Crónica de un viaje Turistico-Politico por el Sur-Oriente de Venezuela

Regresé sin salpicaduras de sangre, pero con el bolsillo destrozado

No voy a negar que sintiera temor, cuando decidí salir con mi compañera hacia Puerto La Cruz-Ciudad Bolívar-Puerto Ayacucho en autobús desde Mérida. Habiendo sido bombardeado durante meses por la Tv, la Radio y la Prensa de que nuestro país estaba desbordado por un rio de sangre debido a la violencia, los atracos y los asesinatos a pleno día y por todos lados me dije, este puede ser mi último viaje y por si la mosca escribí un papel donde hice un reparto de mis pertenencias personales entre mis siete hijos. Mis Libros, Discos, Cd y DVD los repartí equitativamente para que no se pelearan entre ellos.

Al llegar al terminal de pasajeros de Mérida estaban entrando dos autobuses que venían de Caracas y le habían reventado los vidrios a pedradas en la carretera. Menos mal que no hubo heridos me comentaron los choferes. El autobús que nos debería llevar y que debía salir a las 10 A.M. se retrasó y salimos a las 11 y 45. Estuve a punto de abandonar la idea de viajar. Le dije a mi compañera si son las 12 y no llega el autobús nos regresamos a casa.

Viajamos 35 horas en bus hasta llegar a Puerto Ayacucho y 35 horas mas para regresar a Mérida, en total 70 horas sentados. Caminamos a pie las calles de Barcelona, Puerto La Cruz, Ciudad Bolívar, Puerto Ordaz, y Puerto Ayacucho. Fuimos a dos playas en Anzoátegui, fuimos a dos balnearios de Ríos en el Amazonas, dormimos en dos hoteles, nos alojamos en casas de familiares que viven en barios pobres, fuimos en lancha hasta Colombia, compramos en los mercados indígenas de Puerto Ayacucho, comimos en 15 restaurantes y en ningún momento vimos ni fuimos afectado por algún hecho de violencia física sucedido a nuestro alrededor. Nadie nos agredió de hecho o de palabra.,

A cada persona que me insinuaba que era peligroso ir a tal o cual sitio le preguntaba si a él le había pasado algo por allí y la respuesta era: No. Que había oído, que conocía a alguien que le había sucedido, pero a él no. El terror ha sido sembrado de tal manera en la mente de la gente que algunas veces tuvimos que salir solos, pues a los mismos lugareños les daba miedo salir con nosotros.

Cuento esto porque estoy alarmado por el grado de temor que se siente en todos los niveles y en todos los lugares que visitamos mi compañera y yo. Algunas personas me dicen que eso es suerte de que no nos pasara nada. A lo mejor es eso, pero lo que yo les digo a todos es que con ese miedo no vale la pena vivir. Preferible la muerte antes que vivir aterrorizado.

Cuando uno pregunta, ¿que debe hacer el gobierno para acabar con la inseguridad? la gente responde que debe aplicar mano dura. Pero algunos argumentan que ya es tarde, pues el problema se le salió de las manos.

Llegamos hoy 10 de Septiembre a Mérida, después de 15 días por fuera y podemos afirmar que encontramos nuestro apartamento igual a como lo dejamos, en nuestra manzana no pasó nada extraordinario y nosotros un poco mas gordo por comer sin control durante el viaje. No vimos ningún hecho de sangre y ni siquiera de violencia policial. Lo único agresivo que topamos fue con las tarifas y precios por los servicios que solicitamos durante el viaje. Los comerciantes nos vaciaron el bolsillo y nos hicieron poner las manos en la cabeza cada vez que nos pasaban las facturas.

Juanveroes64@hotmail.com


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Juan Veroes


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