Al borde del abismo

Se han escrito tantas páginas, se han agotado tantos celuloides, que parece ya ridículo pensar en una Tercera Guerra Mundial. No importa cuan agudas sean las tensiones en lugares epicentricos del mundo. La cartera infinita de sanciones de Trump que además de Venezuela tocan a Irán, Rusia o Corea del Norte. Las invasiones descaradas en Palestina por parte del Estado Israelí. Lo inestable que es el medio oriente, el Estado Islámico, Cataluña y su referendo, Siria, quince años de Irak y Afganistán, guerra civil en Ucrania; dioses.... He llegado a preguntarme qué sostiene la paz, la incomoda realidad; las armas atómicas.

Hace tiempo escribimos un artículo titulado La Paz por el Terror, en éste se tocaban las tensas relaciones entre la Republica Democrática Popular de Corea del Norte y su vecino casi homólogo asociado a los Estados Unidos de Norte América.enaquellos días hablábamos de cuan poco posible era la escalada de un conflicto en la península coreana. En la cabeza de cualquier ser racional se entendía que las guerras de micrófonos y manifiestos -cómo esa- eran solo propaganda para vender armas, azúcar y granos.

Obama no era ningún idiota ni mucho menos un improvisado. No era un hombre admirable tampoco, ni fue del todo presidente de esa dictadura militar-industrial. Su nefasto decreto contra Venezuela decía todo lo que éste hombre era; un profundo hipócrita con grandes talentos para vender humo. El gran asunto con el primer presidente afrodecendiente del imperio del norte americano, es que al menos, en política internacional, sabía cuando detenerse y dejar que los verdaderos dueños de ese país.

No estamos siquiera proponiendo que Obama fue un garante de la paz o el equilibrio internacional, solo que vendía a la perfección esa guerra fría que por ironías de la historia, hacen progresar en una burbuja a la humanidad.

Entonces llegó Trump y mandó a parar.

Trump no es realmente el gobernante absolutode Estados Unidos, tampoco lo fue Obama o Bush. Sin embargo es necesario reconocer que el señor anaranjado sabe como hacer brillar los reflectores sobre sí. Quizá por su edad, o por cuestiones intelectuales, Trump no se ha comportado como se pone en el librito de los emperadores, más bien lo hace como un dictador inseguro y populista que depende de la polémica para mantenerse en el centro de la tormenta; algo así cómo una novela de RCTV o un programa casi sexual de Venevisión.

Si bien el gobernante que probablemente impulse a la humanidad a llegar a Marte demostró lo efectiva de esa característica, también nos asevera la sentencia de Arminio, "Un Emperador incompetente llevará a su Estado al abismo arrastrando todo lo que se le cruce. La sarta de estupideces que este energúmeno de televisión real ha dicho desde que tomó la toga y la corona de laureles, es incontable. Desde muros hasta invasiones, pero especialmente sanciones unilaterales justificadas en la moral imperial. En menos de un año, éste proyecto inconcluso de Atila ha sembrado el mundo disidente de sanciones para asfixiar la economía de los Estados enemigos.

Corea del Norte es un pequeño y orgulloso país, lleno de genios, con gente hermosa de costumbres hermosas. Con un régimen juche (su versión del socialismo) con una especie de dinastía monárquica, un ejército similar a un tigre de papel, y algunas hambrunas en su haber. Entender las sanciones de Trump contra ese país es cómo entender el origen del tiempo. Es como si se tratara de un niño malcriado que agita el avispero solo por hacer algo.

¿Respuesta? Dos ensayos nucleares muy alarmantes por parte del país asiático. Más allá de las simpatías políticas que se puedan tener, antes que superhombre, se es hombre, imaginarse un misil balístico volando sobre tu cabeza, es aterrador, y si este es atómico, será poco lo que se pueda pensar racionalmente.Ponerse en el lugar de los habitantes de Hokkaiado en el Japón, isla sobre la cual pasó un misil balístico, es imposible. Ponerse en los zapatos de un pueblo asediado por más de cincuenta años, que entiende que la única forma de mantener su modo de vida es con una lanza anatómica, y que realmente cree en eso de patria socialista o muerte, es igualmente complicado.

Durante la crisis de los misiles, Fidel Castro realmente estaba dispuesto a afrontar una guerra atómica. Hay que ser extremadamente valiente para poder afrontar algo así. Tal vez nos mantengamos en esta guerra fría, tal vez todo siga igual, es lo más probable. No parece ser posible una escalada armada en el último rincón del mundo que acabe por estropearle. Al final todo puede quedar en gritos de un soberbio casi senil, y las desesperadas acciones de un joven hombre con más presión sobre los hombros de la que cualquier ser humano debería pensar. Pero, por primera vez desdé que entendemos el poco discernimiento con el que se mueve el mundo, rogamos para que un emperador incompetente no nos lleve al abismo.



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Fex López Álvarez


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