En Paraguay

La liberación de los iniciados

Presenciamos la resurrección de la liberación el día que Fernando Lugo asumió la presidencia de Paraguay. Revolución animada por la incorporación de un Obispo a los iniciados, Chávez, Morales y Correa. Esta en juego nada menos que la supresión del modelo neoliberal y la hostilidad de los capitalistas a todas las tentativas de sustituir el orden capitalista por un orden deseado.

La derecha sigue siendo el gobierno de la elite, opuesta a una democracia ambiciosa y deseosa de que cada cual asumiera todas las responsabilidades de que es capaz. La elite conserva sus derechos, y privilegios, gracias a la ineptitud de los hombres y mujeres y a su irremediable desigualdad que origina un tabú revolucionario que habían podido creerse definitivamente enterrados por la guerra sucia norte americana. Tabú del dólar que se impondría en las naciones en virtud de las cualidades militares del imperio causa del retraso ancestral, universal y legendario de los pueblos. Hugo Chávez, Fernando Lugo, Rafael Correa, Eduardo Galeano, Leonado Boff y Ernesto Cardenal, manifestaron “que no quieren teología si no liberación, la liberación es lo importante manifestaron”.

Para ganar mas libertad hay que sacarse las sotanas y bajar al sótano de la administración publica para poder cambiar completamente su maquillaje. Cardenal manifestó que: “en menos de dos semanas ha visto dos milagros: uno, un indio presidente ratificado y otro un ex obispo, ahora presidente de una nación.” Este nuevo arranque liberador con Lugo constituye la reconstitución de las condiciones sociales, religiosas y políticas. Esto es lo que no comprenden muchos líderes de esta parte del mundo, convencidos que unos créditos y una asistencia técnica inyectados al pueblo deberán bastar para provocar el despegue económico. Esto despegue supondría otra dependencia económica- política, y será una imitación de revolución, por lo general un golpe de estado, con la etiqueta de socialista. La originalidad revolucionaria no consiste en actualizar el pasado.

Todavía hay en el escepticismo de la derecha una buena dosis de realismo. Las naciones son fuertes realidades capitalistas. Es cierto que las luces de la acción revolucionaria están desigualmente repartidas. Pero a medida que los hombres y mujeres conocen mejor las fuerzas y reciben el poder de canalizarlas y de dominarlas el realismo cambia de campo. El deseo y necesidad por cambiar las cosas se convierte en condición de progreso por la convicción demostrada. Esa confianza en las posibilidades humanas es el alma revolucionaria. Expresada muchas veces con torpeza a favor del cambio contra el statu quo. Ha sustituido doctrinas, dejando huella en la historia por la liberación.

La lógica del liberalismo y la lógica de la planificación revolucionaria andan de la mano con la confianza y la libertad del pueblo, ligados por una inspiración común. No se llevara acabo si no es querida, para que sea, es preciso ante todo que los responsables rechacen por su propia cuenta el escepticismo que impregna nuestra vida colectiva. Este mismo giro liberador debería guiarnos en la búsqueda de un socialismo cada vez mas consiente de la distribución de la economía. Eduardo Galeano en la misma mesa de la resurrección de la liberación dijo: “que el libre mercado no es libre y que los gobiernos que lo imponen lo predican pero no lo practican”. Es revelador el libre mercado de una amplia gama de necesidades que nunca expreso como satisfacer con prioridad la manera de organizar una sociedad más habitable. “La incorporación de Paraguay refuerza los estados revolucionarios manifestó Chávez, propone con el ex cura Lugo, que se concentren las supremas responsabilidades de asumir la revolución y ponerla en el lugar que le corresponde. Podemos ser más revolucionarios con solo ser mas consientes de la realidad de nuestros pueblos”.

La liberación de las iniciativas y el dominio revolucionario pertenece a una misma rama siempre y cuando afecten al futuro. Es verdad que no es fácil conciliar la soberanía de los pueblos solo con la estrategia de un estado. La experiencia libera la creencia de un antagonismo de principio entre los dos términos. Carlos Marx declaro: “hasta ahora la sociedades humanas han sido únicamente gobernadas por la fatalidad, por el ciego movimiento de las fuerzas económicas. Las instituciones, las ideas, no han sido obra consiente del cerebro humano. Todavía nos hallamos en la prehistoria. La historia humana solo empezara de verás cuando el hombre, escapando a la tiranía de los inconscientes gobierne la producción con su razón y su volumen”.

Una revolución no se improvisa, pero tampoco se la hace bajo una rigidez doctrinal. Entre el espíritu conflictivo, que imagina que va ha inventarlo todo sobre la marcha. En un dialogo de sordos a la confesión publica y, de otra parte, el espíritu dogmático que solo se preocupa por saber si su revolución se parece lo bastante a cualquier otra, y si se realizan dentro de las reglas. El verdadero espíritu revolucionario sigue el método de la invención preparada, gracias a la cual la puerta de las iniciativas permanece abierta para todos, pero en la cual la aplicación es siempre rigurosa, técnicamente competente, jamás aproximativa. En este caso, lo que se deja a la inspiración de la masa son las ideas de la evolución histórica del proceso. Lo que se debe evaluar en términos reales son los medios ejecutivos que administran el proceso. En las revoluciones que fracasan las concepciones generales son inmóviles, estúpidamente precisas, la práctica es vaga no logra modificar la realidad, por que hay burocratismo en la cabeza y novelería en los actos.

Importante la segunda condición, ya que toda revolución debe aportar soluciones económicas y productivas de una eficacia superior al sistema que destruye. Una revolución que no sea más humana y técnica y que no sea mejor gestora que el régimen eliminado, esta pérdida. Permanece o cae rápidamente en el subdesarrollo, de a poco de encuentra imposibilitada de cumplir lo que ha prometido. Debe elegir entre abandonar y contentarse con resolver el problema del mantenimiento ineficaz de un equipo dirigente en el gobierno por medio del poder.

Finalmente, solo puede haber revolución susceptible de servir a la gente donde se debatan las contradicciones en el nivel mas elevado del ejecutivo. Implique el campo económico, político, administrativo, tecnológico y cultural. La información, la moral, en la gestión de las fuerzas que representan al grado mas elevado del gobierno. Es preciso que el dialogo y el debate enfrente a los revolucionarios y a los reaccionarios para que este dialogo pase a ser dialéctico y engendre una verdadera revolución. Un nuevo prototipo de sociedad, y no un mero golpe de estado nacional, aunque cuente con el apoyo popular.

Este dialogo debe basarse en condiciones para elaborar soluciones profundizadas en la critica de la injusticia en la relaciones económicas. Critica a la gestión del gobierno, improductividad desviación del proceso hacia objetivos inútiles nocivos para la masa. Critica al partido político, su fuente y sus principios, sobre el ejercicio localizado en centros de decisión. Las consecuencias de estas decisiones para el pueblo, la dificultad para estos, de ser socios del mismo partido político que critican. Critica a la moral, a la religión, a toda la cultura por las aptitudes ideológicas, por la enseñanza, por la información de la que se hace uso. Critica a la vieja sociedad como censura a los grupos de poder oligárquicos por su correlación y dominación en el proceso.

Tal crítica visualiza el fracaso de un sistema por la pobreza y la conflictividad de las relaciones humanas determinadas por la agresividad, el individualismo y el conformismo que el anterior sistema produce. Dentro de este contexto la revolución debe ser considerada como una liberación de la creatividad colectiva y una reanimación de las iniciativas contra los horizontes neoliberales cerrados y el clima de agobio capitalista represivo.

Analizando la elección del presidente Lugo en Paraguay, advertimos que se hayan reunidos seis condiciones de liberación y que durante una hora sugirieron soluciones revolucionarias acerca de todos estos puntos. En el deberá renacer una diversidad liberadora de un nuevo tipo, diversidad que ya no será dependiente de una tradición pintoresca para los que contemplan desde el exterior, pero inmovilizada para los que la viven. La revolución futura será consecuencia de la libertad y de la inventiva, será fruto de una opción real y no de viajes turísticos. El día que exista libre paso a una libre e incesante circulación entre todas las formas de actividad humana, las actitudes inseguras de las personas no de quedaran fijas e inmovilizadas por alguna función elegida con anterioridad. Serán actividades permanentemente despiertas por ser revolucionarias.

América Latina ha cambiado bastante en estos nueve años con Chávez y sigue cambiando demasiado a cada instante para justificar la actitud somnolienta del pueblo. La resistencia al cambio ha disminuido bastante. Pero no menos ha disminuido la confianza de los latinos en su capacidad de inventar prototipos revolucionarios. Creen que pueden seguir añadiendo progreso exterior al proceso y continuar siendo soberanos, antes de elegir el camino socialista a seguir. Están en la lucha, pero incluso partidarios del marxismo, sus pretensiones revolucionarias van mas allá de un modelo cuya concepción rebasa su capacidad.




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Raúl Crespo


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