  Volvieron a forzar conclusiones sobre la semejanza de las revoluciones, metiéndose esta vez por la puerta de atrás. 

Por ultimo y para completar el cuadro, infiltraron en posiciones claves de las empresas del estado una quinta columna de gerentes y dirigentes laborales “rojo-rojitos” caracterizados por la prepotencia, la arbitrariedad, la falta de idoneidad profesional, escasos valores éticos, y una evidente capacidad para ascender súbita e impunemente de status socioeconómico.  Provocaron así el desencanto y desmoralización de muchos empleados, lo cual a su vez conllevó al alevoso asesinato de votos de sus familiares y allegados (ver mi artículo anterior “El Matavotos Corporativo, temible operario del recontra espionaje en las empresas del estado”) 

¿Por que si Lula, Los Kichner, Evo, el presidente de Portugal, el de la China, y tantos otros mandatarios son amigos nuestros, y sus políticas evidencian intereses comunes con los de Venezuela, el ataque se viene concentrando en las que mantenemos con Fidel y Raúl?   

Lo interesante del asunto es que ya Fidel y Raúl han hecho sus respectivas declaraciones y han anunciado cambios en la Revolución Cubana.  Y obviamente que esto no ha alegrado mucho a Gloria Cuenca, quien ha vivido de publicar artículos en Ultimas Noticias en los que resalta insidiosamente las semejanzas que comparten ambas revoluciones, al tiempo que oculta aviesamente las diferencias o felices coincidencias.  Tampoco ha caído bien a Globovision, que viene haciendo lo mismo diariamente.  Por los momentos sólo purgan su amargura preguntándose con sorna de dónde se colgará nuestra Revolución ahora.  Pero, ¿Será que se les acaba la “útil” referencia? 

¿Cual será ahora la próxima conclusión forzada con la que nos querrán bombardear?    

De algo podemos estar seguros, el ataque seguirá.   

Hay que impedir que los medios y la contrarrevolución asusten a los incautos con nuevos fantasmas estereotipados.  Nuestra Revolución tiene y seguirá teniendo muchos amigos, de todo tipo y signo, y seguirá escogiéndolos soberanamente, y recibirá, y a su vez dará a sus amigos, las ayudas justas y necesarias, porque es una revolución definitivamente única, Hecha en Venezuela, a la venezolana, y del Siglo XXI.  

alvenmiguel@hotmail.com



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Álvaro Brazón


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