Y si nos invaden los marines

Ya habíamos leído y escuchado de su propia voz aquel cuento, escrito en el año de 1968 de Gabriel García Márquez. Trepado sobre una mesa, en Santa María del Darién, Blacaman, vendedor de milagros, pedía a gritos que le llevasen una culebra de verdad para demostrar en carne propia un contra veneno de su invención, señoras y señores… En cuanto el animal saltó del frasco le dio un tijeretazo en el cuello, apenas tuvo tiempo de tomarse el antídoto y se derrumbó revolcándose, pero sin dejarse de reír con todos sus dientes de oro.

Un acorazado del norte “que estaba en el muelle desde hacía como veinte años en visita de buena voluntad” seguía con vivo interés al personaje que empezó a hincharse emponzoñado hasta que la hinchazón le reventaba los cordones de las polainas y las costuras de la ropa, aquello era tan increíble que los infantes de marina se encaramaron a los puentes del barco para tomarle retratos en colores.

Blacaman, buscaba a un ayudante que tuviera cara de bobo y allí estaba el pueblo con su gran e inmensa cara de bebe gigante. Andaría entre innumerables ferias y muchos pueblos haciendo milagros y portentos y prodigios y en esas estaban cuando les llegó la noticia de que el comandante del acorazado, queriendo repetir la hazaña en Filadelfia, había quedado convertido en mermelada.

Así comenzaron las invasiones contemporáneas contra naciones y pueblos. Los acorazados se pusieron de moda. Octubre, quizás tiene para nosotros un histórico olor a mar. No dudamos que para las costas de Galicia también, pero ahora en un 16 octubre de 1997. La armada Norteamérica navegaba por las aguas de Finisterra camino al Golfo Pérsico. De súbito una voz aparece diciendo:

- Les habla el A-853, por favor, desvíen su rumbo quince grados sur para evitar colisionarnos. Se aproximan derecho hacia nosotros, distancia 25 millas náuticas.

La herencia de la experiencia de Normandía vendría como recuerdo de aquella numerosa tripulación. Además eso de invadir naciones era un asunto demasiado trillado. Todos sabemos lo que se dice de los gallegos. Resultaba imposible algún error, una duda, alguna incertidumbre. En dos platos tenían que quitarse del medio. No obstante, todavía una cotorra amable era trasmitida por el canal marítimo de emergencia 106.

- Recomendamos que desvíen su rumbo 15 grados norte para evitar una colisión.

- Negativo. Repetimos: desvíen su rumbo 15 grados al sur para evita colisión

Una reiteración de tal naturaleza producía una cierta sensación de incomodidad. Contraviene el espíritu de mando. Pero dio inicio a medio tono más alto con el rango de la autoridad militar y el poderoso país a quien representaba.

-Habla el capitán de un navío de los Estados Unidos de América. Insistimos. Desvíen ustedes su rumbo 15 grados norte para evitar colisión.

Desde aquel asunto de Filadelfia, la desconfianza de la marina norteamericana había aumentado y en esta oportunidad no serían tomados por sorpresa. Los tramites para que desviaran su rumbo apenas alcanzó una parca negación y la próxima respuesta se transformaría en una indicación contraria e insistente.

-No lo consideramos factible ni conveniente. Les sugerimos que desvían su rumbo 15 grados sur para evitar colisionarnos.

Aquella propuesta, contraria a la inteligencia, al valor y a la invariable decisión del oficial al mando desató una firme posición descriptiva. O se quitan o se quitan. La decisión estaba tomada. Nada ni nadie puede obstaculizar a la poderosa armada gringa. La exposición del capitán resultó exacta y contundente.

-Les habla el capitán, Richard James Howard, al mando del portaaviones USS Lincoln de la marina de los Estados Unidos. El segundo navío de guerra más grande de la flota norteamericana. Nos escoltan 2 acorazados, 6 destructores, 5 cruceros, 4 submarinos y numerosas embarcaciones de apoyo. Nos dirigimos hacia aguas del Golfo Pérsico para preparar maniobras militares ante una eventual ofensiva de Iraq.

Aquellos hombres de Galicia, seguramente, recordarían a Vietnam, el Descubrimiento, la Primera y Segunda Guerras Mundiales. La historia de la armada y de la más alta tecnología del mundo estaba ante sus ojos perplejos. Pero los pueblos hispanoparlantes, y particularmente los hombres de la mar, hablan alto contra las olas y el humor les viene con las algas. Continuaría el capitán, de la enorme flota, en estricto lengua castrense.

-No les sugiero…Les ordeno, que desvíen su curso 15 grados norte. En caso contrario nos veremos obligados a tomar las medidas que sean necesarias para garantizar la seguridad de este buque y de la fuerza de esta coalición. Ustedes pertenecen a un país aliado, miembro de la OTAN y de esta coalición. Por favor, obedezcan inmediatamente y quítense de nuestro camino.

En esta oportunidad las cartas, las cartas náuticas, estaban echadas. Pero la tranquilidad de aquellos hombres de Galicia resultaría inmutable. Hasta las mascotas participaría en aquel suceso, definitivamente insólito pero verídico. Hacer el ridículo no tiene parangón en la historia de la navegación hemisférica. La respuesta de los atravesados.

-Les habla Juan Manuel Salas Alcántara. Somos dos personas. Nos escoltan nuestro perro, nuestra comida, dos cervezas y un canario que ahora está durmiendo. Tenemos el apoyo de la Cadena Dial de Coruña y el Canal 106 de Emergencias Marítimas. No nos dirigimos a ningún lado ya que les hablamos desde tierra firme. Estamos en el faro A-853 Finisterra, de la costa de Galicia. No tenemos la más puta idea en qué puestas estamos en el ranking de faros españoles.

Todavía una comisión del Congreso de los Estados Unidos investiga cuál sería la cara que puso la numerosa tripulación, comenzando por su capitán. Ahora sí estaban ante un inminente peligro de contenido escandalosamente pétreo. Aquel humilde faro nos haría evocar los molinos de viento del Hidalgo. Las palabras salidas de la voz de Juan Manuel Salas Alcántara se mezclaron con el uso propio el lenguaje marinero pero con un tono más de tierra firme y de cotidiana existencia.

-Pueden tomar las medidas que consideren oportunas y les de la puta gana para garantizar la seguridad de su buque de mierda, que se va ser hostias contra las rocas. Por lo que volvemos a insistir y le sugerimos que lo mejor, más sano y más recomendable es que desvíen su rumbo 15 grados al sur para evitar colisionarnos.

Lo del comandante hecho mermelada ante toda su tripulación desató la invasión de los infantes de marina, quienes con el pretexto de combatir una enfermedad de entonces, andan por las tierras del mundo invadiendo naciones, tumbando gobiernos y “descabezando a cuanto cacharrero inveterado o eventual encontraban a su paso”. Los calabozos se hicieron neocoloniales. Mas después de tanta exclusión, afrentas y suplicios ese nuevo Blacaman, con cara de bobo, agarró aquel animal muerto que le ponían en la celda y lo pegó contra la pared y entonces éste resucito y llego a sus brazos andando por el aire. Los vientos de la mar arrastran tempestades.

“Ahora sí que quiten las barricadas para que pase la humanidad doliente, los lazarinos a la izquierda, los epilépticos a la derecha, los tullidos donde no estorben y allá atrás los menos urgentes, no más que por favor no se me apelotonen…y que siga la música hasta que hierva el cobre”(García Márquez,1968)


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Efraín Valenzuela

Católico, comunista, bolivariano y chavista. Caraqueño de la parroquia 23 de Enero, donde desde pequeño anduvo metido en peos. Especializado en Legislación Cultural, Cultura Festiva, Municipio y Cultura y Religiosidad Popular.

 efrainvalentutor@gmail.com

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