Los obispos y la Bolivariana

Hay ciertas voces que, expresando una idea general aplicable a muchos y muy diferentes objetos y en los sentidos más varios, “comunismo”, “marxismo”, “dictadura”, son inventadas por los obispos, fascistas, de la iglesia católica cuando afirman que el Comandante Presidente viola la Constitución. La intención y el propósito de estos mafiosos son para confundir al pueblo desposeído. Ellos las emplean, todos se dan cuenta así mismos de lo que significan, pero cada cual a su modo, resultando en una algarabía que lastima a los buenos pensadores.

Señores obispos: La Constitución Bolivariana contiene entre otras la palabra ¡Justicia Social! En la apariencia, nada más fácil que definir la palabra Justicia Social, porque es muy natural que quien la emplea sepa lo que se dice, y, de consiguiente, pueda explicarlo. Pero la experiencia enseña no ser así y que son muy pocos los obispos capaces de fijar el sentido de las voces que usan. Semejante confusión nace de la que prolifera en las ideas de estos obispos burgueses y a su vez contribuyen a aumentarlas. Oímos a cada paso una disputa acalorada en que los “intelectuales” obispos manifiestan quizá ingenio nada común; dejadlos que den cien vueltas al objeto, que se acometan y rechacen una y mil veces, como enemigos en sangrienta batalla; entonces, si alguien se quiere atravesar de mediador y hacer palpable la sin razón de ellos, tomemos la palabra que expresa el objeto capital de la cuestión y preguntarles: ¿Han leído ustedes la Constitución Bolivariana? ¿Qué entienden ustedes por esto? ¿Qué sentido dan ustedes a esta palabra? Sucederá con frecuencia que estos “sabios obispos” se quedarán sin saber qué respondernos, o, pronunciando algunas expresiones vagas, inconexas, manifestando bien a las claras que los habremos sorprendido de improviso, que no esperaban el ataque por aquel flanco, siendo quizá aquélla la primera vez que se ocupan, mal de su grado, en darse cuenta a sí mismos del sentido de una palabra que en cuarto de hora han empleado centenares de veces y de que estaban haciendo infinitas aplicaciones. Pero suponiendo que esto no acontece y que cada cual da con facilidad y presteza la explicación pedida: estamos seguros que no aceptarán la definición de la palabra, y que la discordancia que antes versaba, o parecía versar, sobre el fondo de la cuestión se trasladará de repente al nuevo terreno, entablándose una disputa sobre el sentido de la palabra. Hemos dicho o parecía versar porque si bien se ha observado el giro de la discusión, se habrá echado de ver que bajo el nombre de la cosa se ocultaba con frecuencia el significado de la palabra.

Argumentan: Las desigualdades entre los ricos y pobres –dicen estos obispos pedófilos, sodomitas de la iglesia católica– es una ley establecida por el mismo Dios. No mientan señores obispos. Todos nacemos llorando y todos morimos suspirando; la Naturaleza no hace diferencia entre ricos y pobres y nos enseña que todos tenemos un mismo origen, los mismos derechos y un mismo destino. La Igualdad es obra de la Naturaleza; la desigualdad es obra de la religión y de la burguesía capitalista; sólo la maldad religiosa ha podido introducir en el mundo esas horribles desigualdades de que es víctima el linaje humano. Sólo la ignorancia y la ausencia del sentimiento de la propia dignidad han podido tolerarlas. Esas palabras no suenan mal al oído del orgullo, y no puede negarse que hay en ellas algo de especioso. Las religiones dicen errores capitales y verdades palmarias, confunde aquéllos con éstas, y su discurso, seductor para los incautos, presenta a los ojos de un buen pensador una algarabía ridícula. ¿Cuál es la causa? Toman la palabra Justicia Social en sentidos muy diferentes, la aplican a los objetos que distan tanto como cielo y tierra y pasan a una deducción general con entera seguridad, como si no hubiera riesgo de equivocación. ¿Qué entendemos por Justicia Social? –Igualdad, igualdad…, Propiedad Comunal, bien claro está lo que significa. La igualdad está en que el uno no sea ante la ley ni más ni menos que el otro; que todos tengamos acceso al Trabajo, a la Salud, a la Educación y Vivienda igualitariamente; que todos tengamos acceso a una alimentación justa y balanceada. Pero ya ven ustedes que esto lo toman los fascistas obispos en sentidos muy varios.

Los burgueses obispos dominados por la dominación no buscan ni por asomos, la igualdad de derechos entre las clases, sino lo que más les conviene para apoyar sus opiniones e intereses. Y lo más sensible es que se portan de esta manera, haciéndonos ver que lo hacen con la mayor buena fe, y quieren hacernos creer sin asomo de duda, que están trabajando por la causa de la Igualdad y la Justicia. Se aferran a su sistema de explotación y dominio, allí se encastillan con todas las razones que puedan favorecerles, su ánimo se va acalorando a medida que se ven atacados, hasta que al fin, sea cual fuere el número de la fuerza de los explotados, parece que se dicen a sí mismos: Este es tu puesto, es preciso defenderle. Las causas son las ya señaladas, “vale más morir con gloria que vivir con ignominiosa cobardía”. Por este motivo, cuando nos tratan de manipular o convencer, separan cuidadosamente la causa de la Igualdad y la Justicia Social de la causa de los pobres, les importa sobremanera persuadirnos de que cediendo en nuestros derechos nada perderemos en Igualdad y Justicia. Trátase de la pertenencia de una posesión; pero el tiempo transcurrido y otras circunstancias hacen que se suscite un pleito entre el pobre y el rico.

¿Qué nos dicen estos ejemplos? Nos dicen que el talento consiste muchas veces en ver una relación que está patente y en la cual nadie atina. Ella, en sí, no es difícil, y la prueba está en que tan pronto como alguno la descubre y la señala con el dedo, diciendo: Miren, todos la ven sin esfuerzo y hasta se admiran de no haberla advertido. Así que el lenguaje, llevado por la fuerza misteriosa de la religión católica y el capitalismo nos llama a estos pensamientos: magnicidio, violencia, crimines, conspiraciones, golpes de estado, guarimbas, rebeliones, expresando de esta manera que no les costaron trabajo, que los socialistas los buscamos por nosotros mismos.

Los capitalistas obispos dominados por la desmedida ambición de acumular riqueza no buscan, la Igualdad y la Justicia entre los venezolanos, sino lo que más les conviene para apoyar sus opiniones e intereses. Sí oímos la explicación en que nos señalan las causas, éstas no son otras que la injusticia contra los pobres, la envidia contra Chávez, ya que estos sujetos no pueden sufrir el resplandor del mérito ajeno, el egoísmo universal que no consiente el menor sacrificio ni aun a los que tenían más obligación de hacerlo; en una palabra, el Líder de la Revolución Bolivariana es una víctima contra quien se ha conjurado la jerarquía de la CEV, burguesa y fascista, obstinada en no reconocer el alto mérito, y las virtudes del Comandante Presidente y del pueblo infortunado. Y lo más preocupante es que se portan de esta suerte haciéndonos creer, sin asomo de duda, que están trabajando por la causa de la Igualdad y la Justicia, las circunstancias semejantes contribuyen a engendrar en ellos el hábito de mirar las cosas siempre bajo un mismo aspecto, de verlas siempre de la misma manera.

Salud Camaradas.

Hasta la Victoria Siempre.

Patria Socialista o Muerte.

¡Venceremos!

manueltaibo@cantv.net


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Manuel Taibo


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